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Somos Puentes de Luz que unen la Tierra con el Cielo

martes, 31 de diciembre de 2019

CERRANDO CICLOS


 Cerrando ciclos

Ahora ya sí que nos quedan horas para que el calendario gregoriano llegue a su fin y la rueda del tiempo gire de nuevo para poner punto y final a este 2019, que a la vez nos traerá el nacimiento del año nuevo. Una vez más podemos ver que es necesario morir a lo viejo para volver a nacer a las nuevas experiencias que nos están esperando. La pregunta es, ¿estás lista para dejar atrás lo que ya no necesitas, cerrar puertas y ventanas que ya cumplieron con su misión y te ofrecieron oportunidades y paisajes para disfrutar? ¿Estás lista para agradecer por todo lo que fue y lo que no fue y seguir adelante confiando en que se abrirán nuevos caminos por los que transitar? ¿O te empeñas en reabrir esas puertas y ventanas y en no permitirles que se queden atrás?

¿Has integrado el aprendizaje que te trajeron las experiencias y vivencias de este año que está por terminar? Porque si has integrado el aprendizaje de lo vivido, en lugar de repetir experiencias, estarás preparada para atraer a tu vida otras nuevas y seguir nutriendo el cuerpo y el alma, para seguir creciendo y evolucionando no solo como persona, sino también como alma. Pero si te quedan cosas por integrar, no te preocupes, la vida te pondrá de nuevo a prueba para darte la oportunidad de superarte a ti misma. Si has estado atenta a tus experiencias, sabrás cómo resolver las venideras. Tan solo confía en ti.

Sé que la situación es complicada cuando estamos inmersos en un cambio, pues muy pocos son capaces de ver el todo el lugar de las vivencias puntuales que se producen en el día a día durante el tiempo que dura ese cambio o transformación. El día a día se hace difícil y tenemos la sensación de no avanzar, de estar repitiendo una y otra vez la misma historia sin saber cómo salir de ahí. Sin embargo, cuando hemos superado la prueba, cuando hemos conseguido dar un paso más en nuestra evolución y además somos conscientes de ello, la mayor parte de las veces pensamos que ha merecido la alegría el esfuerzo y todo lo que hemos pasado para llegar donde estamos en ese momento. Porque desde ahí, desde la nueva meta alcanzada sí somos capaces de echar la vista atrás y comprender el lugar que ocupaba cada pieza de ese puzle que no sabíamos dónde encajar.

Muchas veces nos decimos a nosotros mismos o a personas en las que confiamos: “No estoy bien, pero es que no sé cómo hacer para salir de esta situación que se repite una y otra vez”. Haz lo que “no” has hecho hasta ahora, haz algo distinto, intenta resolver desde otro enfoque; porque si lo que llevas haciendo toda tu vida no te ha dado el resultado satisfactorio que querías o buscabas, es porque has de cambiar algo de lo que estás haciendo, de lo contrario no conseguirás salir de donde estás inmersa.

Y nunca pienses que lo has intentado todo, no es cierto, seguro que quedan cosas por probar, porque si lo hubieras intentado todo, no seguirías estando donde te lamentas estar. Probablemente lo que te falta por hacer (eso que aún no has hecho), te supone un gran esfuerzo, supone que debas salir de tu zona de confort, armarte de valor y enfrentarte a tus miedos y tus fantasmas, a las sombras que te habitan y no siempre estamos dispuestos a ello. A veces es más fácil rendirse, llorar, consumirse, sumirse en la pena y en la tristeza y vestirnos con el traje de fiesta de víctima que nos suele sentar muy bien a todos. Y lamentarnos, lamentarnos de que la vida es injusta y se ha cebado especialmente con nosotros. No conseguimos levantar cabeza y cuando lo hacemos nuestros ojos huidizos y acuosos muestran angustiados sus sufrimientos y sus penas. Te lo digo porque lo sé, porque lo he vivido, porque he estado en el sufrimiento, como ahora puede que lo estés tú. Porque a mí también me cuesta mirar a mis fantasmas y mis miedos a la cara, porque me cuesta salir de mi zona de confort, porque también creo que lo he intentando todo y que nada ha funcionado. Porque yo también me convierto y me regodeo en ser una víctima y me lamento de que nadie me presta la atención suficiente o me comprende.  



¿Y sabéis qué? Que cuando aparece alguien que no te dora la píldora, que te pone en tu sitio y te quedas al principio toda ofendida y dolorida, es cuando algo dentro de ti decide que es momento de cambiar de vestido, colocarse los pantalones vaqueros, una sudadera y salir a la calle para decir: “aquí estoy yo, porque sigo existiendo, porque merezco mucho más de lo que me he dado a mí misma y porque estoy dispuesta y lista para recibir todo aquello que el mundo o el universo tenga para mí.”

A eso es a lo que me refería cuando decía que no todos conseguimos ver hacia dónde vamos cuando estamos inmersos en un cambio importante, solo somos capaces de sentir el dolor del día a día, de ver que nada cambia y angustiarnos en la situación. No somos capaces de ver más allá, de mirar de otra manera para ver de otra manera y encontrar un modo de salir de donde estamos, porque cuando cambiamos la perspectiva, el punto de mira, aparecen opciones que no habíamos sido capaces de ver hasta entonces. 

Hay momentos en el proceso de mi vida y aprendizaje que lo paso muy mal. Que nadie piense que soy capaz de escribir y transmitir lo que me decís que transmito en todo aquello cuanto hago sin haber estado alguna que otra vez en mi propio infierno, de hecho creo que lo visito con más frecuencia de la que a estas alturas de mi vida debería. Sin embargo, suelo calmarme cuando recuerdo que yo sabía que todo lo que pasa es por una razón y que cuando el miedo te paraliza y no te permite seguir caminando la vida te empuja hacia donde sabe que has de ir, y nosotros nos resistimos a ir por el camino que nos marca… supongo que porque tenemos en mente otras cosas que nos pueden más que simplemente el hecho de aceptar y fluir con lo que llega a nuestra vida. Las resistencias se pueden convertir en un problema, porque hacen que todo se ralentice, de ahí que muchas veces no veamos nuestra propia evolución y progreso y tengamos la sensación de no avanzar. Cada vez que me resisto a aquello que interiormente sé que es, hago que todo se pause y vaya más despacio. Aun así, no pasa nada, es mi vida, yo decido el cómo y el cuándo, yo decido el ritmo, YO DECIDO. Y además me recuerdo que el tiempo no es lineal, sino que se mueve en espiral a través de mí, desde él puedo viajar a mi pasado para recordar qué ha funcionado y qué no y así no seguir repitiendo la misma experiencia porque tengo la sabiduría de extrapolar lo que sí ha servido y la oportunidad de cambiar aquello que no lo ha hecho para salir de donde me lamento estar.




          ¿Lo explicamos de otra manera para llegar al mismo sitio? A veces lo necesitamos para poder verlo mejor.

          Vamos a imaginar a un hámster girando en la rueda de su jaula. El hámster, quizá por aburrimiento o tal vez por diversión, ¡vete tú a saber!, se sube en su rueda y empieza a correr para que la rueda gire, probablemente sin darse cuenta, cada vez va más rápido. Hay momentos en los que el hámster no se apercibe que está dando vueltas una y otra vez y, corre y corre creyendo que está llegando a su meta, pero no sucede nada porque la rueda sigue girando sobre sí misma sin ir a ninguna parte. Bueno algo sí sucede, que el hámster acaba agotado, sin energía y desgastado (aun así algo positivo ocurre, el ejercicio le ha servido para controlar su peso, ¡siempre encontramos algo positivo en aquello que pensamos que no lo es! ¡No lo olvides nunca!). Pongámonos ahora en la tesitura de que en el mejor de los casos, el hámster sí se da cuenta de estar girando en esa rueda y aunque en principio no sepa cómo pararla para bajarse, es consciente que ha de hacer algo para cambiar su situación o seguirá girando y girando irremediablemente. Si no hace nada, si sigue haciendo lo mismo pese a ser consciente de que está girando en la rueda, no conseguirá hacer ningún cambio, no podrá bajar de la rueda. Sin embargo, si decide hacer algo diferente a lo que suele hacer, habrá gestado el principio del cambio. Cuando nos hacemos conscientes de una realidad, aunque aún no sepamos cómo cambiarla, ya ha comenzado a darse ese cambio que necesitamos, aunque sigamos subidos en la rueda, la rueda ha dejado de girar del modo inconsciente en el que lo hacía y cuando nos demos cuenta de ello, podremos bajar de esa rueda. Si no hacemos algo diferente a lo que acostumbramos a hacer, nada cambia por sí solo. Si estamos acostumbrados a actuar de una manera y no nos funciona, habremos de cambiar la manera en la que actuamos para favorecer esos cambios que necesitamos.

Además de lo que ya te he contado, el propósito de este pequeño escrito es transmitirte lo importante que es que te tomes unos minutos para ti misma si no lo has hecho ya. Si aún no te has regalado unos minutos de tu propio tiempo, hazlo ahora. Deja todo lo que estás haciendo y préstate atención durante un momento.

Todavía estás a tiempo de regalarte la oportunidad de cerrar este ciclo que acaba, de cerrar el año y todas sus vivencias, para poder dar comienzo a los nuevos inicios que te están esperando sin dejar cosas pendientes de resolver. Y si hoy no puedes disponer de ese tiempo, no pasa nada, no te agobies, lo haces mañana.

Para cerrar bien tu año, te animo a hacer un pequeño balance de tu vida. ¿Es muy complicado lo que te estoy pidiendo? Bueno, pues como estoy segura al 100% de que la vida se encargará por sí misma de llevarte donde tengas cosas pendientes que resolver, será suficiente con observar cómo has llevado este año o tal vez los últimos meses o semanas. Presta atención a cómo te has sentido, qué metas has alcanzado, qué cosas, personas, animales o situaciones te han hecho sentir feliz y qué crees que has de cambiar en ti o en tu vida para que esa felicidad no sea un momento efímero y externo, si no que provenga de tu interior y dependa solamente de tu actitud. Que sea tu decisión, no el resultado de cómo tus emociones son controladas por factores externos a ti.

 
Yo creo que ahí radica la diferencia entre unas personas y otras. Están las que permiten que los factores externos sean responsables de sus estados de ánimo y por ende de su felicidad (y culpan a los demás de su infelicidad o no-felicidad) y las que han aprendido a mirar dentro de ellas y decidir que la felicidad es un estado interno al que se puede acceder libremente y la convierten en su modo de vida. Vivir desde la felicidad es una decisión que hará que internamente vivas en paz pase lo que pase en el afuera, pues si lo que sucede tiene solución la encontrarás y si no la tiene habrás aprendido que no merece tu energía ni tu felicidad poner esfuerzo en intentar solucionar algo que no tiene sentido. Habrá simplemente que aceptarlo lo antes posible para que puedas seguir en paz o si ya estás lo suficientemente ducho en ello, ni tan siquiera haberla perdido.

¿Qué es lo que te mueve, lo que te conmueve, lo que te hace sentir bien, lo que te hace ser tú misma y disfrutar de ese estado de paz que sí es lo que eres?

Te voy a dar unas instrucciones sencillas para que puedas hacer este ejercicio altamente recomendable y profundamente sanador y reparador.

Necesitas un poco de tu propio tiempo ¿crees que te lo podrás dedicar?, coge papel y bolígrafo. Toma asiento en un lugar de tu hogar en el que te sientas cómoda para hacer este ejercicio.



Divide la hoja de papel en dos mitades o columnas, en una de ellas puedes escribir como encabezamiento “logros”, “metas conseguidas”, “propósitos logrados”, “cosas positivas de mi vida”… aquella palabra o “mini frase” que defina las cosas buenas que han pasado en tu vida. En la otra columna escribirás las cosas que consideras pendientes de conseguir los logros o propósitos que no has conseguido, las metas no alcanzadas. Puedes titularla como “logros no conseguidos”, “lo pendiente” o como tú desees.

Para hacer este ejercicio, como ya hemos dicho, has de prestarte atención, hacer un repaso al menos por los últimos meses o semanas de tu vida para ver dónde te sientes bien contigo y dónde no. Debes además ser consciente de las alegrías de tu vida, de todo lo positivo que hay en ella y las bendiciones que tienes cada día. Anótalo, porque muchas veces no damos importancia a esas pequeñas cosas y se nos olvida agradecer que estamos vivas y somos capaces de ver, oír, olfatear, respirar, sentir... También puedes escribir aquello que te ha hecho sentir bien y en paz contigo misma. Escribe momentos bellos, personas especiales que has conocido, que te han inspirado o de algún modo te han ayudado a dar lo mejor de ti misma o a convertirte en alguien mejor. Escribe todo, sin dejarte nada, cualquier cosa por insignificante que pienses que sea, pero que hace que esboces una sonrisa y sientas felicidad y cuando lo hayas hecho, agradece por todo ello.

Una vez que hayas terminado con las cosas positivas y los logros, haz la lista de las negativas. De aquello que no has conseguido, de esas metas o propósitos que no has alcanzado. ¿Ha sido tal vez porque no estaban a tu alcance materializarlas? ¿Quizá no eran muy reales o cosas que pudieras alcanzar por ti misma, o no has querido o podido salir de tu zona de confort para lograrlas? Si las metas eran demasiado complicadas, prueba a hacer propósitos más reales, más acordes con tu realidad, así cuando los consigas te sentirás plena y satisfecha y no frustrada, ofuscada o deprimida por no ser capaz de lograrlas.

Rememora alguna situación especialmente complicada, o alguna experiencia que se repita en tu vida y no sabes cómo resolver para que no te afecte del modo en el que lo hace. ¿Cómo intentaste solucionarla? ¿Desde dónde intentaste solucionarla, desde el corazón, desde el amor, desde la rabia, desde la alegría, desde la tristeza…? Todo esto es importante aunque no lo parezca. Einstein nos decía que no podemos resolver un problema desde la misma mentalidad en la que este se genera. 


Pregúntate qué patrones estás repitiendo para que se repitan las mismas situaciones, cómo sueles resolver esas experiencias que solemos catalogar de negativas. ¿Qué puedes cambiar en tu forma de actuar para que esas situaciones se solucionen? Porque si sigues haciendo lo mismo que haces siempre y no cambias nada estarás abocada a repetir la misma experiencia o a seguir en ella eternamente. Si quieres un cambio, una solución, haz lo que no has hecho hasta ahora. Cambia algo de tu mundo, de tu manera de enfocar y ver, aunque te cueste, aunque sea difícil, atrévete a hacer un cambio, algo nuevo, algo diferente. ¡Confía en ti!

Pregúntate también qué es lo que quieres o deseas conseguir en este momento y gesta un plan de acción para lograrlo. Recuerda, metas pequeñas, que te hagan salir de tu zona de confort para seguir avanzando, pero que sean acordes con tu realidad para que sientas satisfacción y alegría al lograrlas. Y cuando consigas tus propósitos, felicítate y siéntete orgullosa de ti misma.

Cuando aprendemos a fijarnos en las pequeñas cosas que nos pasan y a agradecerlas, nos vamos llenando de positividad y dejando atrás las quejas y los lamentos. Sin darnos a penas cuenta habremos entrado en otra realidad, en la realidad del agradecimiento y el amor y entonces diremos, solo con pensar en algo, el universo ya me lo ha ofrecido.

Recuerda también girar tres veces la cucharilla en tu primer café cada mañana con la intención puesta en aquello que desees para ese día y si crees en ello dibuja con tu dedo el símbolo de pentagrama (estrella de cinco puntas y círculo). Así te centras en el día a día y todo será más llevadero.

Y bueno, además de recordarte de nuevo que busques tu felicidad interna y que no permitas que lo externo a ti te saque de tu centro, también quiero decirte que VIVAS cada momento como si fuera ÚNICO, porque eso es lo que es lo que realmente es.

No olvides que a veces es necesario cerrar las puertas y ventanas de nuestro  pequeño mundo para que se abran las del Universo entero y acceder así a un plano mayor.
¡Feliz 2020!
©Paqui Sánchez

 ©Paqui Sánchez

lunes, 30 de diciembre de 2019

BAÑOS TERAPÉUTICOS DE PIES O PEDILUVIOS


Baños terapéuticos de pies o pediluvios

Los pies, en general los más castigados, los grandes olvidados, los más maltratados, los menos cuidados, los menos mimados, los más necesitados.

Están ahí, sí, son muy, muy, pero que muy necesarios; sin embargo, pocas veces les prestamos la atención que merecen, de hecho en la mayor parte de  las ocasiones cuando tomamos un baño o una ducha, ni tan siquiera los lavamos, como están ahí abajo y pensamos que se lavan con lo que cae de arriba, ni los enjabonamos, ni los masajeamos, ni los atendemos… nada de nada.

Les ponemos zapatos que aprietan, que rozan, que molestan, que duelen, que los hieren, pero por otra parte estilizan, hacen que parezcamos más altas, más elegantes, más soberbias y son monísimos. ¿A quién no le gustan unos zapatos de tacón? ¡A mí me encantan! Verlos, me encanta verlos, pero no puedo llevarlos, nunca he podido y eso que debido a mi escasa altura física no me vendrían mal unos buenos taconazos, sin embargo, nunca he podido usarlos, soy práctica y muy cómoda con relación a mi calzado, si aprieta, si constriñe el pie, si me deja sin respiración, si no puedo caminar con ellos, no son para mí, por muy bonitos que sean.

Pobrecitos nuestros píes, los que nos llevan a todas partes, los que nos sostienen sobre la Madre Tierra, los que soportan nuestro peso, los que nos guían y a veces, toma por sí solos la decisión de llevarnos por un camino u otro cuando somos o nos mostramos ajenos a nuestro propio presente, a nuestra realidad. Estamos tan distraídos que no nos damos cuenta de que al final de nuestras extremidades inferiores tenemos dos regalos increíbles que pasan desapercibidos y están desatendidos la mayor parte del tiempo.

Por eso decidí que merecían un artículo propio y no incluí los baños de pies en la publicación anterior.

¿Por qué son importantes nuestros pies?

Además de por todo lo dicho y porque son los que nos sustentan, porque en ellos se hayan todas las terminaciones nerviosas del cuerpo y el reflejo de todos los órganos del mismo y si les dedicáramos un poquito de atención, mimos y cuidados, nuestra salud, en general, mejoraría. Evidentemente, un buen majase de pies, un tratamiento de reflexología, unos cuidados extra y unos baños de pies, no sustituyen la opinión y valoración de un facultativo. De hecho si hay alguna dolencia, deberíamos acudir al médico, él nos recomendará el tratamiento más adecuado para nuestra dolencia. Estos consejos o recomendaciones, no sustituyen en absoluto el posible tratamiento que un profesional de la salud nos pueda preescribir. Podrían, eso sí, ser un beneficio extra, por tanto, ante cualquier duda, se debe siempre consultar con la opinión del facultativo correspondiente. Hablaremos de las sales Epsom en este artículo, pero no son apropiadas para todas las personas, por eso en ocasiones necesitamos que los casos particulares que puedan conllevar enfermedades o dolencias concretas, sean revisados por el médico antes de aplicar determinados tratamientos.

¿Para quiénes son aconsejables estos baños medicinales o pediluvios?

En general, para todas las personas adultas y también para los adolescentes, aunque hablaremos de diferentes tipos de baños de pies y cada cual habrá de elegir en función de sus necesidades o dolencias. Pero yo diría que estos baños de pies son especialmente aconsejables para las personas mayores, que quizá no tengan mucha movilidad y encuentren dificultades para darse un baño o poder estar de pie el tiempo suficiente como para soportar una ducha completa. Recuerdo cuando mis abuelos ya no eran capaces de aguantar esas duchas, conseguimos una silla que se metía dentro de la bañera y se podían sentar mientras sus hijos les ayudaban a asearse. Pero también recuerdo que llegó un momento que ya no eran capaces de levantar sus piernas lo suficiente como para poder entrar en la bañera por sí mismos y hubo que hacer reformas para cambiar las bañeras por duchas, aún así, puede llegar a ser complicado. Atender a nuestros mayores es en cierto sentido, retribuir todo lo que ellos hicieron por nosotros cuando tampoco éramos capaces de valernos por nosotros mismos. Hace poco leí algo que me tocó muy dentro hablando de la relación de padre a hijo, decía algo así, “no fue sacrificio, todo lo que hice por ti, lo hice por amor”. Pues creo que llega un momento en la vida en el que los roles se invierten y quieres nos dieron tanto amor para hacer de nosotros las personas que somos hoy en día, merecen que se les retribuya ese “amor” y que cuando nos toque cuidar a nuestros mayores pensemos lo mismo, “no es un sacrificio, lo hago por amor, con el mismo amor que tú me diste la vida y me orientaste lo mejor que pudiste para que fuera la persona que soy en este momento”.

 Mi amigo Aldo Tolosa me cuenta cómo lo hace él con su papá o con aquellas personas que conoce que tiene piernas cansadas. Él llena un recipiente con agua caliente, lo suficiente como para cubrir los pies de la persona, añade sal, bicarbonato y vinagre, que actúan como antisépticos y antifúngicos (excelentes para combatir los hongos en los pies y uñas) y también  pone dentro del recipiente canicas o cantos rodados pequeños. Así, mientras la persona mayor o con piernas cansadas está sentada cómodamente en su sillón viendo la televisión, leyendo un libro, escuchando música, meditando, etc., va jugando con los cantos rodados o esas canicas, masajeando sus pies, relajándose y beneficiándose de la terapia sin darse cuenta.

El vinagre de manzana ayuda a relajar los pies, a aliviar los pies cansados, a minimizar las grietas y callos y es un gran remedio para combatir las infecciones fúngicas y el tan conocido “pie de atleta o tiña del pie”.

El bicarbonato funciona muy bien cuando hay callos en los pies, es fácil que la piel se endurezca en determinada zonas del pie debido al roce de los zapatos. Además ayuda a combatir los hongos en las uñas pues tiene propiedades antisépticas, antifúngicas, alcalinizantes y desodorizantes. Hay quienes opinan que no es el producto más adecuado para el tratamiento de infecciones en las uñas o la piel ya que no equilibra su ph ni ataca solo a los hongos sino que reseca y descama la zona exponiéndola a mayores complicaciones. Por eso es muy recomendable secar bien el pie después de utilizarlo en el pediluvio y utilizar alguna crema hidratante o aceite de coco para hidratar los pies tras el baño.

Gracias de nuevo querido Aldo por compartir conmigo tan amablemente tus experiencias y sabiduría.


 
¿Cómo preparar un baño terapéutico de pies? ¿Qué necesitamos?

Imagina que llegas a casa después de una dura jornada de trabajo, o que has tenido un día complicado o simplemente estás cansada o quieres darte unos mimos... ¿Qué es lo más fácil y rápido que puedes hacer para relajarte y empezar a sentirte bien de forma inmediata? Prepararte un baño de pies. En el mercado hay maquinitas que dan masajes de pies, pero no es necesario gastar dinero para poder beneficiarnos de un buen baño de pies.

* Necesitarás un barreño o recipiente lo suficientemente grande como para poder poner tus pies dentro.

* Preparar un par de toallas, una para poner debajo del recipiente y así evitar que el agua pueda caer al suelo y no nos resbalemos cuando hayamos terminado el baño y la otra para secarnos bien nuestros pies.

* Los ingredientes que vayas a utilizar según el baño de pies que vayas a prepararte.

* Cantos rodados o canicas si además del baño de pies, quieres trabajar con pequeñas presiones sobre la planta para que sea mucho más efectivo.

¿Cómo preparamos nuestro pediluvio?

Cuando vayamos a hacer el baño de pies, es importante que antes lavemos nuestros pies para quitar la posible suciedad y sudor que pueda haber en ellos ¡o las pelusillas que suelen dejar los calcetines! Así, no habrá en ellos impurezas que dificulten el tratamiento.

Los baños pueden durar entre 20 y 30 minutos.

Un consejo es frotar los pies entre sí para ayudar a la eliminación de esas pieles muertas que están en las capas superficiales de la piel, también se puede utilizar un guante de crin o una piedra pómez para ayudarnos en esta labor de exfoliación.

Una vez terminado el baño, hay que secar bien los pies y entre los dedos para que no se haga ninguna grieta.

Puedes ponerte alguna crema hidratante aprovechando la ocasión y darte un pequeño masaje. Tus pies te lo agradecerán y el resto de tu cuerpo también.

Evidentemente, hemos de preparar el entorno del lugar donde vamos a hacer ese baño de pies. Me refiero a que podemos armonizarlo encendiendo alguna vela aromática, prendiendo algún tipo de sahumerio y también podemos poner música relajante.



 Tipos de baños medicinales o terapéuticos de pies (algunos de ellos los he encontrado en las redes sociales en diferentes artículos que he consultado para redactar este post).

*Baño desintoxicante

Para este tipo de baño necesitaremos sal, puede ser sal del Himalaya, sal marina gruesa o sales de Epsom. 

La sal del Himalaya es un tipo de sal mineral con más de 84 minerales y oligoelementos, entre los que podemos destacar: calcio, potasio, magnesio, hierro, manganeso, hierro, flúor, yodo, zinc, cromo, cobre, cobalto, óxido de sulfuro y oro.  Tiene un contenido del 98% de cloruro sódico lo cual la convierte en sal no refinada y en una de las más puras del planeta y beneficiosas para la salud. Procede de la halita y suele extraerse de las montañas de Pakistán, en la región de Punjab, es uno de los campos de sal más ricos y extensos de la tierra. Entre sus beneficios podemos citar que regula la presión arterial, previene calambres y tirones musculares, contribuye a fortalecer la masa ósea, equilibra el ph de la piel disminuyendo los signos de envejecimiento de la misma y funciona como un antihistamínico natural. Ayuda con la retención de líquidos, combate las migrañas, ayuda a conciliar el sueño, a potenciar el apetito sexual y favorece el buen funcionamiento del sistema respiratorio. 

Deben su color rosado/rojizo a la alta presencia de hierro entre sus componentes.

La sal marina, al tratarse de una sal que no ha sido manipulada, conserva intactas sus propiedades nutricionales ayudando tanto a fortalecer las defensas como a mejorar los estados depresivos. Proviene de la evaporación del agua del mar y al no someterse a ningún procesamiento industrial, sus propiedades permanecen intactas y aporta al organismo todos los minerales que necesitan nuestras células. Entre sus propiedades citaremos que ayuda a alcalinizar el organismo, fortalece el sistema inmunitario, alivia los dolores musculares, protege la salud cardiovascular (controlando los niveles de colesterol, y la presión arterial), optimiza las funciones cerebrales, ayuda a dormir mejor y mejora la digestión, a la vez que previene el envejecimiento prematuro.

Las sales de Epsom (sulfato de magnesio) se deben usar con moderación y si padeces alguna enfermedad, has de consultar con tu médico antes de utilizarlas. Nunca las uses en demasía, es decir, no más de una o dos veces al mes. Como son gruesas, actúan como un eficaz exfoliante para la piel en general al frotarlas sobre la piel húmeda, también se puede usar en los pies eliminando así las células muertas y dando brillo a la piel. Además ayudan a calmar dolores y molestias y a tratar las infecciones por hongos.

Las sales son antiinflamatorias, ayudan a eliminar toxinas y son relajantes. Además al combinarlas con el bicarbonato de sodio, favorecemos la eliminación de las células muertas que van acumulándose en las capas superficiales de la piel, el bicarbonato de sodio, además de ser antibacteriano, como ya hemos mencionado, es también antifúgico, por tanto nos ayuda si hay hongos en las uñas o en la piel.

Necesitarás:

        *Agua caliente suficiente para llenar el recipiente hasta donde necesitemos (entre 1 o 2 litros).

        * 6 cucharadas de sal del Himalaya o sales de Epsom (75 g). También se puede utilizar sal marina gruesa.

        * 5 cucharadas de bicarbonato de sodio (50 g)

        * 3 o 4 gotas de aceite esencial de lavanda (relajante), de árbol del té (antifúngico y antibacteriano), de menta o de limón (desodorizantes).

        * También puedes añadir flores de plantas aromáticas o hierbas medicinales. Esas bolsitas que enseñamos a preparar en el post anterior, tales como pétalos de rosa, de jazmín, alguna ramita de romero o salvia.

 
*Baño antiestrés, para relajarse.

Necesitarás:

        *Agua caliente suficiente para llenar el recipiente hasta donde necesitemos (entre 1 o 2 litros).

        * 2 cucharadas de sal.

        * 5 cucharadas de bicarbonato de sodio (50 g).

        * 5 gotas de aceite esencial de lavanda (relajante), agua de azahar y unas hojas de tila.

        Si quieres convertirlo en un baño energético, añade al agua sal, unas rodajas de limón o naranja, jengibre y el zumo de dos limones o naranjas.
 
 *Baño para pies doloridos
 
Necesitarás:

        *Agua caliente suficiente para llenar el recipiente hasta donde necesitemos (entre 1 o 2 litros). En verano se puede hacer con agua fría, añadiendo 2 bandejas de hielo al agua.

        * 2 gotas de aceite esencial de eucalipto, 2 gotas de aceite esencial de romero y 1 gota de aceite esencial de lavanda. Añadir una pastilla efervescente de vitamina C desmenuzada.

        * Tras el baño sería conveniente aplicar una crema antiinflamatoria que contenga harpagofito y árnica. También puedes hacer una infusión de harpagofito y árnica y añadirla al agua para extraer del baño de pies directamente sus propiedades medicinales.


*Baño para pies con sudoración
 
Necesitarás:

        *Agua templada

        * 3 gotas de aceite esencial de ciprés, 2 gotas de salvia, 1 gota de limón o rodajas de limón.

        * Añadir unas gotas de aceite esencial de árbol del té si hay algún tipo de infección, uñas dañadas u hongos.

        Dejar los pies en el agua durante 15 o 20 minutos.

Si la sudoración es muy abundante se puede hacer este baño una vez por semana. Se puede añadir al agua una infusión de té negro que ayuda a eliminar las bacterias y a cerrar los poros debido a su alto contenido en taninos. La duración de este baño de pies será de 30 minutos. Suele ser muy apropiado para los adolescentes, que con los cambios hormonales presentan sudoración en los pies.

Recuerda que un baño de pies siempre es un placer y un regalo que nos podemos hacer a menudo, pues aunque vivamos en zonas donde el agua es un bien escaso y haya que prestar atención a su consumo, se necesita usar muy poca para preparar un pediluvio revitalizante, relajante y con una pizquita de magia. Utiliza las plantas/flores que más te gusten, aquellas a las que estés habituada, las que conozcas y sepas de ante mano que funcionan bien para ti. Añadir aceites esenciales es terapéutico y un placer extra que trabajará también como aromaterapia abriendo tus vías respiratorias. Poner unas cuantas canicas o cantos rodados para masajear las plantas de los pies es un extra elevando a la décima potencia. Lo hagas como lo hagas, hazlo y disfrútalo mucho. 

Regálate pequeños placeres en la vida que te hagan sentir bien, porque si tú no estás bien, todo lo que se sostiene en ti, tampoco lo estará.

©Paqui Sánchez

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¡¡¡Gracias!!! ¡¡¡Bendiciones!!!


©Paqui Sánchez