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domingo, 21 de marzo de 2021

OSTARA, EL DESPERTAR A LA VIDA


Ostara, el despertar a la vida

El renacer de la vida, que comenzó a despertar en Imbolc (entre el 31 de enero y el 2 de febrero) ya está aquí.

Esas semillas alojadas en el útero de la Madre Tierra han sentido el llamado del despertar a una nueva vida. Semillas que fueron parte de un fruto, ahora tienen la oportunidad de convertirse en el propio árbol, de prolongar de algún modo la vida de sus antepasados y a la vez crear una nueva existencia. Esas semillas que comenzaron a moverse en mitad del invierno, cuando la tierra dejó de estar helada para vivir también su proceso de transformación, han conseguido eclosionar. Sus tallos crecen con sabiduría ancestral en busca de la luz del Sol, a la vez que sus raíces profundizan aún más la tierra en búsqueda de la oscuridad, donde todo se gesta. Todo esto ocurrió sin que nos diéramos a penas cuenta, hasta que de repente, el gélido ambiente invernal, el fuerte viento, la nieve y el hielo, la escasez de alimentos fueron transformándose gracias al calor del sol.

Con el equinoccio de primavera, los campos se llenan de flores de todos los colores, y los árboles de hojas caducas se cubren de nuevos brotes que los visten de colores verdes de distintos tonos y matices llenándolos de hojas nuevas, recién nacidas.

A la vez que tiene lugar el maravilloso espectáculo del despertar a la vida de la Naturaleza, los animales también despiertan de su letargo y dejan atrás el sueño del invierno para llenarse de actividad y redescubrir la nueva vida. Los bosques y campos se llenan de nuevas camadas, pequeñas patitas preparadas para recorrerlos asombradas y maravilladas por la riqueza y el encanto de su nuevo hogar. Vuelven las aves que habían emigrado hacia el sur, en busca de climas más cálidos, y con ellas también vuelve algo que desde tiempos inmemoriales ha sido considerado mágico, amén del principio de la vida, los huevos. En los árboles, poblados de nuevas hojas, se entretienen los pajarillos construyendo sus nidos para depositar allí los huevitos donde los polluelos esperan para terminar de gestarse.

Y el cielo se llena de trinos y cantos que se asemejan a los celestiales.

¿Y qué ocurre con nosotros, los humanos? Pues que también nos renovamos, la primavera nos da la oportunidad de comenzar de nuevo, de materializar proyectos y de crear una vida nueva. Es una buena oportunidad para cambiar el rumbo si así lo sentimos.

La luz nos da vida, los días comenzaron a crecer el 13 de diciembre, el día de Santa Lucía, que como reza el refranero popular español: “Acorta las noches y alarga los días”. Sin embargo, no es solo que aumenten las horas de luz, es el sutil cambio que se produce en la tonalidad de la luz, es el color que adquiere esa luz, es ese Sol que empieza a calentar la Tierra, a derretir la nieve para volverla a su estado líquido, esa agua que comienza a circular formando cantarinos riachuelos que tanta falta hacen para humedecer la tierra y que el ciclo de la vida siga su curso.

En los equinoccios las horas de sol y de oscuridad se equilibran. Son los dos únicos momentos del año en el que el día tiene la misma duración que la noche.

Los equinoccios son fechas señaladas en las que es conveniente hacer limpiezas. Como hemos dicho tantas veces, cuando organizamos y limpiamos nuestro hogar, todo se acomoda también dentro de nosotros como por arte de magia. Es un buen momento para hacer limpiezas, no solo físicas, sino también energéticas. Invertir un tiempo en echar un vistazo a los armarios, a la ropa, a los objetos que guardamos, a los armarios del baño, la cocina, las estanterías cargadas de libros… ponerlo todo en orden, limpiar y deshacernos de todo aquello con lo que ya no vibramos, que ya no está en condiciones de ser usado o que ya no nos gusta como queda en casa, nos ayudará a crear espacios vacíos, a liberar energías estancadas y hacer hueco para que pueda entrar lo nuevo.

Cuando descartamos algo que ya no queremos seguir teniendo con nosotros, debemos hacer un ritual de despedida y agradecimiento por el tiempo que nos acompañó. No es necesario tirarlo, si está en buen estado, podemos donarlo a otra persona, que al recibirlo deberá hacerle una limpieza energética y darle la bienvenida a su nuevo hogar. Al igual que cuando adquirimos algo nuevo o nos lo regalan, deberíamos limpiar su energía y darle la bienvenida a nuestro hogar. Así, permitimos que la vida fluya, que las energías fluyan y se equilibren a la perfección. Cuando adquirimos plantas nuevas, tenemos que darles la bienvenida a casa, decirles que van a estar bien cuidadas y darles un tiempo para que se acostumbren a la nueva energía que encontrarán junto a nosotros.

Cuando todo esté en orden y sintamos que cada cosa queda perfecta donde la hemos dejado, podemos hacer una limpieza energética. Para hacer las limpiezas energéticas de nuestro hogar, es bueno abrir las ventanas primero. Elegimos un sahumerio que sea de nuestro agrado, preferiblemente de salvia, romero, laurel, que podemos haber hecho nosotros mismos haciendo un atadillo de hierbas. Comenzaremos desde la puerta de entrada de la casa, prendemos el sahumerio y empezando por nuestra derecha, vamos pasando el sahumo por toda la casa, prestando especial atención a los rincones, pues allí suele acumularse la energía que queremos limpiar, vamos entrando en cada estancia y, desde nuestra derecha, vamos pasando el sahumo hasta recorrer la habitación y volver a salir por la puerta hacia la siguiente. Cuando hayamos hecho el recorrido de toda la casa, nos encontraremos de nuevo en la puerta de casa, pero en el lado contrario al que comenzamos. Durante el recorrido podéis recitar algún mantra o frase que ya uséis. Una muy típica, sobre todo si sahumáis con romero es:”romero, romero, que salga lo malo y entre lo bueno”.

Cuando ordenamos y hacemos estas limpiezas, ayudamos inconscientemente a que también nuestros pensamientos se ordenen, descartamos ideas y proyectos antiguos para dar la bienvenida a los nuevos. Y si queremos recuperar algún viejo sueño o proyecto, seguramente sabremos ver otras nuevas maneras de hacerlos florecer.

Para los celtas y otros pueblos antiguos del Norte de Europa, la rueda del año vuelve a girar para celebrar Ostara, uno de los sabbats menores, que conmemora el equinoccio de primavera, era una celebración diurna, en la que se daba la bienvenida a la luz que volvía para reinar de nuevo sobre la parte oscura del año dando lugar al final del invierno. La Diosa despierta de su sueño invernal y cubre la Tierra con su fertilidad recuperando su aspecto de doncella.

El término Ostara es relativamente nuevo, pero no lo es la festividad de la primavera a la que da nombre. Alban Eilir es el nombre druídico que daban a esta festividad. Ostara o Eostre era también el nombre que recibía la Diosa que era venerada en primavera como diosa del amanecer, es la diosa del despertar del ciclo germinativo y de la floración de las plantas, de la fertilidad, del renacer, del retorno de la luz. Se dice que la diosa Eostre iba acompañada de una liebre, animal conocido por su gran capacidad reproductiva, por eso se asocia a este momento del año donde prima la fertilidad y el inicio de la vida. Esta diosa daba nombre al mes anglosajón de Eostremonath, que correspondía al mes de abril.

Símbolos de Ostara:


Los huevos de Pascua

Para muchas civilizaciones antiguas, el huevo era utilizado como símbolo del Sol y del renacimiento de la vida, además de ser un alimento altamente nutritivo e ideal para recuperarse del duro invierno y reponer energías para volver a emprender las labores en el campo. El huevo es una célula llena de vida asociada a la primavera, al renacer e incluso a la resurrección, ya los antiguos egipcios tenían por costumbre ponerlos en sus tumbas.

 La vuelta de las aves al norte de Europa tras el duro invierno, traía también estos huevos, a la vez que las gallinas recuperaban su ciclo y aumentaban su producción, por tanto, los huevos para los antiguos pueblos europeos se convirtieron en el alimento estrella que les ayudaba a recuperar las fuerzas mientras esperaban a que las primeras cosechas dieran su fruto.

Se dice que los celtas tenían la costumbre de teñir los huevos de rojo para simbolizar el ciclo menstrual, también se dice que solían enterrar huevos junto a algunas plantas para que estas crecieran antes y que probablemente este es el motivo por el que en la actualidad muchos países de Europa e incluso en América y Canadá se ha seguido con esta tradición y es habitual en Pascua que los niños decoren huevos y éstos se escondan por los jardines para después buscarlos y recolectarlos en una cesta de mimbre.

Los huevos tenían también para estos pueblos antiguos una simbología mágica, quizá porque paliaban los efectos de la escasez del invierno y eran un gran regalo que se hacían sus gentes.

 

La liebre y el conejo

Como hemos comentado, la diosa Eoste iba acompañada de una liebre, que eran numerosas y conocidas en el Norte de Europa. Tanto la liebre como el conejo son conocidos por ser muy prolíficos, por tanto, no es de extrañar que simbolicen la fertilidad y la prolongación de la vida. Es por ello que se les reconoce como símbolos de la fertilidad y el renacer de la primavera. A demás se las consideraba mágicas.

           El Fuego Nuevo.

Al parecer existía la costumbre en las culturas antiguas de encender una hoguera que simbolizaba el “fuego nuevo” como símbolo de renovación, de vida y de luz. Esta, al contrario que otros fuegos de otras festividades era una hoguera diurna, en honor a esa vuelta a la vida ya  la luz. Esa regeneración del ciclo vegetativo que mostraba una vez más lo que para ellos formaba parte de su cultura y creencias, que la muerte y la vida eran parte del mismo ciclo y que había que morir para poder renacer de nuevo a la vida.

 


La leyenda del huevo y la liebre

Investigando un poquito para escribir este artículo me he encontrado con una leyenda muy bonita sobre el origen del huevo y la liebre que quiero compartir con vosotros. Es del blog de acovadameiga.com.


 “Huevos de los Deseos de Ostara”

 Cuenta la leyenda que la Diosa Madre convocó a todos los animales del bosque para celebrar el final del invierno. Todos quisieron obsequiarla con los mejores regalos, pero la liebre era muy pobre. Buscó y buscó en su madriguera pero lo único que tenía era un huevo. Lo cogió con cuidado, lo vació para preparar un postre que ofrecer a su Diosa. Luego, con todo su cariño lo decoró con los colores de la primavera, llenó su interior de tierra fértil y sembró unas semillas de amaranto.

El día de la fiesta, todos los animales le ofrecieron a la Diosa Madre piedras preciosas, nidos confeccionados con hilos de plata de los telares de las hadas. Sin embargo Hade, que así se llamaba la liebre, se acercó con humildad sujetando en sus patitas su presente de colores brillantes con una flor en su interior.

La Diosa cogió el huevo entre sus manos y sonrió. Su sonrisa iluminó el cielo y cubrió el bosque de colores vivos.

¡La primavera había llegado!

Desde entonces la liebre es su animal favorito y está bendecida con el don de la fertilidad y el huevo de Ostara se convirtió en el símbolo de la prosperidad y el renacimiento. 

 

 

Cómo celebrar Ostara

Ostara nos ofrece un tiempo muy íntimo para conectar con la Tierra y a la vez con nosotros mismos. Es un buen momento para meditar en contacto directo con la Tierra y agradecer por este despertar a la vida y a los nuevos proyectos. También es momento de centrarnos en nosotros mismos y en nuestro propio crecimiento. Saber qué queremos y elaborar nuestras propias estrategias para conseguirlo. Pasar tiempo con nosotros mismos, nos ayuda a centrarnos y si esos momentos pueden ser en la naturaleza, mucho mejor.

Como siempre recomiendo en cada sabbat, porque así lo siento, es pasear por la naturaleza, observar los cambios que se van produciendo a nuestro alrededor. Es muy enriquecedor visitar el mismo lugar en las distintas estaciones para comprender mejor los ciclos de la naturaleza y sus cambios, para poder sincronizarnos con ellos y aceptar de manera más natural esos cambios que se produce con el paso de las estaciones y que también nos afectan a los humanos. Cuanto mejor sepamos aceptar estos cambios e incluirlos en nuestras vidas, antes sentiremos esa comunión con la naturaleza y sus ciclos y viviremos más conectados con ella y ligados a la Madre Tierra.

En este momento en el que la vitalidad vuelve a nosotros, también lo hace a nuestras plantas y es tiempo de dar nueva vida también a nuestras plantas, revisar nuestro jardín, nuestra macetitas, limpiarlas, cuidarlas y nutrirlas e incluso plantar nuevas semillas y que podamos ser testigos directos de ese renacer a la vida, de ese crecimiento, en primera persona.

Para aquellas personas que tengan un altar en casa, la llegada de la primavera nos anuncia que también ha llegado el momento de renovar el altar, de limpiarlo y darle nueva vida con una decoración distinta que esté más acorde con ese cambio de en los matices de la luz, con más color y quizá con símbolos primaverales que nos hagan sentir bien, a mí particularmente me gusta poner flores frescas recogidas del campo. Sin olvidarnos de bendecirlo y agradecer por las infinitas posibilidades que nos ofrece la vida y seguir vivos.

Podemos hacer algún ritual de protección, algún hechizo brujil para celebrar este tiempo que simboliza el final del invierno y la vuelta a la luz, a la calidez del Sol, al renacer, a la resurrección, a la explosión de color de esa nuevas flores que tapizan los campos con sus variopintos colores y sus almizcleños aromas. Nuestros cuerpos se renuevan, se llenan de vitalidad y energía indicándonos que es momento de celebrar la vida.

Para mí todas las celebraciones de las de la Rueda del Año Celta van acompañadas de velas, son un símbolo imprescindible, tal vez porque me gustan las velas, me aportan paz, serenidad, luz, claridad mental,… En los últimos años las fabrico yo misma. Hago mis velas con cera de soja, que personalizo con flores, cristales, aceites esenciales… y ritualizo poniéndoles una energía determinada dependiendo de para qué sean y también hago velas de miel con cera de abeja, que suelo utilizar los 11 y 22 de cada mes a modo de agradecimiento por todas las bendiciones que hay en mi vida y que llegan a ella continuamente.

 


Hay muchas actividades que podemos hacer con huevos, sobre todo si tenemos niños en casa.

* Se pueden hervir y decorar de forma personalizada al estilo tradicional.

* Se puede vaciar haciendo pequeños agujeros en la parte superior e inferior y rellenarlo con plantas mágicas y papelitos donde hayamos escrito nuestras intenciones o peticiones. Después podemos decorar el huevo con runas, símbolos mágicos y colores que sean relevantes para nosotros. Ponemos en el huevo todas intenciones y visualizamos que todas ellas están en camino de convertirse en realidad llegado su momento. Entonces, tras el ritual, enterramos el huevo para dejar que esas intenciones se nutran y crezcan.

* Se puede hacer un semillero con las cáscaras de los huevos, para ello, vaciamos los huevos con cuidado, podemos escribir una petición en la cáscara o bien en un papelito que pondremos en su interior. Se llena de tierra fértil y se siembra amaranto o cualquier otra semillita que sintamos y deseemos ver crecer. Después se cuida de esa semilla, del mismo modo que se cuidan los sueños, con amor, con cariño, con dedicación, con palabras y gestos bonitos, con buenos sentimientos, con unas gotitas de magia cada día. Y veremos como esas semillitas crecerán día a día.

* Otra idea es hacer huevos de chocolate para compartir en familia. Mucho mejor que comprarlos, pues el tiempo que compartimos haciendo actividades juntos es lo más valioso que existe.

* Se pueden vaciar abriéndolos por arriba y hacer velas, bien utilizando la cáscara de molde para quitarla después, o utilizando la cáscara como recipiente para la vela. Podemos colorear la cera y también decorar la cáscara si decidimos dejar la cera en ella.

La fecha de la celebración suele coincidir con el equinoccio de primavera, entre el 20 y el 23 de abril en el hemisferio norte y el 20 y 23 de septiembre en el hemisferio sur.

Celebréis lo que decidáis celebrar, divertíos mucho y disfrutar de ello.

¡Feliz Renacer!

©Paqui Sánchez

 

 ©Paqui Sánchez


domingo, 3 de mayo de 2020

EL CALENDARIO CELTA. CALENDARIO DE COLIGNY.

Rueda del año celta con los 8 sabbats
El calendario celta
Calendario de Coligny

El pueblo celta se extendió prácticamente por toda Europa, por lo que es de suponer que presumiblemente no todos los pueblos celtas siguieran el mismo calendario. Debido a que esta cultura, aunque e vías de recuperación desde los últimos 30 o 40 años, se fue perdiendo con el paso del tiempo y no se conservan calendarios por los que podamos saber con certeza cómo era su manera de medir el tiempo. Sin embargo, gracias al hallazgo de algunas piezas de bronce en Coligny y otros pocos fragmentos de otro calendario encontrado en Villards d’Heriad, se pudo reconstruir bastante fielmente el calendario celta continental usado por los galos. Aun así, quedan todavía muchas incógnitas por descubrir que se cubren con hipótesis y suposiciones.

De hecho, se dice que en un primer lugar el calendario celta fue un calendario únicamente lunar, ya que la luna era lo más importante para ellos y que por la influencia de otros calendarios solares, como el juliano, decidieron optar por un calendario luni-solar intentando conciliar los ciclos lunares con el año solar.

      El calendario de Coligny, fue encontrado en 1897 en la población que lleva su nombre, cerca de Lyon, en Francia por un agricultor llamado Alphonse Roux mientras trabajaba. A treinta centímetros por debajo de la tierra y en una bolsa cuyas fibras se habían ido desintegrando con el paso del tiempo, Roux halló 550 fragmentos de bronce. Tras su estudio se descubrió que unas 400 piezas correspondían a una escultura galorromana datada de finales del siglo I a.C. y las otras a un calendario incompleto al que le faltaban más de la mitad de las piezas. De las 149 piezas encontradas, tan solo 127 contenían inscripciones correspondiendo su datación a la misma de la escultura.

Imagen de un fragmento del calendario de Coligny

          El calendario fue reconstruido por Dissard sobre una tabla. Organizó 16 columnas de 8 bloques que representaban 62 meses en total, cada día tiene un agujero al lado, donde se ponía un alfiler para indicar la fecha, al igual que se hacía con los calendarios encontrados en Roma. Tanto las letras como los números aparecen escritos en caracteres latinos, pero el idioma del calendario es galo con más de 2.000 palabras y unas 130 líneas por columna. Estos datos nos desvelan un poco de información sobre la que trabajar ya que esos 62 meses corresponderían a un lustro y con 6 lustros tenemos un siglo celta de 30 años, que sería igual a unos 365,2 días por año.

Este hallazgo ha sido reconocido como una fuente epigráfica crucial para el estudio y conocimiento de la antigüedad celta, proporcionando información sobre la concepción del tiempo, los conocimientos astronómicos y la tradición druídica de los celtas. Sin embargo, hay otras hipótesis que sostienen que se trataría de un calendario de uso público, similares a los que usaban los griegos y los romanos.

División del tiempo de los pueblos celtas, la rueda del año

La división del tiempo para los celtas

La filosofía de vida celta se centraba en los ciclos de la naturaleza. Para ellos todo comenzaba en la oscuridad, en la profundidad de la madre tierra se enterraban las semillas que reposarían allí durante meses hasta que esas semillas eclosionaban y comenzaban su crecimiento externo abriéndose paso por la tierra hasta encontrar la luz, que las nutría y las hacía crecer. Lo mismo ocurría con la semilla que una vez depositada en el vientre de la madre crecía hasta eclosionar y dar lugar a una nueva vida. Para ellos todo se explica como un constante ciclo de crecimiento-plenitud-decadencia-reposo, tal cual les mostraba la naturaleza a la cual estaban tan ligados, ya que tanto la naturaleza como los ciclos agrícolas marcaban los ritmos de su forma de vida.

Por tanto, todo comienza desde la más profunda y solitaria oscuridad. Desde esa fase oscura es desde donde se gesta la vida, el ciclo natural de la vida se va desarrollando hasta alcanzar la plenitud en su momento más luminoso, cuando ha llegado ese momento cúlmine, se inicia ese otro ciclo de decrecimiento y se vuelve paulatinamente hacia esa fase de descanso y oscuridad. 

Así se entendía todo, así comprendían los ciclos lunares, así comprendían el ciclo solar, así comprendían los ciclos de la tierra y la naturaleza, así comprendían la concepción de la vida y la necesidad de morir para volver a renacer y renovar el ciclo.

Es por todo ello que para el pueblo celta la etapa oscura marcaba el inicio de cada ciclo. 

Vamos a ver cuáles era las unidades de tiempo para los celtas.

1.    El día
La unidad básica del calendario es el día, el día tenía 24 horas como en la actualidad, pero con la peculiaridad de que comenzaba y acababa con la puesta de sol. En este aspecto es diferente a nosotros que empezamos y terminamos el día a las 12 de la noche independientemente de en qué estación nos encontremos y las horas de sol que tengamos. Por eso para los celtas la duración del día era mucho más variable. El día comenzaba con la mitad oscura y después se iba abriendo al amanecer hacia su mitad iluminada. 

Esta es la razón por la cual los celtas comenzaban siempre sus celebraciones con la puesta de sol, porque era cuando el día terminaba para dar comienzo al nuevo día.

2.   La quincena
Los meses tenían 2 quincenas, la primera de ellas tenía 15 días y la segunda 14 o 15 dependiendo de si el mes era de 29 o 30 días.

El punto en el que comenzaba la segunda quincena era llamado Atenoux, que significa “luna renovada”.

3. Los meses
Los meses se medían por ciclos lunares, cada ciclo lunar era un mes diferente. Por tanto los meses empezaban siempre con la misma fase lunar. Se cree que comenzarían con la fase de luna nueva hacia creciente hasta alcanzar su plenitud e iniciar el ciclo de descenso hasta llegar a la nada. Pensamiento muy acorde con la filosofía celta que aplicaban a todas las cosas, pero también hay otras teorías que apuntan a que el inicio se haría con la luna llena, no hay pruebas tangibles que nos arrojen una verdadera certeza sobre ello.

Lo que sí podemos afirmar con certeza es que los ciclos de los meses lunares estaban entre 29 y 29,5 días, por tanto a unos les daban 29 días y a otros 30. Para designar los meses, los celtas tenían dos palabras, decían que eran meses Matos (afortunados) aquellos que tenían 30 días y denominaban meses Anmatos (desafortunados) a los ciclos de 29 días.

Los celtas tenían 12 meses fijos y 2 meses extras que no se daban todos los años. 

El año celta empezaba con su mitad oscura, poco después del equinoccio de otoño, en la festividad de Samhain. Por tanto, el primer mes del año era el mes de Samonios 40 días después del equinoccio de otoño, a los que sucedían: Dumannosios, Rivros, Anagantios, Ogronios, Cutios, Gianmonios, Simivisonnios, Equos, Elembivios, Edrinios y Cantlos.

Meses extras

1.        Mid.., de este mes no se conserva todo el nombre, solo se sabe que comenzaba por Mid... y se colocaba antes de Samonios, como último mes del año.

2.      Ciallos Bis Sonnocingos, se colocaba antes de Giamonnos.

          ¿Cómo explicamos la existencia de estos dos meses extra que no se dan todos los años?

          Conciliar el calendario lunar con el calendario solar para conseguir un calendario luni-solar no es tarea fácil dado que el ciclo lunar y el solar no tienen la misma duración. Por tanto estos dos meses extras aparecen para compensar ese desfase que se crea al intentar aunar estos dos calendarios y ajustar sus festividades al calendario.

          Tracemos ahora unos cuantos números para poder verlo gráficamente.

Año solar: 365 días más un cuarto.
Mes lunar: 29,5 días de media x 12= 354 días
Desfase entre ambos = 11días

1º Año = desfase de 11 días. No hacían nada.
2º Año = desfase de 22 días. No hacían nada.
3º Año = desfase de 33 días. Añadían un mes más.

     Cada dos años y medio aproximadamente y comenzando por “Mid…” incluían uno de estos meses extra, se cree que de forma alternada y así quedaba un descuadre de solo 3 días. Así todas las fiestas quedaban más o menos cuadradas en el lugar que les correspondía. 

Por tanto este es el motivo por el que algunos años tenían 12 meses y otros 13. Añadiendo estos dos meses extra, el ciclo lunar y el solar quedaba bastante compensado, aunque nunca al 100%, el ciclo se cuadraba completamente cada 30 años como ya anticipamos al principio del artículo. Es por ello que se dice que cada 30 años los celtas completaban un siglo celta.

Rueda del año con las fases lunares y los planetas


Así nos quedaría el calendario

* Mid… (empezando por él, sería el mes extra que se repetiría cada 5 años)
1.     Samonios, significa tinieblas. Tiene lugar entre finales de octubre, principios de noviembre.
2.    Dumannosios, significa brumoso u oscuro. Noviembre/diciembre. Camino del invierno.
3.     Rivros, significa escarcha. Diciembre/enero.
4.    Anagantios, tiempo de estar en casa. Enero/febrero.
5.    Ogronios, mes frio o frescor. Febrero/marzo.
6.     Cutios, significa lluvia y viento, para nosotros coincide con el principio de la primavera. Marzo/abril.
* Ciallos Bis Sonnocingos (mes extra que se repetiría cada 5 años)
7.    Gianmonios, significa fin del invierno. Acababa la parte oscura del año para dar inicio a la parte clara. Se celebraba la mágica fiesta de Beltane. Abril/mayo.
8.    Simivisonnios, significa mes brillante. Mayo/junio. Marcaba la mitad de la primavera.
9.    Equos, significa caballo y simbolizaba que ya se podía salir por los campos. Junio/julio.
10.  Elembivios, significa venado o ciervo, celebraba el verano con la fiesta de Lugnasadh. Julio/agosto.
11.   Edrinios, significa fuego o tiempo caluroso. Agosto/septiembre.
12.  Cantlos, tiempo de cantar, se recogían las cosechas y la gente cantaba en el campo mientras trabajaba. Septiembre/octubre.

4. El año
Siguiendo esta misma filosofía, el año también se dividía en dos mitades, la mitad oscura y por ende el inicio del año celta tenía lugar justo en el punto medio entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, exactamente en la luna llena intermedia más próxima a ese punto medio. Su duración era de 6 meses y comprendía aproximadamente desde Samhain (entre finales de octubre y principios de noviembre) hasta Beltane (entre finales de abril y principios de mayo), que era cuando daba comienzo la etapa clara o de luz del año (los siguientes 6 meses). 

Las festividades solares celtas o sabbats eran festividades que principalmente honraban los sagrados ciclos de la naturaleza ligado a la siembra y la cosecha indicando así el paso de las estaciones, a la Madre Tierra y al culto de sus Dioses y Diosas. Llegados a este punto debemos aclarar que el término “sabbat” no era utilizado por los pueblos celtas para definir sus fiestas, es un término acuñado de forma más reciente para referirse a esas 8  festividades más importantes o más conocidas.

Las festividades solares se dividían en sabbats mayores y menores. Los sabbats mayores coincidían con los puntos medios entre los equinoccios y los solsticios (Samhain, Imbolc, Beltane y Lughnasahd o Lammas). Era el momento en el que la naturaleza de cada estación está al máximo de energía. * Al estar contemplado en el calendario de Coligny, este apartado está más desarrollando en el punto siguiente.

Los sabbats menores coincidían con nuestras estaciones actuales:

* Equinoccio, momento en el que el día y la noche tienen la misma duración (otoño y la primavera).

* Solsticio, momento en el que el día y la noche tiene duración diferente. En verano se da el día más largo y la noche más corta, (es decir hay más horas de sol) y en invierno por el contrario, el día más corto y la noche más larga (hay menos horas de sol).

Estas serían las fiestas correspondientes con los sabbats menores:

Solsticio de invierno – Yule (Navidad celebrada por los cristianos cuyo origen es celta).

Equinoccio de primavera – Ostara (Pascua cristiana cuyo origen es celta).

Solsticio de verano – Litha (Festividad de la Noche de San Juan, cuyo origen es celta).

Equinoccio de otoño – Mabon. La Diosa llora a su consorte caído y cambia su aspecto de madre a anciana.

En cuanto a las festividades lunares conocidas como esbats, estaban relacionadas con la veneración y adoración de la Diosa. Se celebraban las lunas nuevas (novilunios) y las lunas llenas (plenilunios) como nacimiento y culminación para honrar a la Diosa y la sagrada energía femenina. Cada ciclo lunar, luna nueva, luna creciente, luna llena y luna menguante era idóneo, junto con la posición de los planetas, el día de la semana y el momento del día para la recolección y uso de las plantas de modo que esa recolección se produjera en el momento de máxima energía de la planta, ya fuera para utilizarla para sanación como para la preparación de pociones, hechizos, rituales o bolsitas de protección, etc.
Aprovecho este momento para explicar que Luna negra no es sinónimo de Luna nueva. La Luna negra o Luna oscura es la ausencia de luna en el cielo, es el momento en el que la luna se encuentra de espaldas al sol y no puede ser vista desde ningún ángulo en la Tierra, tiene lugar justo después de la luna menguante. La luna nueva es el inicio de la luz, por tanto es la fase en la que aparece el primer arco luminoso de luz tras la Luna negra.


Rueda del año con los sabbats y las estaciones


Fiestas contempladas en el calendario de Coligny.

Las fiestas celtas contempladas en el calendario de Coligny. Conocidas como los sabbats mayores y como ya hemos explicado para calcular el momento exacto de su celebración tenemos que hacerlo coincidir con la luna llena más próxima al punto intermedio entre los equinoccios y los solsticios y viceversa.

* Samhain: el día de luna llena del mes de Samonio. Hoy en día se celebra entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre. Los cristianos adoptaron esta fiesta como El día de todos los Santos.

* Imbolc: no se sabe la fecha con exactitud porque falta esta información del calendario de Coligny. Se honraba a la diosa Brigid. Hoy en día su celebración se hace coincidir con la Calendaría, entre el 1 y el 2 de febrero en el mes de Anagantios. Momento en el que además se aprovecha para hacer y bendecir todas las velas que vamos a usar durante el año.

* Beltane: se celebraba la luna llena del mes de Giamonios. Hoy en día lo celebramos entre el 30 de abril y el 1 de mayo. Los cristianos con la cruz de mayo y los paganos con el “Maypole” o palo de mayo.

* Lughnasadh: se celebraba en la luna llena del mes de Elembivios. Hoy en día el 1 de agosto y se conmemoraba la recogida de la primera cosecha.

 
Sabbats de celebraciones para el hemisferio sur
Sabbats hemisferio Sur
Sabbats mayores y menores para ambos hemisferios.


Hemisferio Norte
Fecha de celebración
Hemisferio Sur
Fecha de celebración
Samhain
31 oct./1 nov.
Beltane
31 oct./1 nov.
Yule
Solsticio de invierno (20/23 diciembre)
Litha
Solsticio de verano (20/23 diciembre)
Imbolc
1 al 2 febrero
Lughnasadh
1 al 2 febrero
Ostara
Equinoccio primavera (20/23 marzo)
Mabon
Equinoccio de otoño (20/23 marzo)
Beltane
30 abril/1 mayo
Shamain
30 abril/1 mayo
Litha
Solsticio de verano (20/23 junio)
Yule
Solsticio de invierno (20/23 junio)
Lughnasadh
1 y 2 agosto
Imbolc
 1 al 2 de agosto
Mabon
Equinoccio de otoño (20/23 septiembre)
Ostara
Equinoccio primavera (20/23 septiembre)

Imagen del Dios y la Diosa

Simbólicamente, el Dios nace en Yule el 21 de diciembre. Será un niño durante Imbolc celebrado el 1 de febrero, se convertirá en adolescente en Ostara para el 21 de marzo y finalmente será adulto en Beltane el 1 de mayo. Litha, durante el solsticio de verano se encontrará en el punto máximo de su poder, y durante Lughnasadh o Lammas protegerá las cosechas y los animales en los campos mientras se hace consciente de su mortalidad y el comienzo de su decadencia. En Mabon, durante el equinoccio de otoño se empezará a preparar para su muerte, que tendrá lugar en Samhain, el 31 octubre.

Y su Diosa, desde el sagrado femenino lo acompaña, dándolo a luz en Yule. Será niña durante Imbolc y se transformará en doncella en Ostara durante la primavera, en su luna creciente. En Beltane se unirá al Dios y quedará embarazada para alcanzar su plenitud durante el verano, en su luna llena, momento en el que alcanzará el arquetipo de madre. En Mabon llorará a su consorte caído a la vez que se alegrará por estar gestando su semilla, entrará en su luna menguante, en su otoño de chamana y hechicera para alcanzar Yule convertida en anciana, en el invierno de su luna nueva, caminando hacia su interior y su renacer.

Como vemos todo son etapas ligadas a los ciclos sagrados y naturales de la Madre Tierra y la naturaleza.

En el blog tenéis enlaces a todos los sabbats, los podéis consultar si queréis ampliar la información y vuestros conocimientos clicando directamente sobre el nombre del sabbat en el penúltimo párrafo de este artículo. 

©Paqui Sánchez

Fragmentos encontrados del calendario de Coligny
 ©Paqui Sánchez

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