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jueves, 9 de enero de 2020

EL FRASCO DE LA FELICIDAD



El Frasco de la Felicidad


¿Habéis oído hablar alguna vez del "Tarro o Frasco de la Felicidad"?

Hace tiempo hice una publicación en Facebook contándoos sobre él, pero como este año uno de mis propósitos es vivir lo máximo posible desde mi interior y sacar cada día esa felicidad interna que se encuentra dentro de mí, me he acordado de nuevo de este tarro y estoy pensando en hacer uno para recoger los mejores momentos de este año que están por llegar. Creo que aunque quiera centrarme en mí y vivir desde dentro intentando que los agentes externos a mí me afecten lo menos posible, habrá días que seguramente me vendrá muy bien revivir alguno de esos buenos momentos. Evidentemente sería una utopía pensar que no va a haber “malos” momentos, sin ellos no habría aprendizaje ni evolución. Eso sí, vamos a ver si somos capaces de dejar el sufrimiento a un lado y vivir disfrutando la vida.

Somos lo que somos y no podemos cambiar las características de nuestra personalidad. Por eso para poder ayudarnos a nosotros mismos, es muy importante trabajar en nuestro propio autoconocimiento, para ello hemos de dedicarnos tiempo, estar con nosotros mismos, observarnos, aprender a escuchar nuestro cuerpo, nuestros ruidos y nuestros silencios. Saber qué nos gusta, qué es lo que queremos y lo que no, qué nos entusiasma, qué nos hace vibrar alto y qué nos quita la energía para dejar de hacerlo y poner nuestra atención en otra cosa que sume en lugar de restar.

Algunos aspectos negativos de mi personalidad, sobre todo cuando no estoy en equilibrio, es que me auto castigo mucho al centrarme en las cosas negativas que “hay” en mi vida y que me impiden ver todo lo positivo que existe en ella. Sí, soy de esas perfeccionistas que ante un suelo (por poner un ejemplo) perfectamente limpio y abrillantado encuentra esa pequeña mota de polvo que se escapó, o incluso se posó después y se centra en ella hasta que llega un momento en el que solo ve la mota de polvo y no es capaz de darse cuenta que el suelo está más limpio que nunca y que ella no es responsable de que esa mota de polvo llegara ahí. Sin embargo, es fácil entrar en la culpa y en darle vueltas y vueltas al asunto durante más tiempo del necesario. 

Cuando el dolor que pueda ocasionarnos un aprendizaje concreto se convierte en sufrimiento y entramos en un círculo vicioso de autocompasión del que no sabemos cómo salir, se hace necesario replantearnos nuestra vida y hacer algo diferente que no hemos hecho hasta ese momento para encontrar una solución. Tenemos que empezar a darnos, a ponernos en primer lugar y a amarnos sobre todas las cosas, pues cuanto más alta esté nuestra energía, más difícil será caer en la autocompasión y el desmerecimiento. Convertirnos en víctimas y dar lástima, nunca es la solución, elevarnos y ser capaces de ver más allá, sí lo es.

No es sencillo manejar mi eneatipo  y mantenerlo a ralla es un reto diario que requiere de gran parte de mi energía. Pero no pasa nada, cuando necesito tiempo para mí, intento darme el máximo posible hasta conseguir equilibrarme de nuevo.

          Por todo ello, estoy pensando que quizá me vendría muy bien hacer mi propio “tarro de la felicidad”.



¿Qué es el tarro de la felicidad y cómo se hace?

        Es muy sencillo, elegimos un tarro de cristal de los que tengamos por casa, uno grande a ser posible, pues este año tiene 366 días y esos son muchos días para vivir experiencias bonitas que nos hagan sonreír y sentir felicidad.

          El tarro se puede personalizar y decorar del modo en el que cada cual sienta y los papelitos que necesitaremos para ir escribiendo en ellos y meterlos dentro del tarro pueden ser un papel cualquiera, o bien podemos hacer papelitos de colores y escribir en ellos lo que queremos dejar en ese tarrito. No es necesario escribir mucho habrá ocasiones que necesitemos tan solo una palabra para describir un momento sublime. Si pensamos que hemos de escribir mucho cada vez, seguramente dejaremos de hacerlo porque nos dará pereza, por tanto seremos breves y concisos en nuestros mensajes. Tampoco es necesario escribir cada día, si eso supone un gran esfuerzo podemos hacerlo solo un par de veces o tres por semana.
        

         Es un ejercicio interesante porque cuando estemos escribiendo ese mensaje, estaremos focalizándonos en las cosas positivas, a la vez que estaremos cultivando la gratitud y los buenos hábitos. Nos sentiremos bien y nuestra energía estará elevada y cuando tengamos necesidad de leerlo nos pasará lo mismo y nuestra energía, si en esos momentos nos sentimos cansados y deprimidos, se elevará y además nos ayudará a mejorar nuestro estado de ánimo. Al centrarnos en las cosas positivas de nuestra vida estaremos quitando la atención y dando por tanto menos relevancia a aquello que nos es molesto o nos produce preocupaciones. ¡Todo el tiempo que consigamos estar en gratitud, se lo estaremos quitando a la queja!

 Es más, conforme vayan pasando las semanas y nuestro frasco se vaya llenando de mensajes, iremos tomando conciencia de lo maravillosa que es nuestra vida cuando nos centramos en todo lo positivo que hay en ella.

          Tomad nota: un tarro que os guste, algún bolígrafo y papelitos. Si tenéis vena artística y preferís enrollar los papelitos sobre sí mismos para hacer una especie de pergaminos, también necesitaréis lana o algún tipo de hilo o cuerda para atarlos y que no se desenrollen…

La idea es escribir en los trocitos de papel mensajes positivos sobre las cosas que te hayan ocurrido durante el día, o la anécdota más importante y que te ha hecho sentir felicidad. Una situación, un momento, una persona con la que te has encontrado, algo agradable que te haya pasado con tus mascotas, tus plantas, etc. Aquello que haya hecho de tu día algo mejor.

Es importante que sean momentos felices o en los que hayas sentido felicidad. O también puede ser un mensaje de gratitud por el logro de un sueño o algo que te haya ocurrido que te haya hecho sentir bien, que te haya hecho esbozar una sonrisa o reír a carcajadas. También sirven agradecimientos a los miembros de la familia, ya sea nuestra pareja o nuestros hijos por algo que hayan hecho por nosotros o simplemente mostrarles nuestra gratitud por la felicidad que nos aportan.

En teoría ese tarro con todos esos papelitos con todos esos mensajes que escribimos para nosotros mismos durante todo el año, lo abriríamos a final de año para leerlos y rememorar todos aquellos momentos felices. Sin embargo yo creo que sería una buena idea abrir algún que otro papelito en esos días que, bueno, que no nos sentimos demasiado bien, que sin saber por qué (o sabiéndolo) nos sentimos tristes, sin energía, sin ganas de nada… Así, ese tarrito se convertiría en una inyección de energía, que nos daría alegría y nos haría cambiar nuestro estado de ánimo hacia otro mejor.



Hemos mencionado el término “felicidad”. La RAE nos da tres acepciones de la palabra felicidad: 

1. Estado de grata satisfacción espiritual y física.

2. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. “Mi familia es mi felicidad.”

3. Ausencia de inconvenientes o tropiezos. “Viajar con felicidad.”

Hay quien dice que la felicidad son “momentos” y la identifica con placer o situaciones que te hacen vivir en el gozo o la satisfacción momentánea. Yo también lo creía, cuando solo era capaz de ver la felicidad en el afuera, e identificarla en las situaciones externas que nos aportan esos momentos de “dicha”. Sin embargo, con el tiempo descubrí que esos “momentos” de felicidad eran eso, momentos que dependen de cosas externas a nosotros mismos. Me di cuenta que hay otro tipo de felicidad que es un estado del alma y que se puede conseguir aquí en la Tierra. Hablo de esa felicidad interna que te mantiene en un estado de equilibrio y no depende de lo que esté pasando fuera. No es una felicidad efímera que depende de lo externo y manipula nuestros sentimientos y nuestras emociones en función de nuestra capacidad de ser positivos o negativos ante las cosas que nos pasan, sino un estado de paz y serenidad en el que comprendemos que todo lo que nos ocurre tiene una razón de ser y que la paz interior de cada uno no puede estar al servicio de las cosas que ocurren en el exterior, sino de nosotros mismos. Esa es la felicidad que quiero encontrar en mi interior. Sé que no será fácil, y que tendré que vivir momentos de todos los colores, pero estoy empecinada en vivir desde mi interior y desde ese estado de paz que provenga de esa “felicidad interna”.

Es un poco distinto el concepto de esa felicidad interna al de la felicidad que encontramos en las cosas del día a día, en esos momentos que nos suben el ánimo y nos hacen estar bien, pero que podemos boicotear fácilmente y perderlos con rapidez. No sé si llegáis a comprender bien el concepto de esta felicidad interna, no encuentro el modo de explicarlo mejor. Quizá se trate de un estado de consciencia en el que dejamos la lucha y abogamos por estar serenos y en paz. Eso no quiere decir que dejemos que la sociedad o cualquiera abuse de nosotros, pero siempre hay alternativas al enfrentamiento y soluciones que quizá no somos capaces de ver a primera vista, pero que desde la calma van apareciendo. Porque quizá la cuestión ya no es cómo me trata el otro (esa es su historia y su problema), sino cómo actúo yo cuando el otro me trata mal. Si decido no ponerme a su altura y entrar en un combate de egos y me mantengo lo más serena posible, podré irme con dignidad y después tomar decisiones al respecto para defender aquello que yo crea que es justo.

Os animo además a instar a vuestros familiares que también lo hagan.

Mi deseo: ¡Ojalá y el tarro se os quede pequeño de tanta felicidad y tengáis que buscar varios más!

P.D. Después de escribir el artículo, cuando me he puesto a buscar imágenes para acompañarlo he llegado a un blog en el que he encontrado que esta técnica es una técnica de educación emocional ideada por la escritora y filósofa española Elsa Punset para formar niños optimistas. Según la información de este blog, cito textualmente, “se trata de un sencillo proyecto familiar que consiste en "recolectar" los pensamientos positivos de cada miembro de la familia a lo largo del día.”

Si tenés niños o nietos y así lo deseáis, lo podéis convertir en un proyecto de familia, seguro que es muy educativo y divertido.

©Paqui Sánchez

©Paqui Sánchez

2 comentarios:

  1. Hola guapa !!
    Me parece tan bueno este ejercicio. Pienso que hacerlo y sentirlo libra de muchos lastres y da mucha felicidad.
    Yo soy altamente positiva por naturaleza, pero a veces hay personas importantes para uno que no entienden tu filosofía de vida y personalidad. Entonces, por más que razones y argumentes sobre cualquier tema, a decir verdad...tema de dos...el otro intenta cambiar tus deseos, emociones y puntos de vista...Es algo con lo que no transijo porque me gusta la libertad de ser y pensar y el querer no da derecho a nada...uno da desde el Amor y no pude ni debe esperar del otro nada más que no sea su amor. Un amor distinto al suyo, quizás ...pero sin reproches ni demandas.
    Cada quien hace su mundo a su manera y los distintos matices son lo que hacen mejor las relaciones.
    Yo metería en mi tarro la comprensión y la conciencia despierta con todo lo que significa.
    Besossss.

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    Respuestas
    1. Hola preciosa,

      Estoy segura que ese tarrito estará lleno de momentos maravillosos, de buenas acciones y buenos sentimientos, porque todo eso es lo que me vibra que eres y ahí es donde te siento, en amor verdadero y sincero, sin dobleces, libre y real.

      Te deseo muchos momentos bellos que puedas dejar plasmados para recordarlos después con una sonrisa en tus labios.

      Me encanta cómo eres.

      Bendiciones tesoro. Te deseo un año maravilloso donde puedas expresar tu amor libremente, aunque los demás no lo entiendan.

      Abrazos cálidos.

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