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Somos puentes de Luz que unen la Tierra con el Cielo

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miércoles, 11 de mayo de 2011

MIEDO A LA LIBERTAD ~ BORJA VILASECA




MIEDO A LA LIBERTAD
Por BORJA VILASECA, 
El País.  10/04/2011


No se nos da bien convivir con la incertidumbre. Por eso tratamos de llevar una vida planificada y, en principio, carente de riesgo y segura. Es hora de entrenar los músculos de la confianza y el coraje.

Cuando vivimos influenciados por el modelo de pensamiento actual, la mayoría de seres humanos solemos compartir una misma aspiración: tener el control absoluto sobre nuestra existencia. En general, queremos que las  cosas sean como deseamos y esperamos. Y al pretender que la realidad se adapte constantemente a nuestras necesidades y expectativas, solemos inquietarnos y frustrarnos cada vez que surgen imprevistos, contratiempos y adversidades.

De ahí que nos guste crear y preservar nuestra propia rutina, intentando, en la medida de lo posible, no salirnos del guión preestablecido. Estudiamos una carrera universitaria que nos garantice "salidas profesionales". Trabajamos para una empresa que nos haga un "contrato indefinido". Nos esposamos a una persona a través del "matrimonio". Solicitamos una "hipoteca" al banco para comprar y tener un piso en "propiedad". Y más tarde, un "plan de pensiones" para no tener que preocuparnos cuando llegue el día de nuestra "jubilación". En definitiva, solemos seguir al pie de la letra todo lo que nos dice el sistema que hagamos para llevar una vida normal. Es decir, completamente planificada y, en principio, carente de riesgo y segura.

Así, con cada decisión que tomamos anhelamos tener la certeza de que se trata de la elección correcta, previniéndonos de cometer fallos y errores.

Sin embargo, este tipo de comportamiento pone de manifiesto que, en general, nos sentimos profundamente indefensos e inseguros. Y esto, a su vez, revela que no sabemos convivir con la incertidumbre que es inherente a nuestra existencia. Paradójicamente, si bien tratar de tener el control nos genera tensión, soltarlo nos produce todavía más ansiedad. De ahí que muchos estemos atrapados en esta disyuntiva que llega a ser desagradable.


 
LA SEGURIDAD ES UNA ILUSIÓN

"El cielo es azul, el mar es salado y la vida es incierta" (Amado Nervo)

Cuanto más inseguros nos sentimos por dentro, más tiempo, dinero y energía invertimos en asegurar nuestras circunstancias externas, incluyendo, en primer lugar, nuestra propia supervivencia física. No en vano, la mayoría de nosotros siente un profundo temor a la muerte. Nos incomoda tanto saber que tarde o temprano vamos a morir que se ha convertido en un tema tabú para la sociedad. Aunque cada día fallezcan decenas de miles de personas en todo el mundo, simplemente negamos la posibilidad de que nos toque el turno, tanto a nosotros como a alguno de nuestros seres más cercanos y queridos.

Es interesante señalar que en muchas ocasiones experimentamos miedo sin ser amenazados por ningún peligro real e inminente. A esta actitud se la denomina "pre-ocupación". Eso sí, para justificar y mantener nuestro temor solemos inventarnos dichos escenarios conflictivos por medio de nuestro constante pesimismo. De esta manera, la inseguridad se ha convertido en uno de los cimientos psicológicos sobre los que hemos construido la sociedad contemporánea. De ahí que la "seguridad nacional" sea uno de los conceptos más utilizados por los dirigentes políticos. Estamos siendo testigos de cómo en el nombre de la seguridad se están recortando y reduciendo nuestros derechos y libertades. Y por más rimbombantes que sean las explicaciones oficiales, la ecuación es bien simple: cuanta más seguridad, más esclavitud.

El quid de la cuestión es que dado que la seguridad externa es una ilusión psicológica, nos estamos aferrando a un estilo de vida esclavizante a cambio de una falsa sensación de estabilidad y protección. No en vano, "llevar una vida segura" es un oxímoron. Es decir, una contradicción en sí misma. Principalmente porque es imposible saber lo que nos va a ocurrir mañana, y mucho menos tener garantías absolutas de que nuestro "plan existencial" va a desarrollarse tal y como lo hemos diseñado.



MIEDO A LA LIBERTAD

"Solo vencen el miedo aquellos que se atreven a escuchar a su corazón" (Martin Luther King)

Por más que nos resistamos a verlo, comprenderlo y aceptarlo, la búsqueda de seguridad externa es, en esencia, una batalla de antemano perdida. Es como si pretendiéramos vivir eternamente, creando una infinita reserva de oxígeno dejando de respirar. Por medio de esta conducta tan irracional lo único que conseguiríamos sería asfixiarnos. Lo mismo nos ocurre cuando nos esforzamos en encerrar el misterio de la vida -cuyo devenir es absolutamente imprevisible e inseguro- dentro de una caja de certezas.

Lo cierto es que la palabra "seguridad" tiene como raíz etimológica el vocablo latino securitas, que significa "sin temor ni preocupación". Es decir, que la verdadera seguridad no está relacionada con nuestras circunstancias externas, las cuales están regidas por leyes naturales que nos son imposibles de gobernar y controlar. Se trata, más bien, de un estado emocional interno que nos permite vivir sin miedo, liberándonos de la obsesión por pensar en potenciales amenazas y peligros futuros.

En el fondo, todas las decisiones personales, familiares y profesionales que tomamos para gozar de mayor seguridad revelan una verdad muy incómoda: muchos de nosotros no somos (ni queremos ser) responsables ni dueños de nuestra vida. Esencialmente porque tenemos muchísimo miedo a la libertad, pues esta implica abrazar la incertidumbre y la inseguridad inherentes a la existencia.

Para trascender la inseguridad y el miedo es importante que redefinamos conscientemente cuáles son nuestros "valores". Es decir, "la brújula interior que nos permite tomar decisiones alineadas con nuestra verdadera esencia". Lo cierto es que cuando vivimos sin saber quiénes somos, qué es lo que valoramos y hacia dónde nos dirigimos, solemos funcionar con el piloto automático puesto, siguiendo los dictados de nuestro instinto de supervivencia emocional. Esta es la razón por la que muchos de nosotros tenemos la sensación de vagar por la vida como boyas a la deriva. Y es precisamente esta desorientación la que nos conecta, nuevamente, con nuestros temores, carencias e inseguridades.

En cambio, en la medida que nos conocemos a nosotros mismos y decidimos libre y voluntariamente qué nos importa en la vida, tarde o temprano encontramos el sentido que le queremos dar a nuestra existencia. Además, cuanto más sólidos son nuestros valores, más fácil nos es tomar decisiones que nos permitan dirigirnos en la dirección que hemos escogido. Gracias a esta seguridad interna, nos convertimos en nuestro propio faro. En este punto del camino cabe preguntarse: ¿qué decisiones y acciones hemos tomado últimamente que demuestran que confiamos en nosotros mismos y en la vida? Si nos atrevemos a seguir nuestra intuición, ¿qué es lo peor que puede pasarnos? Y en caso de que sucediera eso que tanto tememos, ¿qué podríamos aprender?

Con cada decisión que tomamos vamos entrenando los músculos de la confianza y la valentía. Así es como el miedo va desapareciendo de nuestro organismo. Y al confiar en nosotros mismos, finalmente comprendemos que la vida no suele darnos lo que queremos, pero siempre lo que necesitamos para aprender. Para verificar esta afirmación basta con echar un vistazo a nuestra historia personal. Si de verdad hemos entrenado el músculo de la responsabilidad, corroboramos que las experiencias que han formado parte de nuestro pasado han sido las que hemos necesitado para crecer y evolucionar. Es decir, para convertirnos en el ser humano que somos en el momento presente.

 
TENER FE EN LA VIDA

"La confianza surge de forma natural cuando descubres el propósito de tu vida"
(Joan Antoni Melé)
 
La confianza también nos permite, finalmente, abrazar la inseguridad inherente a la existencia, cultivando así una relación de amistad con la vida. Más que nada porque la única certeza que tenemos es que la incertidumbre sólo desaparece con nuestra muerte. Y que hasta que ese día llegue estamos condenados a tomar decisiones. Dado que no podemos prever lo que va a sucedernos mañana, el reto consiste en girar 180 grados nuestro foco de atención, aprendiendo a confiar en nuestra capacidad de dar respuesta a las diferentes situaciones que vayan surgiendo por el camino.

Como consecuencia directa de esta confianza vital, empezamos a "tener fe en la vida". Y esta no tiene nada que ver con ninguna creencia religiosa. Se trata más bien de "intuir que en el futuro va a seguir sucediéndonos exactamente lo que necesitamos para seguir evolucionando y madurando como seres humanos". De esta manera, comenzamos a ver e interpretar nuestras circunstancias de una forma más optimista, constructiva y eficiente. E incluso a salir de nuestra zona de comodidad, arriesgándonos a tomar decisiones y acciones que nos permitan seguir nuestro propio sendero. Así, gracias a la confianza podemos ser libres. Y la libertad nos brinda la oportunidad de ser auténticos, siendo fieles a nuestra intuición. Además, si no confiamos en nosotros mismos, ¿quién va a hacerlo? Si no tenemos fe en la vida, ¿quién sale perdiendo?

 

LA RAÍZ DEL MIEDO
En una ocasión se le pidió a un filósofo muy respetado que explicara cuál era el mayor obstáculo que un ser humano tenía que superar para vencer sus miedos: "El mayor obstáculo siempre es uno mismo". El filósofo aseguró que un perro se lo había enseñado: "Paseando por la orilla de un río vi a un perro que se moría de sed. El animal apenas se atrevía a acercarse al agua, pues cada vez que lo hacía confundía su propio reflejo con el de otro animal. Tenía tanto miedo a ser atacado que no paraba de ladrar y permanecía a metros de la orilla. Sin embargo, tal era su sed que finalmente se lanzó al agua. Y el otro perro, que era su obstáculo, desapareció. Y así fue como, al enfrentarse a su supuesto enemigo, aquel perro se venció a sí mismo."

Publicado en El País, 10/04/2011 




© Fran S 

CÓMO MEDITAR



ALGUNAS NOCIONES BÁSICAS PARA MEDITAR

Realmente las meditaciones no deberían estar pautadas o guiadas, aunque existen infinidad de tipos diferentes de meditaciones guiadas a distintos elementos de la naturaleza, a los chakras, los colores, los campos áuricos... Este tipo de meditaciones están bien para hacer cuando lo deseemos, pero para el día a día, lo que tenemos que aprender es que "meditar" es estar con uno mismo, en equilibrio, con paz interior y en el silencio interno. Que se puede meditar a cualquier hora y en cualquier lugar, haciendo cualquier cosa, puesto que meditar no es más que tomar conciencia de uno mismo.

Pero para todos aquellos que siempre os habéis preguntado cómo se medita o qué hace la gente para meditar, aquí os pongo unas pautas a seguir, utilizad vuestro sentido común para tomar aquello que os resulte útil y desechad lo que no os convenga, puesto que lo único necesario para hacer una meditación eres tú, tu voluntad de querer hacerlo y que te concentres en tu respiración.

Pasos a seguir para conseguir una buena meditación:

1. El mejor momento para meditar es por la mañana al levantarse (cuanto más temprano mejor), el estado mental es el más idóneo, es el momento de máxima quietud y de mínimo desgaste de energía.

2. Establece una rutina, si conviertes la meditación en un hábito, será tu propio cuerpo quien necesitará de ella para estar bien, del mismo modo que limpias tu cuerpo cuando te duchas, tu alma necesitará limpiarse a través de esta “ducha” interior.

Procura que sea en el mismo lugar y la misma hora, pues te ayudará a crear un hábito. Esto es importante porque la energía que generamos impregnará el lugar donde estemos y éste acabará convirtiéndose en un templo, en un lugar sagrado que elevará su energía vibracional.

3. Intenta hacerlo durante 21 días seguidos, es el tiempo que necesita el ser humano para integrar y generar un hábito.

4. Tiempo. 20 minutos, los mejores 20 minutos del día. Es el mejor regalo que te puedes hacer.

5. Ponte en una posición cómoda. Sentado en una silla donde puedas apoyar el sacro para alinear la columna y que los pies estén tocando el suelo y la parte superior de tu cabeza esté mirando el cielo. Puedes poner las manos sobre los muslos, puedes hacer algún mudra [1] con las manos si lo deseas. O bien, sentado en la postura de la flor de loto en el suelo si te resulta confortable. Lo más importante es que la columna esté alineada y te sientas cómodo.

6.  Orientación hacia la salida del sol, hacia oriente. Mirada y frente dirigidas hacia oriente. La energía entra por el este a través del sol.

7.  Puedes utilizar un Mantra [2] o una frase semilla. El más común es el mantra “OM”, además con él podrás bajar las ondas mentales para reequilibrar el prana, la energía. También puedes escuchar música suave, poner incienso y encender una vela. Todo esto no es necesario porque lo que tienes que hacer realmente es concentrarte en tu respiración para encontrar el SILENCIO, y el silencio te dará el olor, el color, el sonido, el amor y la luz que necesitas.

8.  Constancia y atención son el secreto del éxito en la meditación. Día a día, paso a paso, gota a gota irás encontrado segundos de silencio donde habrás conectado con el alma. Cuando lleves un año haciéndola todos los días tendrás un pequeño lago de momentos de silencio, de verdadero despertar, de ser consciente…

9.  Relajar el cuerpo. Para poder olvidarse del cuerpo, primero hay que acordarse de él, para ello dirige tu atención consciente hacia el cuerpo y escúchalo. Después genera una corriente ascendente de gratitud y lo recorres de abajo hacia arriba agradeciendo a cada parte, los pies, las piernas, las rodilla, pantorrillas… Al mismo tiempo podemos ordenarle que se relaje. Concluye el ejercicio relajando el entrecejo y dibujando una sonrisa interior, una sonrisa que resida en el hogar y la calidez de tu corazón y se refleje en tu rostro.

10.  Conéctate con el Ritmo. Concéntrate en la respiración, estate atento al ritmo y a la pausa. Vivir es respirar, la respiración lo es todo. Cuando pierdes el control y estás fuera de ti mismo, es porque has dejado de respirar. Dirige la conciencia a la respiración y obsérvala, cuando el observador (el alma) está en su centro, está en el silencio.

Observa, inspiración-pausa inspiratoria, espiración-pausa espiratoria. No te olvides de la pausa, en la pausa está la vida. Al observar la respiración, ésta se hace más profunda, más rítmica y más pausada, más lenta.

Pensamiento semilla: “Mi respiración es profunda, lenta, pausada y rítmica.”

11.  Dirige la conciencia al entrecejo y visualiza una llamita, un sol, un punto de luz. En este punto del entrecejo se alinea la triple personalidad. Se fusionan el cuerpo físico, con el campo mental y emocional. Se sincronizan, entonces se vuelve transparente porque es armónico y coherente y se convierte en un cristal, en un diamante de color azul índigo, que es el color del cielo de la media noche, del sol, la radiación del alma, la luz del alma.

Si te resulta difícil visualizar la luz, puedes encender una vela y mirar fijamente la llama, si llega un momento en el que tus ojos de cierran, déjalos así. Si te vuelves a desconcentrar en algún momento, los abres de nuevo y vuelves a mirar la llama fijamente.


Cuando comenzamos a meditar, puede parecer que en lugar de aclararse las cosas y mejorar, todo se nubla y aparecen las tinieblas, eso ocurre porque empezamos a remover las basuras, los lastres, las miserias y todo eso que acumulamos en los fondos de nuestro interior sale a la superficie. Sólo debes tener la paciencia, la constancia y la perseverancia necesarias para conseguir un ritmo y con ello, la luz de tu alma disipará las tinieblas, la oscuridad, las sombras y empezaras a obtener los resultados positivos de tu esfuerzo.

La luz siempre vence a la oscuridad, de eso no te quepa la menor duda.

Hay muchos tipos de meditación, ninguna es mejor que otra por lo que se puede seguir cualquiera de ellas, lo importante es no anquilosarse en nada, abrir la mente y variar. Si practicas alguna en concreto y te gusta, sigue utilizándola pero no pretendas convencer a nadie de que es la mejor. Somos diferentes, es por ello que lo que a una persona le puede funcionar muy bien a otra no le guste, por tanto nada es mejor o peor, simplemente es distinto. Fíate de tu instinto porque el instinto y el sentido común te ayudarán a ser coherente.



 Mudras


[1] Los mudras son movimientos de energía que se realizan con las manos y los dedos uniéndolos entre sí para abrir o cerrar círculos de energía. Se utilizan para armonizarse durante las meditaciones y/o relajaciones. Hay diferentes tipos de Mudras, los más básicos son:

- Armonía: juntamos los dedos índice y pulgar de ambas manos y el resto los dejamos estirados con las palmas hacia arriba.

- Sabiduría: se une el pulgar con el dedo medio y el resto se dejan estirados, el círculo de energía te conecta con la sabiduría universal.

- Energía y Vitalidad: uniendo las yemas de los dedos pulgar y anular dejando el resto de los dedos extendidos, ayuda a revitalizarte cuando estás cansado.

- El Vacío: Se colocan los dedos de la mano derecha sobre los de la mano izquierda y se curvan juntando los pulgares de ambas manos, es como si formaras un círculo con tus manos que colocarás a la altura de la cicatriz umbilical. Facilita el vacío de la mente para poder conectar con el espíritu, tu Yo Superior.

- Y el del Amor: unes las palmas de las manos y las pones sobre el corazón como si estuvieras haciendo una oración, se utiliza para conectar con la fuerza del amor que se encuentra en el centro de nuestros corazones. Las manos tienen que estar relajadas, sin forzar los dedos a la hora de realizar los Mudras, se utilizan ambas manos. Estos son los más sencillos hay muchos más.

[2] El Mantra es una vibración sonora que sirve para liberar la mente. Se pueden decir en voz alta o internamente de modo rítmico y repetitivo. Se pueden utilizar para concentrar nuestra atención en algo, pues ayuda a limpiar y purificar tanto la mente como el entorno. Se pueden cantar en cualquier momento o a cualquier hora del día, el efecto será inmediato. Uno de los más utilizados y poderosos es el mantra “Om” que ayuda a aquietar la mente bajando la emisión de ondas mentales y dejando aflorar un estado de paz y felicidad infinita. Se dice que es la vibración original de donde proviene toda la creación.

Muy conocido también es el de Hare Krisna: “HARE KRISNA HARE KRISNA KRISNA KRISNA HARE HARE HARE RAMA HARE RAMA RAMA RAMA HARE HARE”.

Puedes utilizar cualquier palabra o frase semilla que quieras, lo importante es concentrarte y esa concentración hará que tu mente se olvide de todo lo demás y tus pensamientos se hagan más claros.

Espero no haberme olvidado de ningún paso importante, pero si es así podéis dejarnos comentarios contándonos cómo lo hacéis vosotros para que todos podamos aprender.

*****
Este artículo lo escribí hace un tiempo y cuando comencé con la página en Facebook lo publiqué como una nota. Pero hoy he sentido que tiene que tener mayor difusión y creo que directamente en la página central del blog le hago más honor, dándole la importancia que se merece pues creo que meditar es uno de los pasos más básicos para el inicio del cambio, y algo de lo que no puedes prescindir una vez que te has acostumbrado a ello.

A veces pienso que éstas cosas ya las sabe todo el mundo y no son muy útiles, pero creo que me equivoco, que hay mucha gente empezando a cambiar sus vidas y que siempre viene bien (aunque ya sepamos mucho) un recordatorio de las cosas más básicas. Simplemente traemos de nuevo a la memoria aquello que ya sabemos :)

Namasté



© Fran S

martes, 10 de mayo de 2011

LOS TRES VIEJITOS...



LOS TRES VIEJITOS…

Una mujer salió de su casa y vio a tres viejos de largas barbas sentados frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo:

- No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para
que coman algo.

Ellos preguntaron:

- ¿Está el hombre de la casa?

- No – respondió ella –, no está.

- Entonces no podemos entrar – dijeron ellos.

Al atardecer, cuando el marido llegó, ella le contó lo sucedido.

- ¡Entonces diles que ya llegué e invítalos a pasar!

La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa.

- No podemos entrar a una casa los tres juntos – explicaron los viejitos.

- ¿Por qué? – quiso saber ella.

Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó:

- Su nombre es Riqueza. Luego indicó hacia el otro: Su nombre es Éxito y yo me llamo Amor. Ahora ve adentro y decidan con tu marido a cuál de nosotros tres ustedes desean invitar a vuestra casa.

La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron.

El hombre se puso feliz:

- ¡Qué bueno! Y ya que así es el asunto, entonces invitemos a Riqueza, dejemos
que entre y llene nuestra casa de riqueza –. Su esposa no estuvo de acuerdo:

- Querido, ¿por qué no invitamos a Éxito?

La hija del matrimonio estaba escuchando desde la otra esquina de la casa y
vino corriendo con una idea:

- ¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar entonces estaría lleno de amor.

- Hagamos caso del consejo de nuestra hija – dijo el esposo a su mujer.

- Ve afuera e invita a Amor a que sea nuestro huésped. La esposa salió afuera y
les preguntó a los tres viejos:

- ¿Cuál de ustedes es Amor? Por favor que venga para que sea nuestro invitado.

Amor se puso de pie y comenzó a caminar hacia la casa. Los otros dos también
se levantaron y lo siguieron.

Sorprendida, la dama les preguntó a Riqueza y Éxito:

- Yo sólo invité a Amor, ¿por qué ustedes también vienen?

Los viejos respondieron juntos:

- Si hubieras invitado a Riqueza o Éxito, los otros dos habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a Amor, donde sea que él vaya, nosotros vamos con él.

Donde quiera que hay amor, hay también riqueza y éxito.

Desconozco el autor

 
© Fran S