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Somos puentes de Luz que unen la Tierra con el Cielo

Somos puentes de Luz que unen la Tierra con el Cielo

martes, 27 de septiembre de 2022

SEPTIEMBRE

 

Septiembre

Llega septiembre y como es un mes que me inspira, no puedo dejarlo pasar sin dedicarle unos pensamientos que llevan macerando en mí unas semanas.

Me gustan esos meses en los que se produce un cambio de estación porque observar a la Madre Tierra hacer sus transiciones con sencillez, humildad y sutileza siempre es un gran aprendizaje y una infinita delectación.

Si además se me permite elegir entre esos meses en particular, sin ninguna duda, me quedo con aquellos en los que tienen lugar los equinoccios, especialmente con septiembre.

Todo comienza con el cambio de color y posición de la luz y del Sol como su transmisor. La luz va perdiendo potencia y ese brillo intenso que lució durante el verano para tornarse más cálida, adquiere tonalidades ocres, doradas, tierra, siena, más dulces y acarameladas. La luz va menguando cediendo paso a la oscuridad que se cierne tintando los cielos con pinceladas añiles y violetas a media tarde. Este cambio que se produce en la luz del sol es una invitación que nos hace la propia vida a iniciar ese camino hacia dentro, para volvernos más contemplativos y observadores de todo cuanto nos rodea y, principalmente, de nosotros mismos. Es como si la luz externa se diluyera para que centremos nuestra atención en esa llama interna prendida en nuestro corazón y la alimentemos y avivemos para que su fulgor titilante no decaiga, sino que se active hasta alcanzar la consciencia y poder acariciarla con las yemas de su llama.

Si hay algo que no me gusta de este equinoccio en particular es que la luz disminuye drásticamente, la energía excelsa del verano se calma dando paso a un estado de sosiego, paz y quietud, tan necesario para iniciar el proceso de integración de todo lo aprendido. Es una etapa de “pre-muerte” en la que tanto la luz como la energía eximia del estío comienzan a decaer acercándonos a ese invierno oscuro y lúgubre en el que todo parece haber perdido la vida hasta que vuelve a despertar con la llegada de la luz y la nueva primavera. Concluyen los excesos y comienza un período de cambio que nos ayuda a hacer el camino más liviano. Soltamos no solo cosas físicas, sino también ideas, pensamientos, proyectos, personas… dejando así espacio suficiente para el vacío, para el silencio, para que lo nuevo nos sorprenda.



Las hojas tornasoladas de variopintos tonos ocres, dorados, naranjas y rojos, cuando están preparadas, se sueltan de su peciolo y caen de las ramas de los árboles en una perfecta coreografía llena de magia y elegancia dejándolas desnudas para su regeneración. Sin embargo, no terminan ahí su ciclo, al caer, alfombran el suelo dejándolo aterciopelado y crujiente y continúan su transformación para convertirse en abono orgánico que contribuirá a dar nutrientes al árbol del que cayeron para que prosiga el ciclo de la naturaleza y en primavera verán brotar nuevas hojas que poblarán de nuevo al árbol con generosa abundancia. Y todo lo hacen sin ningún esfuerzo, sin sentirse aisladas, solas u hojas, sino siendo parte del mismo proceso. No necesitan identificarse, no necesitan competir, no necesitan ser más que lo que son, parte de un proceso que sigue siendo UNO. La hoja sigue siendo árbol, el árbol sigue siendo bosque, el bosque sigue siendo Tierra, la Tierra sigue siendo universo, el universo sigue siendo consciencia expandida y así, la hoja es consciencia.

Me embelesa la paleta de colores que nos regala el otoño, observar el cambio de coloración de las hojas es fascinante.

A propósito, ¿sabes por qué las hojas cambian de color? Las hojas son verdes debido a la clorofila, pigmento que participa en la fotosíntesis, al reducirse las horas de sol la savia que llega a las hojas disminuye y se produce menos clorofila y una menor transpiración. Por otro lado los carotenoides, que también son un pigmento que forman parte de la fotosíntesis, son más estables que la clorofila y es por ello que ganan protagonismo durante el otoño tiñendo las hojas de tonos amarillos. Los tonos ocres, rojos y marrones provienen de las antocianinas que son unos pigmentos que se producen en otoño, para ello necesitan algo de luz y de los depósitos de azúcar que las hojas fabrican y se acumulan en este momento del año.

Llegados a este punto, tal vez es momento de integrar que las cosas no necesitan de tanto esfuerzo y sacrificio, con el dolor y sufrimiento que conlleva de por sí el esfuerzo, sino más bien de pasión, dedicación y aceptación. De vernos más como un todo que como individuos separados además en diversos “yoes” desconectados entre sí. Tal vez es momento de unión y no de seguir dividiendo, compitiendo e individualizando. Es momento de apoyarnos, de cuidarnos y de trabajar juntos, en equipo, aportando cada uno lo mejor de sí para alcanzar objetivos comunes. Mientras sigamos sintiéndonos separados, seguiremos dificultando el camino de regreso.

Septiembre es el mes donde muchas etapas terminan para dar paso a nuevos comienzos en los que establecer rutinas nuevas, volver a mirar hacia adentro y acompañarnos en la fascinante tarea de mirarnos con honestidad y humildad, de observarnos con respeto, amor y aceptación, de confiar en que todo lo que necesitamos está ya en nosotros y sentir a ese alquimista que llevamos dentro ejercer su magia para nuestra propia autotransformación.

Cuando te permites transformarte, sucede algo maravilloso en ti, se produce un cambio a niveles tan profundos, que ya no vuelves a ser más quien eras, no volverás a pensar más con los límites mentales que pensabas. Tu mente se conectará a nuevos pensamientos, a nuevas energías y te sentirás vibrar de manera diferente, más consciente, más atenta, más amorosa, más sensible, más viva.

Estamos más muertos que vivos porque tenemos miedo a sentir. Probablemente pensamos que si nos permitiéramos sentir nos volveríamos más vulnerables y estaríamos expuestos a tener que experimentar las emociones y todo lo que éstas nos provocarían. Sería como desnudar el alma, sincerarse con uno mismo, quedarse expuesto a nuestro propio pensamiento y eso no todo el mundo está dispuesto a afrontarlo. ¿Sincerarme conmigo misma? ¿Dejar de engañarme con excusas banales para “sentir” y poder elegir dejar de sufrir? ¿Ser capaz de elegir apasionarme por aquello que hago en lugar de esforzarme por conseguir metas porque nos han dicho que “todo esfuerzo tiene su recompensa”? No, no todo el mundo está dispuesto a querer transformarse y seguramente nos digamos a nosotros mismos que es que no queremos “sufrir”, ni “pasarlo mal”. Esas son algunas de las excusas que nos damos, sin apercibirnos que justo es lo que estamos haciendo, “sufrir” y “pasarlo mal” por no querer sentir y vivir la experiencia de ese sentir aceptándola como venga. Si trae lágrimas, lloramos y abrazamos el dolor o la tristeza que nos traiga, si nos despierta alegría, vivimos esa alegría… Eso es vivir, eso sería estar vivo, sentir sin etiquetas y abrazar cualquier estado emocional que ese “sentir” nos aporte.

Vestimos ropa muerta, comemos comida muerta, tenemos trabajos muertos… ¿Y decimos que tenemos miedo a la muerte? Yo creo que a  lo que realmente tememos es a la vida. A vivir de verdad, con emoción, con entusiasmo, con pasión. Todo aquello a lo que no le imprimamos una buena dosis de pasión, entusiasmo y alegría, está muerto a nuestro alrededor.

Seguramente, la mayoría, estamos aún enganchados a ese pensamiento de que si evitamos sentir, todo lo que no nos gusta se va a alejar de nosotros, como si al no querer verlo y rechazarlo pudiera desaparecer, como si pudiéramos huir de aquello que nos asusta, que no nos gusta o que no queremos aceptar. No somos conscientes de que hasta que no aceptemos sentir lo que nos provoca todo ese miedo a sentir, hasta que no nos enfrentemos a ello, y al decir “enfrentar”, me refiero a poner frente a nosotros todo aquello de lo que huimos o de lo que queremos escapar; aquello que queremos evitar irá con nosotros donde quiera que vayamos.

Vamos a poner un ejemplo, por si no llegamos a entender bien lo que quiero expresar.

Imagina que en tu infancia sufriste algún maltrato por parte de las personas encargadas de cuidarte. Para no ir más allá, vamos a suponer que te agredían verbalmente, “no vales para nada”, “eso así no se hace”, “todo lo haces mal”, “eres una inútil”, “nunca vas a conseguir nada en la vida”… y otras perlas del estilo. Imagino que este tipo de comentarios repetidos a lo largo de los años consiguen hacer mella en la persona, seguramente su autoestima y confianza estén gravemente afectadas y mermadas. Bueno, no lo imagino, lo sé.

¿En qué tipo de persona te puedes haber convertido?

Puede que en una persona pasiva, derrotista, deprimida, sin ilusión. Te creíste todo lo que te dijeron, creciste sintiéndote inferior a los demás, sin un ápice de autoestima y en ese camino de insatisfacciones, en algún momento decidiste que nada valía la pena, te rendiste desde el principio, tal vez ni siquiera te rindieras, simplemente ni lo intentaste. Podrías pasarte tu vida culpando a tus padres de tu falta de autoestima y confianza en ti misma y en la vida, ejercitando continuamente el rol de víctima y alimentándolo día a día sin hacer nada para cambiar tu situación. Si lo que duele se sigue escondiendo por temor a lo que nos pueda hacer sentir, si se siegue aplazando el momento de hacerlo presente, nunca conseguirás superarlo. Realmente no has conseguido nada en la vida (o eso crees) porque decidiste “vivir” sin pasión, ni dedicación: “total para qué si soy una inútil y una negada, si ya lo decía mi padre o mi madre…”. Y en apariencia todo te da igual, no sientes ilusión por nada, nada te apasiona ni te entusiasma, ¿o no? ¿Me estás diciendo que hay una vena rebelde en ti, que sí hay algo que te apasiona pero que te da miedo intentarlo por si no lo consigues y verificas así que eres una fracasada, tal como decía tu padre o tu madre? Si es así, todavía hay esperanza, quizá decidas transformarte en algún momento.

 Puede que seas una persona reactiva, que ese dolor que sentías cuando te maltrataban verbalmente se haya transformado en rabia y esa rabia te haya hecho excesivamente reactiva, excesivamente exigente y perfeccionista contigo misma y por ende, con los demás y que igualmente no consigues disfrutar de nada y no sientes ningún tipo de satisfacción cuando consigues aquello que te propones, porque hay una especie de vacío dentro que no se llena con los éxitos que consigues. Tienes lo mejor de lo mejor, porque has puesto en tu vida mucho esfuerzo y sacrificio y en apariencia todo te va genial y todo lo tuyo es lo mejor del mundo mundial, pero si eres sincera contigo misma, hay un vació ahí dentro… y por mucho que quieras llenarlo, taparlo, obviarlo o no mirar para no verlo, sigue estando ahí. Y de vez en cuando, cuando oyes a un progenitor decir a su hijo: “eres un inútil, no sirves para nada, todo lo haces mal, déjame a mí que sí que sé cómo se hacen las cosas”, algo se remueve en tu interior y vuelve esa rabia contenida que muerde y te desgarra por dentro. Sin embargo, cuando llega, respiras profundamente y te dices a ti misma: “Esto no va conmigo, yo lo he conseguido todo en la vida, tengo lo mejor y lo demuestro cada día. Estoy bien, todo está bien en mi vida, esto no ha pasado, pobre niño…, Ommm”. ¿Por qué no?, es una manera tan bonita y respetable como otra de seguir engañándote a ti misma. No pasa nada, es tu vida, tú decides.

Pero puede ser que seas ambas personas y que hayas sido tan inteligente que, en algún momento de tu vida, con tu baja autoestima, tu pasividad y tu carácter rebelde, tu dolor, tus lágrimas y tu sufrimiento, decidieras dejar de esforzarte para empezar a apasionarte y consiguieras transformarte. Cuando escuchaste a ese padre decir a su hijo que era un inútil, que no servía para nada, que todo lo hacía mal, en lugar de decir: “Esto no va conmigo”, te permitiste sentir. Dejaste que todo el dolor, el sufrimiento, la rabia, el rencor y las lágrimas brotaran de tu interior, que sí te reconocieras en ese niño, que ese padre y ese niño te hicieron el regalo de recordarte que tienes una herida abierta sangrante y dolorosa dentro de ti y que seguir engañándote a ti misma no era la solución. Cogiste a esa niña temblorosa y llena de miedo, te reconociste en ella, la abrazaste y la tranquilizaste haciéndole saber que ya no estaba sola, que tú, como adulta, ya estabas en disposición de hacerte cargo de la situación, que esos padres que te desprestigiaban y mataban tu alegría, tu entusiasmo y tu pasión con sus comentarios desafortunados, lo hicieron lo mejor que pudieron, que no sabían hacerlo mejor porque seguramente ellos escucharon todavía cosas peores de quienes les criaron. Era su estado consciencial en ese momento, era lo que sabían hacer, no sabían del daño ni el dolor que sus comentarios provocaban en ti, incluso puede ser que te hablaran así para motivarte, sí quizá no era la mejor manera de conseguirlo, pero era la que ellos tenían.

Que emocionante saberte dueña de ti misma por primera vez en tu vida, de aceptar tus sentimientos, tus miedos, de poder abrazar a esa niña y calmarla, pero con la verdad, con honestidad, no con más mentiras o acciones encubiertas para seguir eludiendo la vida. Que maravilloso perdonar y perdonarte, sentirte libre, permitirte sentir y darte cuenta de que ese vacío, aunque sigue ahí, ya no está tan vacío.

Cada día nos brinda situaciones, personas o momentos en los que hacernos conscientes de nuestro dolor y tenemos dos opciones, empujarlo al fondo de nuestra mente y obviarlo como si no hubiera pasado. O coger el regalo que nos trae el presente y darnos la oportunidad de sanar. ¿Cómo? Sintiendo, simplemente sintiendo sin juzgar las emociones que nos provoque, sentir el dolor y el sufrimiento, acompañarse en ese dolor, abrazarse en el dolor y aceptar el sufrimiento. Dejarlo fluir, dejarlo salir todo en el presente, desde el presente. Se tiene que vivir ese dolor una vez más para poder comprenderlo, asimilarlo, aceptarlo, perdonarlo y dejarlo ir. Y entonces ¿qué va a pasar?, ¿qué va a ser lo siguiente? No lo sé. Solo sé que es ahora, que la vida me está ofreciendo una oportunidad para vivirla de verdad, para ser honesta conmigo misma, para dejar de mentirme, de compadecerme… para conocerme, asumirme, transformarme y amarme. Y elijo decir sí, quiero vivir de verdad.

Quiero vivir mi propia vida, no la del vecino, del amigo, del hermano, del hijo… porque ellos sí son felices, tienen esto y lo otro… No me interesa seguir estando presente en la vida de los demás para vivir a través de ellos o de lo que yo imagino de ellos, no quiero seguir viviendo en el afuera, o seguir muerta en vida. Es momento de dedicarme tiempo de calidad a mí misma para descubrirme, para conocerme, para aceptarme, para amarme. Es momento de ser honesta conmigo misma, de dejar de mentirme, de vivir como si fuera una víctima… Quiero darme la oportunidad de hacerme consciente que soy humana y tengo una vida propia por delante para vivirla conectada con todo cuanto existe.

Entiendo que aquello de lo que huyo es justo la experiencia que necesito integrar en mi vida para completarme, al menos mi mente o mis pensamientos limitantes lo creen, porque yo ya sé que estoy completa en mí misma, es más, que no soy yo como individuo, sino que formo parte de un todo. Soy como esa hoja que se desprendía de su peciolo unas cuantas líneas hacia arriba sabiéndose no hoja, ni árbol, ni bosque, ni Tierra, ni universo, sino consciencia expandida. O esa gota de agua que se sabe océano sin identidad que la defina, ni separación que la haga especial o diferente.

Quizá no siempre sepa vivir mi vida como mi consciencia sabe que debe ser vivida, pero tampoco estaría viviendo aquí si no generara experiencias que me hicieran crecer y atisbar estadios de esa consciencia que todos somos y que me ayudan a recordar. A veces soy capaz de traspasar el velo de la inconsciencia y entonces me doy cuenta de que no existe un “yo” y por un segundo, desaparece el vacío.

Y me pregunto ¿cuántas mentiras nos han contado y cuántas seguirán intentando hacernos creer? ¿Hasta dónde va a ser capaz de llegar esta humanidad deshumanizada?

Y cuando pierdo la identidad, soy consciencia expandida y me río, sí, me regocijo en la alegría porque me doy cuenta de que todo esto es un cuento que nos hemos inventado y que algunos capítulos están muy mal contados, otros causan espanto y temor, pero también hay algunos que son absolutamente maravillosos.

No te creas nada de lo que te estoy contando, no dejan de ser mis ideas conectadas a mis pensamientos. O tal vez consigas descubrir alguna frase que no sea producto de mis pensamientos, sino de la verdad universal, de la consciencia que se ha filtrado por aquí… Eso sí, conéctate con tu ser y despierta. Permítete momentos de pérdida de identidad y disfruta de lo que verdaderamente eres, tráelo a la consciencia y acompáñate en tu propia transformación.

¡Deja que suceda!

Despréndete del miedo que te provoca la incertidumbre de no saber responder a la pregunta: “¿Qué va a pasar ahora?”, confía y ríndete a vivir cada experiencia como llega, sin oponer resistencia, siendo honesta contigo misma, sintiendo y abrazando tu sentir sea cual sea.

No permitas que te venza el miedo, ni que otros intenten controlarte, dominarte o coartar tu libertad con miedo.

Sé inmensamente feliz en cada uno de tus estados de ánimo, todos son perfectos, solo tienes que respetarlos y aceptarlos.

Con Amor,

©Paqui Sánchez

©Paqui Sánchez

miércoles, 31 de agosto de 2022

EMOCIONES E INTELIGENCIA EMOCIONAL

 Imagen de una joven caminando en un bosque por el tronco de un árbol

Emociones e Inteligencia Emocional

¿Qué son las emociones?

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que experimentamos como individuos ante determinados estímulos  externos o internos (un objeto, una persona, un lugar, un suceso, un recuerdo, un pensamiento o una vivencia). Se producen como respuesta a un proceso perceptivo al que le sigue una valoración. El resultado es una reacción neuropsicológica, comportamental o cognitiva. Es una reacción subjetiva con la que pueden aparecer cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato.

Aunque pudiera parecer lo mismo, existe una diferencia entre emoción y sentimiento. Las emociones son las reacciones neurofisiológicas desencadenadas por un estímulo interno o externo, como ya hemos explicado, y que cuenta con tan solo unos segundos de duración. Sin embargo, el sentimiento es la autopercepción de una determinada emoción, es la expresión subjetiva de las emociones. Mientras que las emociones se producen de manera inconsciente, los sentimientos son la forma consciente de las emociones, tienen un componente más racional y tienen mayor duración.

En los años 70, el psicólogo estadounidense Paul Ekman identificó seis emociones básicas o primarias que, según él, se experimentan de forma universal en todas las culturas humanas. Debido a ello concluyó que habrían de ser importantes para la construcción del psiquismo en los humanos. En su observación, asoció las emociones a distintas expresiones faciales que, bajo su punto de vista, son involuntarias, inconscientes y universales, apuntando así a un origen biológico de las mismas. Esta misma hipótesis del origen biológico de las emociones frente al origen cultural de las mismas apoyado por algunos antropólogos como es el caso de Margaret Mead, ya la sostenía Charles Darwin en el siglo XIX, Darwin fue asimismo el primer científico en apuntar el origen genético de las emociones estudiado en los animales.

Ekman concluye que todos experimentamos las mismas emociones, pero lo haceos de manera distinta. Remarca que la respuesta que cada uno dé a esa emoción y el cómo la viva, es lo que marca la diferencia de actitud entre las personas.

Rostros con las 6 distintas emociones catalogadas por Paul Ekman

Ekman estableció seis categorías básicas de emociones, la combinación de las mismas da lugar a varias categorías más. Para él las emociones son una activación del cuerpo a modo de preparación para luchar contra una situación amenazante o huir de ella.

•    MIEDO. Sensación de angustia ante la precepción de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad. Está asociado a la supervivencia y puede ser real o estar o inducido por la imaginación o la mente.

El miedo hace que se tienda hacia la protección.

•    SORPRESA. Sobresalto, asombro, desconcierto. Es una reacción causada por algo imprevisto, extraño, inesperado, desconocido o novedoso. Dura muy poco y sirve para orientarnos.

Aporta orientación hacia la nueva situación.

•    ASCO O AVERSIÓN. Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión. Genera una respuesta de rechazo y puede estar asociada a los sentidos, sobre todo del olfato y el gusto.

Produce rechazo hacia lo que tenemos delante.

•    IRA. Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad. Aparece ante situaciones aversivas o cuando hay frustración porque las cosas no salen como queremos.

Nos induce a la destrucción.

•    ALEGRÍA. Diversión, euforia, gratificación. Aporta una sensación de bienestar, de seguridad. Se da cuando se consigue o alcanza algo que la persona considera positivo.

Nos motiva a reproducir ese suceso que nos hace sentir bien.

•    TRISTEZA. Pena, soledad, pesimismo. Se produce un decaimiento del estado del ánimo de la persona ante una pérdida, una decepción, un desengaño o un fracaso.

Motiva hacia una reintegración personal, la búsqueda de soledad o por el contrario de compañía que consuele.

 

Corazón o cerebro. Cómo manejar la inteligencia emocional

          ¿Qué es la Inteligencia Emocional?

          La Inteligencia Emocional se podría definir como la capacidad que tiene el ser humano para controlar y gestionar positivamente sus emociones con el fin de vivir más plenamente, interactuando con el mundo de forma receptiva y adecuada.

Daniel Goleman la define como el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía y agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social.

Según he encontrado por la web, las características básicas y propias de la persona emocionalmente inteligente serían las siguientes:

•    Autoconocimiento.

•    Poseer suficiente grado de autoestima.

•    Ser positiva.

•    Saber dar y recibir en equilibrio.

•    Ser empática (comprender los sentimientos de los otros).

•    Reconocer los propios sentimientos sin huir de ellos.

•    Ser capaz de expresar tanto los sentimientos positivos como los negativos.

•    Ser capaz de gestionar los sentimientos de manera adecuada.

•    Sentir motivación, ilusión e interés.

•    Tener valores alternativos.

•    Saber superar las dificultades y las frustraciones.

•    Encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia.

•    Ser resiliente.

          La resiliencia es la capacidad que tiene una persona de adaptarse y responder de manera positiva ante la adversidad, un trauma, una tragedia, una amenaza, problemas familiares, de salud, financieros, etc.

          ¿Cómo podemos ser resilientes?

1.     Tratando de no ver las crisis o los acontecimientos negativos como problemas insuperables.

2.    No resistiéndonos a los cambios, sino más bien enfocarlos como parte de la vida y adaptarnos a ellos de la manera más sencilla y flexible posible. Se dice que no es más inteligente el que más sabe, sino el que menos tarda en adaptarse a los cambios.

3.     Centrándonos en lo positivo de todo cuanto nos acontece.

4.    Potenciando así la autoestima para disfrutar de una salud mental sana.

5.    Fomentando el auto conocimiento y el auto descubrimiento.

6.     No huyendo de las emociones y los sentimientos que éstas nos provoquen.

7.    Fijado ciertos objetivos positivos para nuestra vida y enfocarnos en ellos con decisión.

Inteligencia emocional. Tristeza o alegría

Después de la teoría, me he ayudado de diversos artículos que he encontrado en la web sobre emociones e Inteligencia Emocional para desarrollar la primera parte de este artículo, vamos a pasar ahora a la parte más práctica.

¿Qué tenemos que hacer para reconocer nuestras emociones y aprender a gestionarlas de manera óptima para facilitarnos el día a día en nuestra vida?

Cuando me documentaba para escribir este artículo, me he encontrado con algunos escritos donde tienden a dividir, separar o calificar las emociones en positivas y negativas, saludables y no saludables, agradables y desagradables... A mi entender, creo que ha llegado el momento de obviar este tipo de etiquetas. Como bien decía Shakespeare: “lo que sucede conviene”, es decir, todo lo que nos pasa lo hace por alguna razón, si queremos enfocarnos en lo negativo podemos hacerlo y seguir sufriendo. Sin embargo, considero que podemos transformar ese pensamiento en algo más positivo, todo lo que nos sucede nos enriquece. Nada es ni bueno ni malo si sabemos gestionarlo bien y quedarnos con la parte positiva que nos aporta y el aprendizaje que nos brinda cada experiencia.

Partiendo de esta base, ¿qué hacer cuando sentimos una emoción? La tendencia prístina del ser humano es huir de aquello que lo saca de su zona de confort desde donde cree tenerlo todo bajo control. Cuando algo nos hace sentir, nos pone en alerta y, o bien solemos “eludirlo” y hacer como si nada hubiera pasado, o bien echamos la culpa al otro para no hacernos responsables de nuestros propios sentimientos; así no tenemos que reconocerlos como nuestros y seguiremos responsabilizando a los demás de aquello que nos ocurre y nos vemos incapaces de asumir por nosotros mismos.

Con estas dos actitudes, nunca vamos a cultivar una salud mental “sana”, ni a ser emocionalmente inteligentes, ni a coger las riendas de nuestra propia vida y vivir esta experiencia humana con la que hemos sido obsequiados como humanos.

Querer huir para no sentir dolor o sufrir, para no enfrentarnos a nuestros miedos, para no tener el valor de mirarnos, observarnos y conocernos, para eludir tomar decisiones para nuestra vida, no es ninguna solución. Entonces, si decidimos hacernos cargo de nuestra propia vida y dejar de huir, ¿qué hacemos?, ¿cómo lo hacemos?

Mirándonos, observándonos, aceptando, perdonando y agradeciendo. Siendo honestos con nosotros mismos y con los demás.

Es perentorio poner la mirada en nosotros mismos sin más dilación. Observar qué sentimos en el momento que algo nos ocurre, sin juzgarlo, sin etiquetarlo, sin ningún tipo de perjuicio, aceptándolo. Observar qué o cómo nos hace sentir aquello que nos ha sucedido y rendirnos a vivir lo que sea que sintamos en ese momento, la alegría, la rabia, la sorpresa, la repulsión, el miedo, la tristeza. Vivir esa emoción sin querer maquillarla, desvirtuarla o camuflarla, siendo honestos con nosotros mismos para descubrir qué hay detrás de esa emoción, qué esconde ese miedo, esa tristeza, esa rabia, etc. y poder llegar así más allá de lo que nunca hemos querido llegar. En lugar de rechazar el sentimiento que esa emoción nos provoca, lo abrazamos y agradecemos, dándole la bienvenida por la enseñanza que va a mostrarnos y la luz que va a aportar a nuestra ignorancia. Nos daremos cuenta que eso que vamos a descubrir detrás del miedo, la rabia o la tristeza, está sustentado por nuestros pensamientos, esos pensamientos que creamos al haber vivido una experiencia similar, o por pensamientos heredados y sostenidos en nuestras creencias, cultura, patrones limitantes y repetitivos que nos tienen atrapados. Es por todo ello que debemos recordar en este momento que nuestros pensamientos no son lo que somos, no nos definen y que esa alquimia de la autotransformación se logra cuando dejamos ir esos pensamientos limitantes y obsoletos que nos dañan y nos atrevemos a abrir la mente a pensamientos nuevos que nos ayuden a transformarnos desde el corazón.

Por supuesto que muchos procesos de los que vamos a vivir van a traer dolor, pero es necesario aceptar y pasar por ese dolor para aprender a amarlo y, como buenos alquimistas que somos, abrazarlo y transformarlo en amor.

El miedo puedo abrazarte y jugar a tu favor

Es momento de abrazar aquello que sentimos aunque no nos guste, sobre todo si no nos gusta; de darle amor, de no esconderlo debajo de la alfombra para que desaparezca de nuestra vista y de nuestra vida y así podamos seguir engañándonos a nosotros mismos como si no existiera. Aquello de lo que huimos nos persigue y va con nosotros donde quiera que vayamos. Si seguimos huyendo, seguirán llegando a nuestra vida situaciones parecidas a las que intentamos evitar donde tengamos la sensación de “estar repitiendo la misma película o la misma escena”, quizá con otros personajes y situaciones, pero al fin y al cabo la misma experiencia. Y estas situaciones llegarán una y otra vez hasta que decidamos hacernos conscientes de que no hay culpables de lo que nos ocurre fuera, que la responsabilidad de vivir nuestra propia vida es nuestra y de nadie más y que el trabajo está en nosotros y es interno.

Repito de nuevo, mirarnos desde el respeto y la aceptación, observarnos con atención plena para saber qué está pasando con nosotros y aprender a conocernos. Aceptar aquello que sentimos, aunque no nos guste, sin necesidad de huir de ello, con honestidad, porque si no somos honestos, nos estamos engañando a nosotros mismos. Hacemos un pequeño inciso aquí para recordar que no es lo mismo aceptación que resignación. Aceptar te invita a cambiar, a moverte, a crear objetivos nuevos. Sin embargo, el resignarse implica no hacer nada para cambiar lo que nos está pasando. Mucho Perdón, muchos de nuestros procesos necesitarán grandes dosis de perdón por nuestra parte, perdón hacia los demás por haberlos visto como una amenaza en lugar de como maestros que venían a enseñarnos algunas lecciones que necesitábamos aprender, perdón por culparlos de las desgracias que nos pasan, en lugar de asumir la responsabilidad hacia nosotros mismos y nuestras propias vidas. Sobre todo, perdón hacia nosotros mismos, por castigarnos, por la culpa que nos hemos echado sobre las espaldas, por no habernos amado, ni aceptado, ni respetado en muchas ocasiones, por habernos herido, por el dolor desgarrador con el que hemos vivido algunas de nuestras experiencias, por aferrarnos al sufrimiento hasta el punto de no saber vivir sin él… Concluimos con el agradecimiento, cuando lo llevamos todo al filtro del agradecimiento, nos acercamos cada vez más al amor. Agradecimiento por cada experiencia que nos enseña a ser más humanos y a vivir la experiencia humana propia, no la de los demás, sino la nuestra.

Para terminar, quisiera recordar la famosa frase de Pitágoras: “Educad a los niños y no tendréis que castigar a los hombres”.

Estimo que podemos adaptarla perfectamente al tema que nos ocupa hoy. Si enseñamos a nuestros niños a vivir sus emociones sin disfrazarlas, sin esconderlas, sin querer camuflarlas o cambiarlas. Si educamos a nuestros hijos para que sepan poner nombre a lo que sienten y les enseñamos a gestionar aquello que sienten desde pequeños, con aceptación, con empatía, con entendimiento y afecto, haciéndoles entender que sientan lo que sientan está bien, que es perfecto y que tienen derecho a sentir dolor, frustración, enfado, tristeza y a expresarlo llorando o de cualquier otra manera que sea constructiva, del mismo modo que a sentir alegría, felicidad y euforia y expresarla riendo o de cualquier otra forma que sea constructiva; estaremos fomentando el desarrollo de la Inteligencia Emocional y creando adultos con una salud mental óptima que sabrán gestionar sus emociones de forma positiva y constructiva y por ende, a hacerse cargo de sus vidas teniendo el control de aquello que sienten sin necesidad de culpar a nadie por lo que les pase. Asumiendo la vida y asumiéndose así mismos.

Recordémonos que aunque en este momento muchos de los que estamos leyendo este artículo somos adultos, dentro de nosotros sigue habiendo un niño al que podemos reeducar de nuevo para ser adultos mentalmente sanos, conscientes y decididos a vivir esta experiencia humana implicándonos al 100% en ella.

Cuando no permitimos que las emociones sean y se expresen de la manera adecuada y las intentamos relegar al fondo de un pozo sin fondo para no sentir y evitar así el sufrimiento, lo que realmente estamos haciendo es crear un caldo de cultivo que tomará forma de monstruo dentro de nosotros emergiendo en el momento menos oportuno y de la manera menos adecuada y descontrolada cuando menos lo esperemos. Para que esto no ocurra, urge aprender a conectarse con las emociones, sentirlas sin rechazo, abrazarlas y vivirlas del modo en el que se presenten a la vez que hemos de seguir indagando en nosotros mismos para descubrir lo que hay detrás de cada estado de ánimo.

Gracias por acompañarme hasta aquí.

Gracias por las imágenes.

©Paqui Sánchez

Rostro de una joven mostrando sus emociones

©Paqui Sánchez

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domingo, 31 de julio de 2022

GRATITUD

 

Gratitud

Hoy me doy las gracias por todas las veces que me caí y conseguí volver a ponerme en pie.

Por esas veces que no sabía hacia dónde ir y simplemente comencé a caminar sin dirección, sin rumbo, solo poniendo un pie delante del otro, hacia donde el destino quisiera llevarme.

Me doy las gracias por todas las veces que me rendí, porque rendirme a la experiencia me llevó justo donde tenía que estar y me ayudó a integrar el aprendizaje.

Siento gratitud por todos los errores que cometí, porque ellos fueron los que me brindaron mayor instrucción.

Estoy profundamente agradecida a todos los miedos que me han ido visitando a lo largo de mi vida, por todas las veces que los senté junto a mi y nos dije: “¡Vaaamos!”

Agradezco por todos los obstáculos del camino, porque ellos me han hecho fuerte y han permitido que aflorara mi valentía y pudiera reconocerme en conciencia y valores.

Doy las gracias por todas las veces que hesité, la indecisión me ha hecho caminar por diversos senderos y todos ellos, sin ninguna duda, me han enriquecido.

Gracias por toda la ira y la rabia que he ido sintiendo en determinados momentos de mi vida porque me han enseñado a comprender mis procesos, a entender el porqué de mis enfadados y a respetar mi proceso evolutivo y el proceso evolutivo de los demás.

Gracias por todas esas partes de mí que he odiado, que he repudiado, que no he aceptado porque me han enseñado a reunir todos mis trozos rotos, a perdonarme y a amarme. Hoy, cada cicatriz desprende gratitud y amor.

Agradezco mis múltiples explosiones y mi carácter peleón porque me han enseñado a respirar y a reencontrarme conmigo misma a otro nivel. Ya no deseo ser lo que me gusta de los otros, ahora solo quiero ser yo y experimentarme en ese trocito de conciencia en el que me reconozco.

Gracias a los momentos de frustración, ellos me hicieron descubrir otros caminos, otras maneras, otros modos de auto transformación.

Me agradezco por la inconsciencia que a veces me abruma, porque me permite ver un atisbo de conciencia que me cuenta quién soy, quién eres tú y quienes somos cada uno de nosotros.

Siento gratitud por mi alto grado de exigencia y perfección, ellos me ayudan a pulirme y a tener siempre a punto mi mejor versión.

Gracias por ser capaz de ir a lo simple y lo sencillo y nutrirme de todas las cosas pequeñas que me rodean, porque son grandiosas.

Agradezco a la naturaleza por enseñarme a mirar y a ver, a oír y escuchar, a respirar, olfatear y oler, a degustar y saborear y a acariciar y sentir a través de la piel, desarrollando así y despertando todos mis sentidos. Gracias por ponerme en común unión con ella y aprender de su sencillez y sabiduría.

Doy las gracias por ser consciente de que en mí habita todo cuanto existe y que puedo transformarme en aquello que necesito en cada momento porque todo está dentro de mí y en mí.

También agradezco mis tiempos de espera, mis pausas, la necesidad de soledad, la de silencio, la de mirar hacia dentro para poder verme desde esos ojos que solo sienten, sin juicio, sin crítica, sin etiquetas.

Siento gratitud infinita por empujar los límites de mis pensamientos para ensancharlos. Por haber aprendido a no creerme todo lo que ellos piensan, a ir más allá de lo evidente y lo lógico, por crear pensamientos que me ayudan a encontrar soluciones, pensamientos transformadores.

Doy las gracias a mi rebeldía, ella ha hecho que no me crea todo lo que me cuentan y me ayuda a descubrir lo que hay más allá de las apariencias y “verdades”.

Gracias por hacerme consciente de que no soy lo que pienso, de que mis creencias son solo mías, al igual que mis pensamientos y solo sirven para mí, no pueden ayudar a nadie más y, a su vez,  no son nada si coartan mi propia libertad.

Gracias por hacerme consciente de que me puedo liberar de mis pensamientos y salir de la jaula en la que me encierran y limitan.

Gracias por descubrir el reglo del presente y ser esa conciencia expandida de la que todos formamos parte.

Gracias por ser capaz de ir de la individualidad a la unicidad a través del autoconocimiento.

Me doy las gracias por todo lo que me ha acontecido en la vida porque todas mis vivencias me han enseñado a ser amor, a ser gratitud y a estar viva.

Con Gratitud y Amor,


©
Paqui Sánchez

Esta fue la publicación que aporté este mes de julio para la revista digital de divulgación gratuita "Abrazos para tu Alma", en la que colaboro con una aportación mensual. Desde el momento en el que empecé a escribir, sentí que lo que estaba escribiendo era para el blog y que tenía que ser publicado aquí, sin embargo, no venía nada más para compartir allí y pensé que estaba bien así, que podía estar en ambos sitios.

Os entrego toda mi gratitud por acompañarme hasta aquí.


©Paqui Sánchez

domingo, 17 de julio de 2022

CUÉNTAME

 Una joven sentada en la rama de un árbol desde donde tiene una bella perspectiva del bosque. Meditación consciente


Cuéntame

-       Hoy vamos a jugar a un juego de preguntas y respuestas. ¿Te apetece?

-       Bueno, pero ¿van a ser preguntas muy difíciles?

-       No, ¡qué va! Súper sencillas, créeme. Lo único es que para empezar a jugar vas a tener que fijarte un poquito en alguien.

-       ¿Sí? Parece divertido. Y dime, ¿a quién voy a tener que mirar? ¿Se dará cuenta? ¿No será de mala educación quedarme mirando fijamente a alguien? ¿Y cómo voy a saber contestar a unas preguntas solo mirando a alguien?

-       ¡Oh! No te preocupes, será más fácil de lo que piensas y no, no será de mala educación que mires a esa persona a la que te voy a pedir que observes. Además, si te da vergüenza, no tienes ni que mirarla fijamente, puedes mirar así, como de lado, como si la cosa no fuera con ella.

-       ¿Seguro?

-       Claro, ya verás, te voy a explicar cómo. Puedes mirar de dos maneras diferentes, puedes buscar un espejo y ponerte delante de él, entonces haces un recorrido con la mirada, partes desde abajo y vas subiendo la mirada disimuladamente, moviendo un poco la cabeza, así, como quien no quiere la cosa. Y cuando tu mirada esté a la altura de la cabeza de la persona, levantas la vista y la posas unos segundos sobre ella. Y empiezas así un juego de miradas. Que si ahora miro, que si retiro la mirada, que si miro de nuevo…

Un corazón de bosque en lo más profundo de un bosque, somos ese amor que buscamos fuera.


-       ¿Y  cuál es la otra forma de mirar? Esta parece un poco… ¿invasiva?

-       No sabría qué decirte, aparentemente quizá sea más invasiva aunque tal vez también sea la menos intimidante.

-       Venga, pues cuéntamela, ¿a qué estás esperando? Que se nos va a pasar el tiempo y no vamos a poder jugar.

-       La otra forma de mirar es girar los ojos físicos hacia dentro.

-       ¿Quééé?

-       Pues eso, tus ojos pueden mirar hacia donde quieran, pero a la vez tienes que mirar dentro, con esos otros ojos que cuando ven, sienten.

-       ¿Y cómo voy a mirar a alguien así?

-       Emmm, bueno es que se me ha olvidado decirte que a quien tienes que mirar es a ti mismo.

-       ¿Mirarme a mí? ¿Me estás diciendo que el juego consiste en mirarme a mí mismo, bien delante de un espejo o mirando dentro de mí, ¡qué no llego a entender cómo se hace eso!… y contestarte a unas preguntas?

-       ¡Eso mismo! ¡Qué bien lo has captado!

-       ¿Y tú piensas que me voy a divertir haciendo eso?

-       ¡Mucho! ¡Ya verás!

-       ¿Y qué gano yo jugando contigo a este juego?

-       Todo, porque vas a aprender a conocerte a ti mismo. Así dejarás de estar perdido y de ir preguntando por ahí a todo el mundo qué has venido a hacer en esta vida o cuál es tu propósito de vida o para qué estás aquí. Dime, ¿te atreves a jugar?

-       No estoy muy seguro… Bueno, venga, vale ¿para qué estamos aquí, si no para jugar? ¿Quién dijo esa frase de “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo”?

-       Según creo recordar esa frase estaba inscrita en el famoso oráculo de Delfos y fue utilizada por muchos filósofos de la época tales como Sócrates o Platón…

¿Sabes? Me alegra mucho que, pese a tus dudas, hayas decidido jugar conmigo. Estoy seguro que este juego te va a aportar muchas cosas positivas. Vamos, cuéntame:

¿Qué te hace vibrar?

¿Qué hace que algo dentro de ti se conmueva y sientas?

¿Qué hace que se te olvide comer o que no te des cuenta que se  te han pasado las horas volando?

¿Qué es aquello que cuando lo estás haciendo, no eres capaz de prestar atención a nada más?

¿Qué hace que en tu cara se dibuje una sonrisa de la que no eres consciente?

¿Qué haces cuando estás disfrutando tanto que eres capaz de crear aquello que tu mente te decía que no conseguirías alcanzar nunca?


Porque cuando estás haciendo “eso”, estás conectado a la conciencia más excelsa, eres esa conciencia que se expande y se expande y se expande.

Gotitas de lluvia en un bosque que nos inducen a la calma, clave para el autoconocimiento.

-       ¿Has terminado ya?

-       Bueno, podría seguir haciéndote preguntas de este tipo. ¿Qué es lo que va mal?

-       No es divertido.

-       ¿Por qué? A mí me parece fascinante.

-       Porque, porque, porque… ¡no sé contestar a ninguna de esas estúpidas preguntas! ¡No, no es divertido!

-       No sabes responder a ninguna de las preguntas que te he hecho porque no te estás mirando, no te estás observando. Tu mente está pensando lo que tiene que contestar, pero ella tampoco te mira y como no te mira, no te ve y no te conoce. Solo tienes que mirarte a ti mismo con los ojos de sentir, verás cómo llegan las respuestas sin que intervenga tu mente. Recuerda, no eres tu mente, tu mente solo está llena de pensamientos limitantes que te dan individualidad, son pensamientos personales y esos no nos sirven para este juego. Tienes que conectar con aquello que llamamos conciencia expandida. Y puedes hacerlo porque tú eres esa conciencia expandida.

-       No sé cómo hacerlo.

-       Busca tu mirada en el espejo, mírate fijamente a los ojos, no permitas ningún pensamiento, no emitas ningún juicio ni sobre tu mirada, ni sobre tus ojos, ni si deberías o no deberías…, nada. Solo mírate. Ahora estás preparado para cerrar los ojos y sentir. Siente y transfórmate, tienes la capacidad de transformarte en aquella energía con la que conectas. Siente y conéctate con el agradecimiento, eres agradecimiento. Obsérvate y, cuando no estés pensando en nada, las respuestas llegarán a ti. Yo no tengo realmente que conocer esas respuestas, bastará con que las conozcas tú.

Para eso estás aquí, para hacer justo eso que, cuando lo estás haciendo, no existe nada más que tú y lo que haces. Esa conexión que parece que no sea de este mundo, esa creación que se convierte en lo más sublime antes de que la califiques y la limites. Eso eres, para eso estás aquí. Ya tienes tus respuestas, las únicas válidas, las que llegan a ti y a través de ti, las que son para ti y no sirven para nadie más que para ti mismo.

Uno de los errores más grandes que comete el ser humano, además de buscar fuera de sí mismo lo que solo puede encontrar dentro, es pensar que los demás, tiene el poder de saber más sobre él que él mismo. Pensar que los demás le van a dar respuestas que le ayuden a saber quién es o a solucionarle la vida o los “problemas” que cree tener. Humano, nadie puede hacer por ti lo que tú no hagas por ti mismo, nadie te puede ayudar, nadie puede solucionarte nada, nadie puede darte respuestas, nadie tiene una varita mágica que te dé respuestas. Y como “nadie” parece ser que es quien tiene la solución a todo, aprende de una vez por todas que tú eres ese “nadie” para ti mismo. Solo tú puedes brindarte aquello que necesitas a través de la observación y el autoconocimiento.

Querido compañero de juego, gracias por haber empujado tus límites mentales y tus miedos para jugar conmigo a este juego en el que al mirarte puedes conocerte a ti mismo y liberarte así de la jaula mental en la que vives, liberarte de dependencias emocionales, de pensamientos y sistemas de creencias limitantes y del hecho de que otra persona pueda ayudarte a descubrir quién eres o para qué estás aquí.

Dedícate un rato todos los días y verás como las respuestas llegan sin parar, aunque siempre habrá alguna que otra pregunta porque en este juego se aprende todo el tiempo. Si se deja de aprender, el jugo pierde toda su razón de ser y su sentido.

Ahora que te conoces un poquito más, que ya sabes qué es lo que te hace vibrar, lo que te conecta con esa conciencia expandida que eres,  ya puedes brillar por ti mismo, porque lo que hagas de ahora en adelante estará vivo y resplandecerá con la energía más sublime, la del amor que pones en todo lo que haces porque, sin darte cuenta, has conectado con la fuente del agradecimiento y todo lo que nace del agradecimiento lo hace de manera eximia.

Sé inmensamente feliz.

©Paqui Sánchez

Imágenes tomadas de la web, gracias a los autores por la generosidad de compartirlas.

Hola de helecho con gotitas de agua que nos dan paz