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viernes, 29 de mayo de 2020

CÓMO PREPARAR OLEATOS



Cómo preparar Oleatos

Se llama oleatos o infusión de hierbas, a los macerados hechos con diferentes plantas medicinales y/o aromáticas y aceites vegetales, ya sean de oliva, de almendras, de germen de trigo, de girasol, de coco…

Estos aceites macerados u oleatos adquieren las propiedades de las plantas, flores o raíces que ponemos en ellos y pueden tener diversos usos tanto cosméticos como alimentarios.

Se pueden utilizar para la elaboración de cremas caseras, jabones, utilizarlos directamente para la hidratación de la piel o para masajes, para hacer peelings o cremas corporales, desmaquillante de ojos, desodorantes, ungüentos, bálsamos labiales, etc.


¿Qué necesitamos para hacer un macerado?

* Aceite, siempre de la mejor calidad que encontremos, de primera prensada en frío y si nos lo podemos permitir, ecológicos. Depende también del uso que le vayamos a dar al macerado.

* Hierbas aromáticas y/o plantas medicinales secas o frescas.

* Envases de cristal, bien limpios, esterilizados y secos, que se puedan cerrar bien. ¡Pueden ser reciclados!

El aceite elegido dependerá un poco de nuestra intención al hacer el macerado, siempre debe ser de buena calidad. Yo en este momento hago los macerados para hacer jabones, por tanto utilizo aceite de oliva hueso. Este aceite de oliva hueso, aun no siendo el más adecuado para el consumo alimentario porque es un aceite que no aporta nada a nivel nutricional; sin embargo, es el más idóneo para la fabricación de jabones. Es una mezcla al 50% de aceites de oliva vírgenes y de orujo. Por tanto nos estaría aportando para la piel todas las propiedades del aceite de oliva virgen y del hueso de la aceituna.

Si el macerado no va a ser usado para hacer jabones, yo utilizaría aceites de oliva vírgenes extra, o aceites de almendras dulces para las maceraciones enfocadas a masajes.

Las plantas que elijamos para macerar pueden ser tanto frescas como secas (o deshidratadas). Hay diversas teorías y dos posiciones con respecto a esto.

Hay quienes prefieren utilizar las plantas secas o deshidratadas, en este caso se evitaría que el agua que contienen las plantas frescas de forma natural pudiera estropear el aceite, pero el macerado resultante no sería tan activo como si se utiliza la planta fresca.

El riesgo principal de utilizar la planta fresca es que el aceite se pueda enmohecer, si esto ocurriera, este aceite fermentado no nos serviría porque perdería sus propiedades prístinas, pero aun así se podría reciclar y utilizar para hacer jabón para lavar la ropa. Sin embargo la planta fresca aporta todos sus principios vivos al macerado y el aceite obtenido con ellas será mucho más activo que el de las plantas secas.

Para prevenir la salida de moho durante el macerado hay quienes al usar la planta fresca añaden al aceite 1 centímetro aproximadamente de alcohol de 90 º (el Vodka puede ser una opción) y cubren la maceración con varias capas de tela de arpillera para que se evapore el alcohol fácilmente. También se podría dejar la planta después de recolectarla durante par de días antes de utilizarla para que así perdiera parte del agua.Por otro lado, una vez que el preparado está listo y durante el tiempo de maceración, es importante limpiar la tapa del envase para eliminar la humedad que pueda acumularse allí. Incluso se puede poner una telita entre la tapa y el envase para que absorba esa agua que pudiera condensarse con el calor.

Para ayudar a la planta a soltar sus principios activos en el aceite, es conveniente macharlas un poquito con un mortero antes de ponerlas en el tarro de cristal.

Elaboración de un macerado en aceite

Si las plantas son frescas, se pueden trabajar un poco con el mortero para ayudar a que suelten con mayor rapidez sus principios activos al entrar en contacto con el aceite. Con plantas frescas rellenaremos el envase elegido una tercera parte y después cubriremos con el aceite elegido hasta que queden totalmente cubiertas, incluso que el aceite sobrepase un centímetro a las plantas.

Si las plantas que elegimos son secas llenaremos tres cuartas partes del envase y cubriremos igualmente con el aceite. Las plantas han de quedar totalmente cubiertas por el aceite, sin que sobresalga ninguna.

Nos ayudamos con una cuchara de madera para moverlas un poquito y cuidar siempre que queden bien sumergidas en el aceite. Tanto en el momento de envasarlas como cuando agitemos o movamos los días sucesivos los macerados. Nos daremos cuenta de que las plantas o flores tienen tendencia a “flotar”, por eso es importante intentar que queden bien sumergidas. Cerramos bien el tarro y listo.

El siguiente paso es etiquetar los envases con los macerados. Ponemos la fecha, la planta que hemos decidido macerar y en qué tipo de aceite lo hemos hecho y si las plantas son frescas también podemos añadir el lugar de donde han sido recolectadas.


Tipos de maceración

* Proceso en frío

El método tradicional de macerado, que es el que me parece más natural y el que más me gusta, es el del proceso en frío. Se trata de poner estos tarros de cristal ya preparados y bien cerrados a una exposición de “luz y sombra”. Esto quiere decir que pondremos los tarritos en un lugar donde reciban tanto la luz del sol como la de la luna y las estrellas. Como se suele decir al sol y al sereno.

El tiempo de macerado sería de unos 40 días aproximadamente. Hay varias opciones. Los tarritos con los oleatos se pueden dejar durante todo el tiempo a esa exposición de “luz y sombra”, ya que la diferencia térmica de temperatura entre el día y la noche hará que las hierbas y plantas que utilicemos para macerar el aceite se dilaten y contraigan pudiendo soltar así sus principios activos en el aceite. También hay quien deja unos días los preparados fuera y después los guarda en un lugar fresco y seco. Hay quien decide que es mejor tapar los frascos y los cubren con telas o papel para protegerlos del sol directo… Cada uno debe hacer como sienta. Para mí la mejor opción es dejarlos al sol/sereno durante los 40 días, pues siempre me ha dado los resultados más óptimos.

Durante el tiempo que los oleatos están en maceración, deben moverse a diario con una cuchara de madera, o agitando ligeramente el tarro, para ayudar a que las plantitas dejen sus principios activos en el aceite. La mejor opción, abrir el tarrito, secar las gotitas que se habrán formado por dentro de la tapadera (por la condensación del calor) con papel absorbente o un paño de algodón y mezclar cuidadosamente con una cuchara o palito de madera poniendo atención al terminar en sumergir bien las plantas para que queden bien cubiertas con el aceite.

Cuando se utilizan plantas frescas, a mitad más o menos del tiempo de maceración, estas se pueden cambiar por nuevas.

Pasado el tiempo de maceración, procederíamos a filtrar muy bien el aceite para quitar toda la parte de hierba o flor en la que hemos macerado nuestro aceite y lo reservaríamos en una botella o recipiente de cristal, a ser posible opaco. Volvemos a etiquetar nuestra botella con la fecha y el aceite en el que hemos macerado y en con qué planta se hizo el oleato. Se guarda en un lugar seco, fresco y oscuro, para su mejor conservación y evitar así que pueda enranciarse.

Para hacer los jabones, no es necesario que el filtrado sea demasiado exhaustivo, sobre todo si queremos enriquecer nuestro jabón con parte de las plantas que hemos utilizado para la maceración.

* Proceso en caliente

Otro modo de hacer macerados o aceites en infusión de hierbas más rápidamente, sobre todo cuando no se dispone de esos 40 días de espera, sería haciendo el preparado como hemos indicado y acelerar el proceso de macerado en caliente. Hay varias formas de hacerlo.

* En el lavavajillas: una vez que tenemos nuestro tarro con el aceite y las hierbas o plantas elegidas, cerramos bien el tarro y lo meteríamos en el lavavajillas, en un programa cuya temperatura alcance los 50 ó 60ºC. Después de un par de horas aproximadamente que es lo que dura el lavado, el aceite macerado estaría listo para ser utilizado.

* Al “baño maría”: Vertemos en un bol de vidrio (tipo pirex) tanto el aceite como la planta y ponemos a fuego bajo. Dejaremos calentar unos 20 minutos aproximadamente (hay quienes dicen que debe estar unas dos o tres horas). El bol no debe tocar el agua. Hay que ir removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera. No hay que taparlo.

Es también muy importante que la temperatura nunca supere los 40 ºC para que el aceite vegetal que vayamos a usar no pierda sus propiedades.

Pasado este tiempo, filtramos bien y envasamos como en el proceso en frío.

* En el horno: Dejar durante unas 3 horas el aceite y la planta en un envase de cerámica o cristal dentro del horno a temperatura suave. Algunas fuentes recomiendan primero poner un envase encima de una estufa y luego meterlo en el horno.

* Directamente en el fuego: Echar el aceite y la planta en una cacerola, dejarlo calentar suavemente al fuego bajo durante 3 horas. Debemos estar pendientes constantemente del preparado, ya que debemos evitar que se fría la planta y se eche a perder el aceite. La temperatura debe estar en torno a los 40ºC.

* En una yogurtera: Poner la maceración dentro de una yogurtera durante varios días.

Si se utilizan estos métodos en caliente, es recomendable, si se puede, dejar el aceite y la planta en maceración un día o dos al menos antes de filtrarlo y envasarlo.

Mi recomendación es trabajar siempre que se pueda con el proceso en frío, la planta no se daña, el aceite tampoco y absorbe más y mejor los principios activos de las plantas. Es un método más natural. Sin embargo, si maceramos raíces, el método en caliente sí sería adecuado, porque la raíz es mucho más dura y resistente que el resto de la planta y no se daña con tanta facilidad. Si se maceran raíces, es conveniente molerla para facilitar el aporte de sus principios activos al aceite.

Si se quiere un aceite con mayor aroma o más enriquecido, una vez terminado el proceso de maceración, este se colaría y se volvería a poner con más plantas siguiendo el mismo proceso.

El aceite de oliva tiene un color y un olor más intenso que por ejemplo el de almendras dulces, esto hemos de tenerlo en cuenta según el uso que le vayamos a dar al aceite resultante, así podemos elegir lo que más nos conviene.

Los aceites que obtenemos de los macerados también se pueden enriquecer con las propiedades de aceites esenciales, dependiendo una vez más del uso que les vayamos a dar.

Los aceite tras la maceración pueden durar varios meses sin enranciarse, pero para asegurar su duración, si no los vamos a gastar de forma inmediata, podríamos añadir unas gotas de aceite de germen de trigo que sirve como conservante natural o bien unas gotas de vitamina E.

Si lo que deseáis es aromatizar vuestros aceites para aderezar ensaladas, para las tostadas de pan, etc. no es necesario todo este proceso, bastaría con añadir un poco de la planta que queráis que aromatice vuestro aceite, ajo, cayena, pimienta, romero… a vuestro aceite y dejarlo dentro del aceite (agitando suavemente un par de veces o tres al día durante unos días) para que el aceite tome los aromas y propiedades de las plantas, pero no sería como un macerado que dejaríamos al sol y sereno. La planta puede dejarse dentro del tarrito hasta su consumo sin ningún problema.

* Nota de la autora: Este extracto es parte (adaptada) de un librito que preparé hace un tiempo para enseñar el proceso de creación de jabones artesanales en frío. Espero y deseo que disfrutéis preparando vuestros macerados.

©Paqui Sánchez

©Paqui Sánchez


lunes, 30 de diciembre de 2019

BAÑOS TERAPÉUTICOS DE PIES O PEDILUVIOS


Baños terapéuticos de pies o pediluvios

Los pies, en general los más castigados, los grandes olvidados, los más maltratados, los menos cuidados, los menos mimados, los más necesitados.

Están ahí, sí, son muy, muy, pero que muy necesarios; sin embargo, pocas veces les prestamos la atención que merecen, de hecho en la mayor parte de  las ocasiones cuando tomamos un baño o una ducha, ni tan siquiera los lavamos, como están ahí abajo y pensamos que se lavan con lo que cae de arriba, ni los enjabonamos, ni los masajeamos, ni los atendemos… nada de nada.

Les ponemos zapatos que aprietan, que rozan, que molestan, que duelen, que los hieren, pero por otra parte estilizan, hacen que parezcamos más altas, más elegantes, más soberbias y son monísimos. ¿A quién no le gustan unos zapatos de tacón? ¡A mí me encantan! Verlos, me encanta verlos, pero no puedo llevarlos, nunca he podido y eso que debido a mi escasa altura física no me vendrían mal unos buenos taconazos, sin embargo, nunca he podido usarlos, soy práctica y muy cómoda con relación a mi calzado, si aprieta, si constriñe el pie, si me deja sin respiración, si no puedo caminar con ellos, no son para mí, por muy bonitos que sean.

Pobrecitos nuestros píes, los que nos llevan a todas partes, los que nos sostienen sobre la Madre Tierra, los que soportan nuestro peso, los que nos guían y a veces, toman por sí solos la decisión de llevarnos por un camino u otro cuando somos o nos mostramos ajenos a nuestro propio presente, a nuestra realidad. Estamos tan distraídos que no nos damos cuenta de que al final de nuestras extremidades inferiores tenemos dos regalos increíbles que pasan desapercibidos y están desatendidos la mayor parte del tiempo.

Por eso decidí que merecían un artículo propio y no incluí los baños de pies en la publicación anterior.

¿Por qué son importantes nuestros pies?

Además de por todo lo dicho y porque son los que nos sustentan, porque en ellos se hayan todas las terminaciones nerviosas del cuerpo y el reflejo de todos los órganos del mismo y si les dedicáramos un poquito de atención, mimos y cuidados, nuestra salud, en general, mejoraría. Evidentemente, un buen majase de pies, un tratamiento de reflexología, unos cuidados extra y unos baños de pies, son muy reconfortantes. Sin embargo, si aparece alguna dolencia importante, debemos acudir al médico, para que os recomiende el tratamiento más adecuado para nuestro problema. Estos consejos o recomendaciones, no sustituyen en absoluto el posible tratamiento que un profesional de la salud nos pueda preescribir. Podrían, eso sí, ser un beneficio extra, por tanto, ante cualquier duda, se debe siempre consultar con la opinión del facultativo correspondiente. Hablaremos de las sales Epsom en este artículo, pero no son apropiadas para todas las personas, por eso en ocasiones necesitamos que los casos particulares que puedan conllevar enfermedades o dolencias concretas, sean revisados por el médico antes de aplicar determinados tratamientos.

¿Para quiénes son aconsejables estos baños medicinales o pediluvios?

En general, para todas las personas adultas y también para los adolescentes, aunque hablaremos de diferentes tipos de baños de pies y cada cual habrá de elegir en función de sus necesidades o dolencias. Pero yo diría que estos baños de pies son especialmente aconsejables para las personas mayores, que quizá no tengan mucha movilidad y encuentren dificultades para darse un baño o poder estar de pie el tiempo suficiente como para soportar una ducha completa. Recuerdo cuando mis abuelos ya no eran capaces de aguantar esas duchas, conseguimos una silla que se metía dentro de la bañera y se podían sentar mientras sus hijos les ayudaban a asearse. Pero también recuerdo que llegó un momento que ya no eran capaces de levantar sus piernas lo suficiente como para poder entrar en la bañera por sí mismos y hubo que hacer reformas para cambiar las bañeras por duchas, aún así, puede llegar a ser complicado. Atender a nuestros mayores es en cierto sentido, retribuir todo lo que ellos hicieron por nosotros cuando tampoco éramos capaces de valernos por nosotros mismos. Hace poco leí algo que me tocó muy dentro hablando de la relación de padre a hijo, decía algo así, “no fue sacrificio, todo lo que hice por ti, lo hice por amor”. Pues creo que llega un momento en la vida en el que los roles se invierten y quieres nos dieron tanto amor para hacer de nosotros las personas que somos hoy en día, merecen que se les retribuya ese “amor” y que cuando nos toque cuidar a nuestros mayores pensemos lo mismo, “no es un sacrificio, lo hago por amor, con el mismo amor que tú me diste la vida y me orientaste lo mejor que pudiste para que fuera la persona que soy en este momento”.

 Mi amigo Aldo Tolosa me cuenta cómo lo hace él con su papá o con aquellas personas que conoce que tiene piernas cansadas. Él llena un recipiente con agua caliente, lo suficiente como para cubrir los pies de la persona, añade sal, bicarbonato y vinagre, que actúan como antisépticos y antifúngicos (excelentes para combatir los hongos en los pies y uñas) y también  pone dentro del recipiente canicas o cantos rodados pequeños. Así, mientras la persona mayor o con piernas cansadas está sentada cómodamente en su sillón viendo la televisión, leyendo un libro, escuchando música, meditando, etc., va jugando con los cantos rodados o esas canicas, masajeando sus pies, relajándose y beneficiándose de la terapia sin darse cuenta.

El vinagre de manzana ayuda a relajar los pies, a aliviar los pies cansados, a minimizar las grietas y callos y es un gran remedio para combatir las infecciones fúngicas y el tan conocido “pie de atleta o tiña del pie”.

El bicarbonato funciona muy bien cuando hay callos en los pies, es fácil que la piel se endurezca en determinada zonas del pie debido al roce de los zapatos. Además ayuda a combatir los hongos en las uñas pues tiene propiedades antisépticas, antifúngicas, alcalinizantes y desodorizantes. Hay quienes opinan que no es el producto más adecuado para el tratamiento de infecciones en las uñas o la piel ya que no equilibra su ph ni ataca solo a los hongos sino que reseca y descama la zona exponiéndola a mayores complicaciones. Por eso es muy recomendable secar bien el pie después de utilizarlo en el pediluvio y utilizar alguna crema hidratante o aceite de coco para hidratar los pies tras el baño.

Gracias de nuevo querido Aldo por compartir conmigo tan amablemente tus experiencias y sabiduría.


 
¿Cómo preparar un baño terapéutico de pies? ¿Qué necesitamos?

Imagina que llegas a casa después de una dura jornada de trabajo, o que has tenido un día complicado o simplemente estás cansada o quieres darte unos mimos... ¿Qué es lo más fácil y rápido que puedes hacer para relajarte y empezar a sentirte bien de forma inmediata? Prepararte un baño de pies. En el mercado hay maquinitas que dan masajes de pies, pero no es necesario gastar dinero para poder beneficiarnos de un buen baño de pies.

* Necesitarás un barreño o recipiente lo suficientemente grande como para poder poner tus pies dentro.

* Preparar un par de toallas, una para poner debajo del recipiente y así evitar que el agua pueda caer al suelo y no nos resbalemos cuando hayamos terminado el baño y la otra para secarnos bien nuestros pies.

* Los ingredientes que vayas a utilizar según el baño de pies que vayas a prepararte.

* Cantos rodados o canicas si además del baño de pies, quieres trabajar con pequeñas presiones sobre la planta para que sea mucho más efectivo.

¿Cómo preparamos nuestro pediluvio?

Cuando vayamos a hacer el baño de pies, es importante que antes lavemos nuestros pies para quitar la posible suciedad y sudor que pueda haber en ellos ¡o las pelusillas que suelen dejar los calcetines! Así, no habrá en ellos impurezas que dificulten el tratamiento.

Los baños pueden durar entre 20 y 30 minutos.

Un consejo es frotar los pies entre sí para ayudar a la eliminación de esas pieles muertas que están en las capas superficiales de la piel, también se puede utilizar un guante de crin o una piedra pómez para ayudarnos en esta labor de exfoliación.

Una vez terminado el baño, hay que secar bien los pies y entre los dedos para que no se haga ninguna grieta.

Puedes ponerte alguna crema hidratante aprovechando la ocasión y darte un pequeño masaje. Tus pies te lo agradecerán y el resto de tu cuerpo también.

Evidentemente, hemos de preparar el entorno del lugar donde vamos a hacer ese baño de pies. Me refiero a que podemos armonizarlo encendiendo alguna vela aromática, prendiendo algún tipo de sahumerio y también podemos poner música relajante.



 Tipos de baños medicinales o terapéuticos de pies (algunos de ellos los he encontrado en las redes sociales en diferentes artículos que he consultado para redactar este post).

*Baño desintoxicante

Para este tipo de baño necesitaremos sal, puede ser sal del Himalaya, sal marina gruesa o sales de Epsom. 

La sal del Himalaya es un tipo de sal mineral con más de 84 minerales y oligoelementos, entre los que podemos destacar: calcio, potasio, magnesio, hierro, manganeso, hierro, flúor, yodo, zinc, cromo, cobre, cobalto, óxido de sulfuro y oro.  Tiene un contenido del 98% de cloruro sódico lo cual la convierte en sal no refinada y en una de las más puras del planeta y beneficiosas para la salud. Procede de la halita y suele extraerse de las montañas de Pakistán, en la región de Punjab, es uno de los campos de sal más ricos y extensos de la tierra. Entre sus beneficios podemos citar que regula la presión arterial, previene calambres y tirones musculares, contribuye a fortalecer la masa ósea, equilibra el ph de la piel disminuyendo los signos de envejecimiento de la misma y funciona como un antihistamínico natural. Ayuda con la retención de líquidos, combate las migrañas, ayuda a conciliar el sueño, a potenciar el apetito sexual y favorece el buen funcionamiento del sistema respiratorio. 

Deben su color rosado/rojizo a la alta presencia de hierro entre sus componentes.

La sal marina, al tratarse de una sal que no ha sido manipulada, conserva intactas sus propiedades nutricionales ayudando tanto a fortalecer las defensas como a mejorar los estados depresivos. Proviene de la evaporación del agua del mar y al no someterse a ningún procesamiento industrial, sus propiedades permanecen intactas y aporta al organismo todos los minerales que necesitan nuestras células. Entre sus propiedades citaremos que ayuda a alcalinizar el organismo, fortalece el sistema inmunitario, alivia los dolores musculares, protege la salud cardiovascular (controlando los niveles de colesterol, y la presión arterial), optimiza las funciones cerebrales, ayuda a dormir mejor y mejora la digestión, a la vez que previene el envejecimiento prematuro.

Las sales de Epsom (sulfato de magnesio) se deben usar con moderación y si padeces alguna enfermedad, has de consultar con tu médico antes de utilizarlas. Nunca las uses en demasía, es decir, no más de una o dos veces al mes. Como son gruesas, actúan como un eficaz exfoliante para la piel en general al frotarlas sobre la piel húmeda, también se puede usar en los pies eliminando así las células muertas y dando brillo a la piel. Además ayudan a calmar dolores y molestias y a tratar las infecciones por hongos.

Las sales son antiinflamatorias, ayudan a eliminar toxinas y son relajantes. Además al combinarlas con el bicarbonato de sodio, favorecemos la eliminación de las células muertas que van acumulándose en las capas superficiales de la piel, el bicarbonato de sodio, además de ser antibacteriano, como ya hemos mencionado, es también antifúgico, por tanto nos ayuda si hay hongos en las uñas o en la piel.

Necesitarás:

        *Agua caliente suficiente para llenar el recipiente hasta donde necesitemos (entre 1 o 2 litros).

        * 6 cucharadas de sal del Himalaya o sales de Epsom (75 g). También se puede utilizar sal marina gruesa.

        * 5 cucharadas de bicarbonato de sodio (50 g)

        * 3 o 4 gotas de aceite esencial de lavanda (relajante), de árbol del té (antifúngico y antibacteriano), de menta o de limón (desodorizantes).

        * También puedes añadir flores de plantas aromáticas o hierbas medicinales. Esas bolsitas que enseñamos a preparar en el post anterior, tales como pétalos de rosa, de jazmín, alguna ramita de romero o salvia.

 
*Baño antiestrés, para relajarse.

Necesitarás:

        *Agua caliente suficiente para llenar el recipiente hasta donde necesitemos (entre 1 o 2 litros).

        * 2 cucharadas de sal.

        * 5 cucharadas de bicarbonato de sodio (50 g).

        * 5 gotas de aceite esencial de lavanda (relajante), agua de azahar y unas hojas de tila.

        Si quieres convertirlo en un baño energético, añade al agua sal, unas rodajas de limón o naranja, jengibre y el zumo de dos limones o naranjas.
 
 *Baño para pies doloridos
 
Necesitarás:

        *Agua caliente suficiente para llenar el recipiente hasta donde necesitemos (entre 1 o 2 litros). En verano se puede hacer con agua fría, añadiendo 2 bandejas de hielo al agua.

        * 2 gotas de aceite esencial de eucalipto, 2 gotas de aceite esencial de romero y 1 gota de aceite esencial de lavanda. Añadir una pastilla efervescente de vitamina C desmenuzada.

        * Tras el baño sería conveniente aplicar una crema antiinflamatoria que contenga harpagofito y árnica. También puedes hacer una infusión de harpagofito y árnica y añadirla al agua para extraer del baño de pies directamente sus propiedades medicinales.


*Baño para pies con sudoración
 
Necesitarás:

        *Agua templada

        * 3 gotas de aceite esencial de ciprés, 2 gotas de salvia, 1 gota de limón o rodajas de limón.

        * Añadir unas gotas de aceite esencial de árbol del té si hay algún tipo de infección, uñas dañadas u hongos.

        Dejar los pies en el agua durante 15 o 20 minutos.

Si la sudoración es muy abundante se puede hacer este baño una vez por semana. Se puede añadir al agua una infusión de té negro que ayuda a eliminar las bacterias y a cerrar los poros debido a su alto contenido en taninos. La duración de este baño de pies será de 30 minutos. Suele ser muy apropiado para los adolescentes, que con los cambios hormonales presentan sudoración en los pies.

Recuerda que un baño de pies siempre es un placer y un regalo que nos podemos hacer a menudo, pues aunque vivamos en zonas donde el agua es un bien escaso y haya que prestar atención a su consumo, se necesita usar muy poca para preparar un pediluvio revitalizante, relajante y con una pizquita de magia. Utiliza las plantas/flores que más te gusten, aquellas a las que estés habituada, las que conozcas y sepas de ante mano que funcionan bien para ti. Añadir aceites esenciales es terapéutico y un placer extra que trabajará también como aromaterapia abriendo tus vías respiratorias. Poner unas cuantas canicas o cantos rodados para masajear las plantas de los pies es un extra elevando a la décima potencia. Lo hagas como lo hagas, hazlo y disfrútalo mucho. 

Regálate pequeños placeres en la vida que te hagan sentir bien, porque si tú no estás bien, todo lo que se sostiene en ti, tampoco lo estará.

©Paqui Sánchez

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¡¡¡Gracias!!! ¡¡¡Bendiciones!!!


©Paqui Sánchez