Me enseñaron a pintar las estaciones con los colores de la
alegría.
Me enseñaron a mirar con los ojos del corazón para
contemplar la belleza en todo cuanto me rodea.
Me enseñaron que la ciudad no es ningún límite,
que en cualquier momento puedo cerrar los ojos, respirar profundo, suave y
pausado y convertirme en bosque porque todo está en mi interior, no hay
separación.
Me enseñaron a disfrutar de cada momento, a
maravillarme ante todo y a ser agradecida.
Me contaron historias hiladas en prosas y versos.
Tejidas con hilos de colores y rociadas de polvo de hada. Llenas de abrazos,
sonrisas y besos.
Me mostraron de dónde viene la magia y aún estoy
ahí, extasiada, contemplándola, tocándola, acariciándola. Jugando con ella,
volviendo a ser lo que ya fui, lo que soy, lo que seré.
Envuelta en colores, abrazada por la magia, tejida
entre las raíces del roble, acunada entre sus ramas...
Necesito
respirarte intensamente,
sanarme entre tus verdes hojas,
limpiarme con tu agua, enraizarme en tu suelo.
Necesito
mirarme en tus ojos,
abrazarme entre tus árboles,
enredarme en tus raíces.
Necesito
inhalarte con profundidad
y sentir tu savia recorriendo mis venas.
Que
tus briznas de hierba acaricien mis pies
y se cuelen entre mis dedos.
Sintiendo, latiendo, siendo.
Soy
bosque cuando pienso en ti.
Y te siento suave, fresco, libre…
Hoy
necesito deslizar mis manos por la rugosidad de tus troncos
y sentir tu energía vibrar entre mis dedos hasta alcanzar mi corazón.
Y tocarlo como sólo tú sabes hacerlo.
Con delicadeza, con amor y con respeto.
Necesito
tu olor a pino, abetos, cedros, alcornoques, robles y hayas.
Necesito pasear entre tus arbustos y deleitarme en algunas de tus piedras.
Quizá tomar asiento en alguna de ellas
y entrar en ese silencio donde se escuchan las respuestas.
Esas que llegan del alma y te indican el camino.
Hoy me
paseo en ti y me asombro de tu magnificencia.
Hoy me pierdo dentro de tu inmensidad
y me quedo ahí,
callada, quieta, en silencio.
Un pequeño homenaje para expresar mi inmenso Amor por la Madre
Tierra.
Reconociendo a la Madre Tierra en Mí
Cuando eres capaz de sentirte en la tierra, de sentir a la
Madre Tierra dentro de ti, en tu interior, se produce una transformación que te
conecta con una parte sagrada de la creación.
Entonces sientes el latido de la Tierra palpitando en tu
interior, sientes su alegría y también su dolor.
Conectas con su grandeza, con su belleza sin igual, con su
magnificencia, con la naturaleza y con todos los seres que la habitan.
Eres capaz de sentir el bosque recorriendo tus
venas, de reconocer la sabiduría y el conocimiento encerrado en las piedras y
los minerales, de darte cuenta del poder sanador de las plantas, de sentir a
los abuelitos árboles llenos de luz sosteniendo este Planeta Azul…
El corazón de la PachaMama toca su canto indígena
que hace latir la parte más salvaje que hay en ti y se eleva hacia las alturas entonando
un canto a la libertad, la que no tiene apegos, la que cree, confía y decide
depender de sí misma y de nadie más.
Y te sientes grande porque algo dentro de ti te
dice que estás aquí para despertar tus dones y talentos y crear en armonía y
conexión con la Madre Sagrada.
Con el máximo respeto, con la máxima gratitud
por cada regalo que nos hace, por ese cúmulo de pequeñas cosas que se
convierten en el Sendero de tu Vida.
Responsabilicémonos, conectémonos a la
consciencia más elevada y cuidemos de este hermoso Planeta que nos ha sido
regalado para honrarlo y disfrutarlo cada día.
Respiremos conscientemente y sintamos los
almizcleños aromas de ese bosque sanador extendiéndose en el aire, recorriéndonos
por dentro. Escuchemos el canto sanador de sus aguas en su plácido discurrir.
Sintamos el sutil murmullo de las hojas de los árboles al ser mecidas sus ramas
por la ligera brisa. Y en el silencio llegará a nosotros el hermoso canto de
nuestros hermanos pájaros, esos que nos enseñan a mirar tomando distancia para aprender
a solucionar nuestros “problemas”. Escuchemos el crujir de las hojas que
alfombran la tierra en otoño, el frío de la tierra que duerme en invierno, el
colorido despertar a la nueva vida en primavera y la luz y el esplendor del
verano que hace madurar la fruta.
Escuchemos a ese bosque dentro de nosotros
mismos, hagamos esa conexión sagrada y enraicémonos para que puedan plantarse
nuestras semillas en terreno fértil y sean, lo que han de ser.
Esta es la imagen que subí esta mañana a Instagram para hacer mi pequeña contribución y homenaje a la Madre Tierra.
Las imágenes han sido encontradas y tomadas de internet. Agradezco su gran aporte a las personas que las han compartido. Si alguien reconoce alguna que sea suya, que no dude en decírmelo para documentarla. Muchas gracias.