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Somos puentes de Luz que unen la Tierra con el Cielo

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jueves, 9 de enero de 2020

EL FRASCO DE LA FELICIDAD


Tarro o frasco de la felicidad donde guardaremos mensajes de agradecimiento

El Frasco de la Felicidad


¿Habéis oído hablar alguna vez del "Tarro o Frasco de la Felicidad"?

Hace tiempo hice una publicación en Facebook contándoos sobre él, pero como este año uno de mis propósitos es vivir lo máximo posible desde mi interior y sacar cada día esa felicidad interna que se encuentra dentro de mí, me he acordado de nuevo de este tarro y estoy pensando en hacer uno para recoger los mejores momentos de este año que están por llegar. Creo que aunque quiera centrarme en mí y vivir desde dentro intentando que los agentes externos a mí me afecten lo menos posible, habrá días que seguramente me vendrá muy bien revivir alguno de esos buenos momentos. Evidentemente sería una utopía pensar que no va a haber “malos” momentos, sin ellos no habría aprendizaje ni evolución. Eso sí, vamos a ver si somos capaces de dejar el sufrimiento a un lado y vivir disfrutando la vida.

Somos lo que somos y no podemos cambiar las características de nuestra personalidad. Por eso para poder ayudarnos a nosotros mismos, es muy importante trabajar en nuestro propio autoconocimiento, para ello hemos de dedicarnos tiempo, estar con nosotros mismos, observarnos, aprender a escuchar nuestro cuerpo, nuestros ruidos y nuestros silencios. Saber qué nos gusta, qué es lo que queremos y lo que no, qué nos entusiasma, qué nos hace vibrar alto y qué nos quita la energía para dejar de hacerlo y poner nuestra atención en otra cosa que sume en lugar de restar.

Algunos aspectos negativos de mi personalidad, sobre todo cuando no estoy en equilibrio, es que me auto castigo mucho al centrarme en las cosas negativas que “hay” en mi vida y que me impiden ver todo lo positivo que existe en ella. Sí, soy de esas perfeccionistas que ante un suelo (por poner un ejemplo) perfectamente limpio y abrillantado encuentra esa pequeña mota de polvo que se escapó, o incluso se posó después y se centra en ella hasta que llega un momento en el que solo ve la mota de polvo y no es capaz de darse cuenta que el suelo está más limpio que nunca y que ella no es responsable de que esa mota de polvo llegara ahí. Sin embargo, es fácil entrar en la culpa y en darle vueltas y vueltas al asunto durante más tiempo del necesario. 

Cuando el dolor que pueda ocasionarnos un aprendizaje concreto se convierte en sufrimiento y entramos en un círculo vicioso de autocompasión del que no sabemos cómo salir, se hace necesario replantearnos nuestra vida y hacer algo diferente que no hemos hecho hasta ese momento para encontrar una solución. Tenemos que empezar a darnos, a ponernos en primer lugar y a amarnos sobre todas las cosas, pues cuanto más alta esté nuestra energía, más difícil será caer en la autocompasión y el desmerecimiento. Convertirnos en víctimas y dar lástima, nunca es la solución, elevarnos y ser capaces de ver más allá, sí lo es.

No es sencillo manejar mi eneatipo  y mantenerlo a ralla es un reto diario que requiere de gran parte de mi energía. Pero no pasa nada, cuando necesito tiempo para mí, intento darme el máximo posible hasta conseguir equilibrarme de nuevo.

          Por todo ello, estoy pensando que quizá me vendría muy bien hacer mi propio “tarro de la felicidad”.

ES súper  sencillo crear tu frasco de la felicidad con cualquier tarro de cristal reciclado. Decóralo a tu gusto.


¿Qué es el tarro de la felicidad y cómo se hace?

        Es muy sencillo, elegimos un tarro de cristal de los que tengamos por casa, uno grande a ser posible, pues este año tiene 366 días y esos son muchos días para vivir experiencias bonitas que nos hagan sonreír y sentir felicidad.

          El tarro se puede personalizar y decorar del modo en el que cada cual sienta y los papelitos que necesitaremos para ir escribiendo en ellos y meterlos dentro del tarro pueden ser un papel cualquiera, o bien podemos hacer papelitos de colores y escribir en ellos lo que queremos dejar en ese tarrito. No es necesario escribir mucho habrá ocasiones que necesitemos tan solo una palabra para describir un momento sublime. Si pensamos que hemos de escribir mucho cada vez, seguramente dejaremos de hacerlo porque nos dará pereza, por tanto seremos breves y concisos en nuestros mensajes. Tampoco es necesario escribir cada día, si eso supone un gran esfuerzo podemos hacerlo solo un par de veces o tres por semana.
        
Escribe en papelitos mensajes que crearán recuerdos

         Es un ejercicio interesante porque cuando estemos escribiendo ese mensaje, estaremos focalizándonos en las cosas positivas, a la vez que estaremos cultivando la gratitud y los buenos hábitos. Nos sentiremos bien y nuestra energía estará elevada y cuando tengamos necesidad de leerlo nos pasará lo mismo y nuestra energía, si en esos momentos nos sentimos cansados y deprimidos, se elevará y además nos ayudará a mejorar nuestro estado de ánimo. Al centrarnos en las cosas positivas de nuestra vida estaremos quitando la atención y dando por tanto menos relevancia a aquello que nos es molesto o nos produce preocupaciones. ¡Todo el tiempo que consigamos estar en gratitud, se lo estaremos quitando a la queja!

 Es más, conforme vayan pasando las semanas y nuestro frasco se vaya llenando de mensajes, iremos tomando conciencia de lo maravillosa que es nuestra vida cuando nos centramos en todo lo positivo que hay en ella.

          Tomad nota: un tarro que os guste, algún bolígrafo y papelitos. Si tenéis vena artística y preferís enrollar los papelitos sobre sí mismos para hacer una especie de pergaminos, también necesitaréis lana o algún tipo de hilo o cuerda para atarlos y que no se desenrollen…

La idea es escribir en los trocitos de papel mensajes positivos sobre las cosas que te hayan ocurrido durante el día, o la anécdota más importante y que te ha hecho sentir felicidad. Una situación, un momento, una persona con la que te has encontrado, algo agradable que te haya pasado con tus mascotas, tus plantas, etc. Aquello que haya hecho de tu día algo mejor.

Es importante que sean momentos felices o en los que hayas sentido felicidad. O también puede ser un mensaje de gratitud por el logro de un sueño o algo que te haya ocurrido que te haya hecho sentir bien, que te haya hecho esbozar una sonrisa o reír a carcajadas. También sirven agradecimientos a los miembros de la familia, ya sea nuestra pareja o nuestros hijos por algo que hayan hecho por nosotros o simplemente mostrarles nuestra gratitud por la felicidad que nos aportan.

En teoría ese tarro con todos esos papelitos con todos esos mensajes que escribimos para nosotros mismos durante todo el año, lo abriríamos a final de año para leerlos y rememorar todos aquellos momentos felices. Sin embargo yo creo que sería una buena idea abrir algún que otro papelito en esos días que, bueno, que no nos sentimos demasiado bien, que sin saber por qué (o sabiéndolo) nos sentimos tristes, sin energía, sin ganas de nada… Así, ese tarrito se convertiría en una inyección de energía, que nos daría alegría y nos haría cambiar nuestro estado de ánimo hacia otro mejor.

Tarro de cristal con imagen de hada con luz, para armonizar la lectura de los mensajes


Hemos mencionado el término “felicidad”. La RAE nos da tres acepciones de la palabra felicidad: 

1. Estado de grata satisfacción espiritual y física.

2. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. “Mi familia es mi felicidad.”

3. Ausencia de inconvenientes o tropiezos. “Viajar con felicidad.”

Hay quien dice que la felicidad son “momentos” y la identifica con placer o situaciones que te hacen vivir en el gozo o la satisfacción momentánea. Yo también lo creía, cuando solo era capaz de ver la felicidad en el afuera, e identificarla en las situaciones externas que nos aportan esos momentos de “dicha”. Sin embargo, con el tiempo descubrí que esos “momentos” de felicidad eran eso, momentos que dependen de cosas externas a nosotros mismos. Me di cuenta que hay otro tipo de felicidad que es un estado del alma y que se puede conseguir aquí en la Tierra. Hablo de esa felicidad interna que te mantiene en un estado de equilibrio y no depende de lo que esté pasando fuera. No es una felicidad efímera que depende de lo externo y manipula nuestros sentimientos y nuestras emociones en función de nuestra capacidad de ser positivos o negativos ante las cosas que nos pasan, sino un estado de paz y serenidad en el que comprendemos que todo lo que nos ocurre tiene una razón de ser y que la paz interior de cada uno no puede estar al servicio de las cosas que ocurren en el exterior, sino de nosotros mismos. Esa es la felicidad que quiero encontrar en mi interior. Sé que no será fácil, y que tendré que vivir momentos de todos los colores, pero estoy empecinada en vivir desde mi interior y desde ese estado de paz que provenga de esa “felicidad interna”.

Es un poco distinto el concepto de esa felicidad interna al de la felicidad que encontramos en las cosas del día a día, en esos momentos que nos suben el ánimo y nos hacen estar bien, pero que podemos boicotear fácilmente y perderlos con rapidez. No sé si llegáis a comprender bien el concepto de esta felicidad interna, no encuentro el modo de explicarlo mejor. Quizá se trate de un estado de consciencia en el que dejamos la lucha y abogamos por estar serenos y en paz. Eso no quiere decir que dejemos que la sociedad o cualquiera abuse de nosotros, pero siempre hay alternativas al enfrentamiento y soluciones que quizá no somos capaces de ver a primera vista, pero que desde la calma van apareciendo. Porque quizá la cuestión ya no es cómo me trata el otro (esa es su historia y su problema), sino cómo actúo yo cuando el otro me trata mal. Si decido no ponerme a su altura y entrar en un combate de egos y me mantengo lo más serena posible, podré irme con dignidad y después tomar decisiones al respecto para defender aquello que yo crea que es justo.

Os animo además a instar a vuestros familiares que también lo hagan.

Mi deseo: ¡Ojalá y el tarro se os quede pequeño de tanta felicidad y tengáis que buscar varios más!

P.D. Después de escribir el artículo, cuando me he puesto a buscar imágenes para acompañarlo he llegado a un blog en el que he encontrado que esta técnica es una técnica de educación emocional ideada por la escritora y filósofa española Elsa Punset para formar niños optimistas. Según la información de este blog, cito textualmente, “se trata de un sencillo proyecto familiar que consiste en "recolectar" los pensamientos positivos de cada miembro de la familia a lo largo del día.”

Si tenéis niños o nietos y así lo deseáis, lo podéis convertir en un proyecto de familia, seguro que es muy educativo y divertido.

©Paqui Sánchez

Tarrlo de la felicidad con post its de colores para escribir los mensajes
©Paqui Sánchez

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martes, 31 de diciembre de 2019

CERRANDO CICLOS


 Cerrando ciclos

Ahora ya sí que nos quedan horas para que el calendario gregoriano llegue a su fin y la rueda del tiempo gire de nuevo para poner punto y final a este 2019, que a la vez nos traerá el nacimiento del año nuevo. Una vez más podemos ver que es necesario morir a lo viejo para volver a nacer a las nuevas experiencias que nos están esperando. La pregunta es, ¿estás lista para dejar atrás lo que ya no necesitas, cerrar puertas y ventanas que ya cumplieron con su misión y te ofrecieron oportunidades y paisajes para disfrutar? ¿Estás lista para agradecer por todo lo que fue y lo que no fue y seguir adelante confiando en que se abrirán nuevos caminos por los que transitar? ¿O te empeñas en reabrir esas puertas y ventanas y en no permitirles que se queden atrás?

¿Has integrado el aprendizaje que te trajeron las experiencias y vivencias de este año que está por terminar? Porque si has integrado el aprendizaje de lo vivido, en lugar de repetir experiencias, estarás preparada para atraer a tu vida otras nuevas y seguir nutriendo el cuerpo y el alma, para seguir creciendo y evolucionando no solo como persona, sino también como alma. Pero si te quedan cosas por integrar, no te preocupes, la vida te pondrá de nuevo a prueba para darte la oportunidad de superarte a ti misma. Si has estado atenta a tus experiencias, sabrás cómo resolver las venideras. Tan solo confía en ti.

Sé que la situación es complicada cuando estamos inmersos en un cambio, pues muy pocos son capaces de ver el todo el lugar de las vivencias puntuales que se producen en el día a día durante el tiempo que dura ese cambio o transformación. El día a día se hace difícil y tenemos la sensación de no avanzar, de estar repitiendo una y otra vez la misma historia sin saber cómo salir de ahí. Sin embargo, cuando hemos superado la prueba, cuando hemos conseguido dar un paso más en nuestra evolución y además somos conscientes de ello, la mayor parte de las veces pensamos que ha merecido la alegría el esfuerzo y todo lo que hemos pasado para llegar donde estamos en ese momento. Porque desde ahí, desde la nueva meta alcanzada sí somos capaces de echar la vista atrás y comprender el lugar que ocupaba cada pieza de ese puzle que no sabíamos dónde encajar.

Muchas veces nos decimos a nosotros mismos o a personas en las que confiamos: “No estoy bien, pero es que no sé cómo hacer para salir de esta situación que se repite una y otra vez”. Haz lo que “no” has hecho hasta ahora, haz algo distinto, intenta resolver desde otro enfoque; porque si lo que llevas haciendo toda tu vida no te ha dado el resultado satisfactorio que querías o buscabas, es porque has de cambiar algo de lo que estás haciendo, de lo contrario no conseguirás salir de donde estás inmersa.

Y nunca pienses que lo has intentado todo, no es cierto, seguro que quedan cosas por probar, porque si lo hubieras intentado todo, no seguirías estando donde te lamentas estar. Probablemente lo que te falta por hacer (eso que aún no has hecho), te supone un gran esfuerzo, supone que debas salir de tu zona de confort, armarte de valor y enfrentarte a tus miedos y tus fantasmas, a las sombras que te habitan y no siempre estamos dispuestos a ello. A veces es más fácil rendirse, llorar, consumirse, sumirse en la pena y en la tristeza y vestirnos con el traje de fiesta de víctima que nos suele sentar muy bien a todos. Y lamentarnos, lamentarnos de que la vida es injusta y se ha cebado especialmente con nosotros. No conseguimos levantar cabeza y cuando lo hacemos nuestros ojos huidizos y acuosos muestran angustiados sus sufrimientos y sus penas. Te lo digo porque lo sé, porque lo he vivido, porque he estado en el sufrimiento, como ahora puede que lo estés tú. Porque a mí también me cuesta mirar a mis fantasmas y mis miedos a la cara, porque me cuesta salir de mi zona de confort, porque también creo que lo he intentando todo y que nada ha funcionado. Porque yo también me convierto y me regodeo en ser una víctima y me lamento de que nadie me presta la atención suficiente o me comprende.  



¿Y sabéis qué? Que cuando aparece alguien que no te dora la píldora, que te pone en tu sitio y te quedas al principio toda ofendida y dolorida, es cuando algo dentro de ti decide que es momento de cambiar de vestido, colocarse los pantalones vaqueros, una sudadera y salir a la calle para decir: “aquí estoy yo, porque sigo existiendo, porque merezco mucho más de lo que me he dado a mí misma y porque estoy dispuesta y lista para recibir todo aquello que el mundo o el universo tenga para mí.”

A eso es a lo que me refería cuando decía que no todos conseguimos ver hacia dónde vamos cuando estamos inmersos en un cambio importante, solo somos capaces de sentir el dolor del día a día, de ver que nada cambia y angustiarnos en la situación. No somos capaces de ver más allá, de mirar de otra manera para ver de otra manera y encontrar un modo de salir de donde estamos, porque cuando cambiamos la perspectiva, el punto de mira, aparecen opciones que no habíamos sido capaces de ver hasta entonces. 

Hay momentos en el proceso de mi vida y aprendizaje que lo paso muy mal. Que nadie piense que soy capaz de escribir y transmitir lo que me decís que transmito en todo aquello cuanto hago sin haber estado alguna que otra vez en mi propio infierno, de hecho creo que lo visito con más frecuencia de la que a estas alturas de mi vida debería. Sin embargo, suelo calmarme cuando recuerdo que yo sabía que todo lo que pasa es por una razón y que cuando el miedo te paraliza y no te permite seguir caminando la vida te empuja hacia donde sabe que has de ir, y nosotros nos resistimos a ir por el camino que nos marca… supongo que porque tenemos en mente otras cosas que nos pueden más que simplemente el hecho de aceptar y fluir con lo que llega a nuestra vida. Las resistencias se pueden convertir en un problema, porque hacen que todo se ralentice, de ahí que muchas veces no veamos nuestra propia evolución y progreso y tengamos la sensación de no avanzar. Cada vez que me resisto a aquello que interiormente sé que es, hago que todo se pause y vaya más despacio. Aun así, no pasa nada, es mi vida, yo decido el cómo y el cuándo, yo decido el ritmo, YO DECIDO. Y además me recuerdo que el tiempo no es lineal, sino que se mueve en espiral a través de mí, desde él puedo viajar a mi pasado para recordar qué ha funcionado y qué no y así no seguir repitiendo la misma experiencia porque tengo la sabiduría de extrapolar lo que sí ha servido y la oportunidad de cambiar aquello que no lo ha hecho para salir de donde me lamento estar.




          ¿Lo explicamos de otra manera para llegar al mismo sitio? A veces lo necesitamos para poder verlo mejor.

          Vamos a imaginar a un hámster girando en la rueda de su jaula. El hámster, quizá por aburrimiento o tal vez por diversión, ¡vete tú a saber!, se sube en su rueda y empieza a correr para que la rueda gire, probablemente sin darse cuenta, cada vez va más rápido. Hay momentos en los que el hámster no se apercibe que está dando vueltas una y otra vez y, corre y corre creyendo que está llegando a su meta, pero no sucede nada porque la rueda sigue girando sobre sí misma sin ir a ninguna parte. Bueno algo sí sucede, que el hámster acaba agotado, sin energía y desgastado (aun así algo positivo ocurre, el ejercicio le ha servido para controlar su peso, ¡siempre encontramos algo positivo en aquello que pensamos que no lo es! ¡No lo olvides nunca!). Pongámonos ahora en la tesitura de que en el mejor de los casos, el hámster sí se da cuenta de estar girando en esa rueda y aunque en principio no sepa cómo pararla para bajarse, es consciente que ha de hacer algo para cambiar su situación o seguirá girando y girando irremediablemente. Si no hace nada, si sigue haciendo lo mismo pese a ser consciente de que está girando en la rueda, no conseguirá hacer ningún cambio, no podrá bajar de la rueda. Sin embargo, si decide hacer algo diferente a lo que suele hacer, habrá gestado el principio del cambio. Cuando nos hacemos conscientes de una realidad, aunque aún no sepamos cómo cambiarla, ya ha comenzado a darse ese cambio que necesitamos, aunque sigamos subidos en la rueda, la rueda ha dejado de girar del modo inconsciente en el que lo hacía y cuando nos demos cuenta de ello, podremos bajar de esa rueda. Si no hacemos algo diferente a lo que acostumbramos a hacer, nada cambia por sí solo. Si estamos acostumbrados a actuar de una manera y no nos funciona, habremos de cambiar la manera en la que actuamos para favorecer esos cambios que necesitamos.

Además de lo que ya te he contado, el propósito de este pequeño escrito es transmitirte lo importante que es que te tomes unos minutos para ti misma si no lo has hecho ya. Si aún no te has regalado unos minutos de tu propio tiempo, hazlo ahora. Deja todo lo que estás haciendo y préstate atención durante un momento.

Todavía estás a tiempo de regalarte la oportunidad de cerrar este ciclo que acaba, de cerrar el año y todas sus vivencias, para poder dar comienzo a los nuevos inicios que te están esperando sin dejar cosas pendientes de resolver. Y si hoy no puedes disponer de ese tiempo, no pasa nada, no te agobies, lo haces mañana.

Para cerrar bien tu año, te animo a hacer un pequeño balance de tu vida. ¿Es muy complicado lo que te estoy pidiendo? Bueno, pues como estoy segura al 100% de que la vida se encargará por sí misma de llevarte donde tengas cosas pendientes que resolver, será suficiente con observar cómo has llevado este año o tal vez los últimos meses o semanas. Presta atención a cómo te has sentido, qué metas has alcanzado, qué cosas, personas, animales o situaciones te han hecho sentir feliz y qué crees que has de cambiar en ti o en tu vida para que esa felicidad no sea un momento efímero y externo, si no que provenga de tu interior y dependa solamente de tu actitud. Que sea tu decisión, no el resultado de cómo tus emociones son controladas por factores externos a ti.

 
Yo creo que ahí radica la diferencia entre unas personas y otras. Están las que permiten que los factores externos sean responsables de sus estados de ánimo y por ende de su felicidad (y culpan a los demás de su infelicidad o no-felicidad) y las que han aprendido a mirar dentro de ellas y decidir que la felicidad es un estado interno al que se puede acceder libremente y la convierten en su modo de vida. Vivir desde la felicidad es una decisión que hará que internamente vivas en paz pase lo que pase en el afuera, pues si lo que sucede tiene solución la encontrarás y si no la tiene habrás aprendido que no merece tu energía ni tu felicidad poner esfuerzo en intentar solucionar algo que no tiene sentido. Habrá simplemente que aceptarlo lo antes posible para que puedas seguir en paz o si ya estás lo suficientemente ducho en ello, ni tan siquiera haberla perdido.

¿Qué es lo que te mueve, lo que te conmueve, lo que te hace sentir bien, lo que te hace ser tú misma y disfrutar de ese estado de paz que sí es lo que eres?

Te voy a dar unas instrucciones sencillas para que puedas hacer este ejercicio altamente recomendable y profundamente sanador y reparador.

Necesitas un poco de tu propio tiempo ¿crees que te lo podrás dedicar?, coge papel y bolígrafo. Toma asiento en un lugar de tu hogar en el que te sientas cómoda para hacer este ejercicio.



Divide la hoja de papel en dos mitades o columnas, en una de ellas puedes escribir como encabezamiento “logros”, “metas conseguidas”, “propósitos logrados”, “cosas positivas de mi vida”… aquella palabra o “mini frase” que defina las cosas buenas que han pasado en tu vida. En la otra columna escribirás las cosas que consideras pendientes de conseguir los logros o propósitos que no has conseguido, las metas no alcanzadas. Puedes titularla como “logros no conseguidos”, “lo pendiente” o como tú desees.

Para hacer este ejercicio, como ya hemos dicho, has de prestarte atención, hacer un repaso al menos por los últimos meses o semanas de tu vida para ver dónde te sientes bien contigo y dónde no. Debes además ser consciente de las alegrías de tu vida, de todo lo positivo que hay en ella y las bendiciones que tienes cada día. Anótalo, porque muchas veces no damos importancia a esas pequeñas cosas y se nos olvida agradecer que estamos vivas y somos capaces de ver, oír, olfatear, respirar, sentir... También puedes escribir aquello que te ha hecho sentir bien y en paz contigo misma. Escribe momentos bellos, personas especiales que has conocido, que te han inspirado o de algún modo te han ayudado a dar lo mejor de ti misma o a convertirte en alguien mejor. Escribe todo, sin dejarte nada, cualquier cosa por insignificante que pienses que sea, pero que hace que esboces una sonrisa y sientas felicidad y cuando lo hayas hecho, agradece por todo ello.

Una vez que hayas terminado con las cosas positivas y los logros, haz la lista de las negativas. De aquello que no has conseguido, de esas metas o propósitos que no has alcanzado. ¿Ha sido tal vez porque no estaban a tu alcance materializarlas? ¿Quizá no eran muy reales o cosas que pudieras alcanzar por ti misma, o no has querido o podido salir de tu zona de confort para lograrlas? Si las metas eran demasiado complicadas, prueba a hacer propósitos más reales, más acordes con tu realidad, así cuando los consigas te sentirás plena y satisfecha y no frustrada, ofuscada o deprimida por no ser capaz de lograrlas.

Rememora alguna situación especialmente complicada, o alguna experiencia que se repita en tu vida y no sabes cómo resolver para que no te afecte del modo en el que lo hace. ¿Cómo intentaste solucionarla? ¿Desde dónde intentaste solucionarla, desde el corazón, desde el amor, desde la rabia, desde la alegría, desde la tristeza…? Todo esto es importante aunque no lo parezca. Einstein nos decía que no podemos resolver un problema desde la misma mentalidad en la que este se genera. 


Pregúntate qué patrones estás repitiendo para que se repitan las mismas situaciones, cómo sueles resolver esas experiencias que solemos catalogar de negativas. ¿Qué puedes cambiar en tu forma de actuar para que esas situaciones se solucionen? Porque si sigues haciendo lo mismo que haces siempre y no cambias nada estarás abocada a repetir la misma experiencia o a seguir en ella eternamente. Si quieres un cambio, una solución, haz lo que no has hecho hasta ahora. Cambia algo de tu mundo, de tu manera de enfocar y ver, aunque te cueste, aunque sea difícil, atrévete a hacer un cambio, algo nuevo, algo diferente. ¡Confía en ti!

Pregúntate también qué es lo que quieres o deseas conseguir en este momento y gesta un plan de acción para lograrlo. Recuerda, metas pequeñas, que te hagan salir de tu zona de confort para seguir avanzando, pero que sean acordes con tu realidad para que sientas satisfacción y alegría al lograrlas. Y cuando consigas tus propósitos, felicítate y siéntete orgullosa de ti misma.

Cuando aprendemos a fijarnos en las pequeñas cosas que nos pasan y a agradecerlas, nos vamos llenando de positividad y dejando atrás las quejas y los lamentos. Sin darnos a penas cuenta habremos entrado en otra realidad, en la realidad del agradecimiento y el amor y entonces diremos, solo con pensar en algo, el universo ya me lo ha ofrecido.

Recuerda también girar tres veces la cucharilla en tu primer café cada mañana con la intención puesta en aquello que desees para ese día y si crees en ello dibuja con tu dedo el símbolo de pentagrama (estrella de cinco puntas y círculo). Así te centras en el día a día y todo será más llevadero.

Y bueno, además de recordarte de nuevo que busques tu felicidad interna y que no permitas que lo externo a ti te saque de tu centro, también quiero decirte que VIVAS cada momento como si fuera ÚNICO, porque eso es lo que es lo que realmente es.

No olvides que a veces es necesario cerrar las puertas y ventanas de nuestro  pequeño mundo para que se abran las del Universo entero y acceder así a un plano mayor.
¡Feliz 2020!
©Paqui Sánchez

 ©Paqui Sánchez