Eclipses Penumbrales y Solares de 2020
La Luna de Fresa o Luna de Miel
Los eclipses siempre son momentos de cambios profundos
que afectan tanto al campo magnético de la Tierra como al de sus habitantes.
Esta nueva etapa de eclipses llega justo en un momento de
agitación en el planeta Tierra. Sin embargo, es momento de abandonar esa idea
ancestral con connotaciones peyorativas que todavía nos ronda cuando hablamos
de eclipses. Es momento de dejar de sentir miedo de la oscuridad y de agradecer
a estos eclipses lunares que nos “obligan” a ponernos en contacto con nuestras
emociones y a ahondar en nuestras sombras o partes más oscuras de nuestra
personalidad. Solo quien aprende a conocerse a sí mismo, a acompañarse sin
juicio y a abrazar sus sombras será capaz de iluminarlas y de evolucionar en
todos los aspectos de su vida.
Después de la mayor llamarada solar registrada desde el
2017 y que tuvo lugar el pasado 29 de mayo según informó la NASA, hoy se
producirá uno de los fenómenos astronómicos que más llama la atención a los
humanos, un eclipse penumbral sobre esta luna llena del 5 de junio (el segundo de
este año, ya que el 10 de enero tuvo lugar el primero de ellos). Esta es la última
luna de la primavera y se la conoce como la Luna de Fresa en América y Luna de
Miel de la Hidromiel o Luna Caliente en la antigua Europa.
A
este eclipse lunar le seguirá uno solar anular el 21 de junio. Este tipo de
eclipse se da cuando la luna está en su apogeo (momento en el que su órbita
está más alejada de la Tierra), al estar más lejos de la tierra de lo habitual
no puede cubrir toda la cara del Sol y eso produce un añillo brillante de luz
que marca la silueta de la luna, esos haces de luz se convierten en anillos de
fuego.
El
5 de julio tendremos un nuevo eclipse penumbral.
Quedarán dos más para completar la fase de eclipses de
este 2020 que está siendo, cuanto menos, intenso. El 30 de noviembre se
producirá de nuevo un eclipse lunar penumbral y terminaremos el ciclo de
eclipses el 14 de diciembre con un eclipse total de sol, este último fenómeno
es el más esperado de todos los eventos astronómicos del año, será visible
sobre todo desde Sudamérica (principalmente en zona de la Patagonia Argentina y
Chile) y su duración será de 59 minutos y 10 segundos.
Para resumir y que quede mejor visualizado:
10 de enero de 2020: Eclipse Lunar Penumbral
5 de junio de 2020: Eclipse Lunar Penumbral
21 de junio de 2020: Eclipse Solar Anular
5 de julio de 2020: Eclipse Lunar Penumbral
30 de noviembre de 2020: Eclipse Lunar Penumbral
14 de diciembre: Eclipse Total de Sol
Como decíamos, los eclipses siguen siendo uno de los
fenómenos astronómicos más estudiados por los astrólogos de todos los tiempos y
una de las manifestaciones celestes que más han impresionado a la humanidad de
manera perniciosa y aún sigue haciéndolo en algunos círculos, aunque afortunadamente
ya empiezan a considerarse como “momentos
de crecimiento” más que como un “castigo divino”.
Si
analizamos etimológicamente la palabra "eclipse"
viene del latín "eclipsis", que a su vez proviene del griego
"écleipsis", y significa “desaparición”. Y esto es precisamente lo
que ocurre durante un eclipse, se produce una desaparición transitoria total o
parcial de un astro por interposición de otro cuerpo celeste ante los ojos de
quienes lo observan.
El eclipse
de hoy tendrá lugar a las 21:12 (hora española) y la luna se verá completa
desde la madrugada del 4 al 7 de junio.
Los eclipses
no son más que la oportunidad de ponernos en contacto con nosotros mismos. Esa falta
de “luz”, nos brinda la posibilidad de poder “ver” con mayor claridad nuestras
sobras para aprender a sentirnos cómodos con ellas y a la vez, aprender a
iluminarlas, a llenarlas con nuestra luz completando así nuestro propio
aprendizaje. Debemos recordar que todo empieza en nosotros, pues el trabajo es siempre
esencialmente con nosotros mismos. Estas “sombras” a las que podemos
enfrentarnos más fácilmente durante los eclipses, podrían causarnos una crisis
personal, ya sea física o emocional si no estamos preparados. Y estar
preparados es simplemente tener conocimiento de que es estos momentos estamos
mucho más sensibles y en lugar de exigirnos, debemos mimarnos mucho más y ser
pacientes con nosotros mismos, no nos está pasando nada malo, simplemente se
nos está obsequiando una oportunidad para conocernos mejor, acompañarnos,
comprendernos y amarnos.
Es un
buen momento para cuidar nuestra alimentación, beber más agua, hacer ejercicio
físico que nos ayude a drenar los excesos de energía, meditar, respirar
conscientemente de modo que nos resulte más sencillo reencontrar ese equilibrio
que podríamos perder con facilidad. Escuchar música, dirigir nuestra energía a
hacer algo creativo, a mimarnos dándonos por ejemplo un baño renovador con sales,
aceites esenciales y flores. Recordemos que en estos momentos nos volvemos más
viscerales, por tanto es importante relajarse, no perder la calma, no tomar
decisiones precipitadas y contar hasta 10.000 antes de dar una mala respuesta
de la que después, sin ninguna duda, nos lamentaremos. Así mismo, no es momento
de tomar decisiones trascendentales, más bien de estar calmados y atentos a
cómo nos sentimos y a nuestras propias reacciones, pues ellas van a ser la
clave que nos indique dónde debemos seguir trabajando con nosotros mismos. Allí
donde más nos duele, es donde debemos de poner más amor porque es justo donde
debemos sanar.

¿Cómo sanar?
Te voy
a ayudar un poco, ¿qué es lo que viene a tu mente en este momento o qué es lo
que sientes que creías que ya habías superado? ¿Una ruptura de amistad, de
pareja, laboral, algún aspecto de tu personalidad con el que no te sientes bien…? Pues si después de un tiempo creías que esto ya estaba
superado y vuelve a ti, es que no lo está. Esa situación necesita que la abraces,
que la llenes de amor, de comprensión y de cariño para ayudarla a sanar. Y mágicamente,
al sanar esa situación, sanará algo también dentro de ti y cuando lo haga, será
maravilloso. Tal vez lo más importante para sanar es trabajar con la aceptación
y el perdón. Perdonarnos principalmente a nosotros mismos por hacernos sentir
mal por aquello que pasó y que nos resistimos a superar y, aceptar que la vida
sigue y que aquello o aquellos que vamos dejando por el camino (o que nos dejan
a nosotros) es porque ya no tienen nada más que aportarnos y ha llegado el
momento de seguir caminando hacia una nueva dimensión. Nada se pierde, todo
evoluciona. Cuando una situación o una persona ha cumplido su misión contigo o
bien la tuya hacia ellos, solo nos queda agradecer por lo vivido y dejar
marchar. Dejar marchar es uno de los actos de amor mayores que existen, al
menos para mí. Probablemente sí, me dolerá que te vayas, me dolerá dejarte ir,
me costará aceptarlo, pero comprendo que cuando esto ocurre es porque lo que
teníamos que compartir ya está cumplido y que ahora hemos de evolucionar por
caminos separados. Yo te seguiré mandando mi afecto y agradeciendo cada uno de
nuestros encuentros y momentos compartidos y cuando acepte que así debe ser,
entonces dejará de doler. ¿Cuándo me daré cuenta de que algo está superado?
Cuando lo recuerde con cariño, desde el amor y se dibuje una sonrisa en mi
rosto al evocar a esa persona o situación. Me daré cuenta de que ya no duele y
si tampoco hay ni una pizca de resentimiento, pues ya está.
Volviendo
al eclipse y a la importancia de cuidarnos, no solo durante los eclipses, pero
sí especialmente durante ellos: ¿Recordáis aquella cita que estudiábamos en
latín “Mens sana in corpore sano” que pertenece a una de las sátiras del poeta
romano S.I Juvenal? Aunque el sentido original de aquella frase estaba más relacionado
con la necesidad de tener un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado y la
cita no está completa, la podemos adaptar perfectamente al sentido que le
daríamos hoy en día. Si somos capaces de controlar nuestra mente y mantenerla
sana, nuestro cuerpo también estará sano.
Los eclipses
pueden ser también utilizados sabiamente para cerrar o concluir ciclos y así
poder dar comienzo a nuevas etapas en nuestra vida. Aprovechemos los eclipses
para hacer limpiezas, para depurarnos, renovarnos, cambiar malos hábitos y
patrones que no nos son favorables. Sobre todo dejemos de ser tan autocríticos y
exigentes con nosotros mismos, amémonos más y centrémonos en las cosas buenas y
positivas de la vida. Seamos más agradecidos y generosos empezando por nosotros
mismos. Y por qué no, sí, también es momento de hacer limpiezas de hogar,
reorganizar cajones y armarios, porque cuando ponemos orden dentro de nuestra
casa, también lo hacemos en nosotros mismos.
Y si te
apetece hacer magia durante un eclipse, hazla. Haz aquello que sientas porque
al fin y al cabo vivimos de prejuicios heredados, muchas veces fundamentados en
miedos que ni tan siquiera hemos sentido en esta vida y hay que romper con esos
patrones, sobre todo con los patrones del miedo.
¿Por
qué Luna de Fresa o Luna de Miel?
Como ya
dijimos, no es que vayamos a ver esta noche la luna rosa ni pintada de rojo, el
nombre de Luna de Fresa a esta última luna de la primavera viene dado porque
así la bautizó la tribu Algonquin de nativos americanos, ya que este plenilunio
era el momento que marcaba el comienzo de la recogida de la cosecha de las
fresas en el noreste de Estados Unidos. Los nombres que otorgaban a cada uno de
los plenilunios están recogidos en el “Almanaque del Granjero de Maine”.
Sin
embargo en nuestra vieja y ancestral Europa también tenemos un nombre especial
para esta última luna de primavera, aquí se la conoce como Luna de Miel, Luna
del Hidromiel o Luna caliente.
La
hidromiel o agua miel es una bebida alcohólica que se obtiene de la
fermentación del una mezcla de agua y miel, a la que a veces se le agrega
frutas y especias. Se dice que fue la primera bebida alcohólica ingerida por
humanos y que es la precursora de la cerveza, siendo su uso fuertemente
difundido por los pueblos de la antigüedad.
En el
hemisferio sur por el contrario están en la última luna del otoño y esta sería
la Luna Fría.
¿Qué
ocurrirá durante el eclipse?
Pues
para contarlo brevemente diremos que produce una alineación entre la Luna, el
Sol y la Tierra. La Tierra se interpondrá entre la Luna y el Sol, bloqueando parcialmente
la luz solar que se refleja en la luna. Al interponerse un cuerpo opaco (la
Tierra) entre ambos cuerpos celestes, la luna quedará parcialmente en sombra.
©Paqui
Sánchez
©Paqui
Sánchez