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jueves, 22 de octubre de 2015

CONTROLAR LA IRA ANTES DE QUE TE CONTROLE A TI



Controlar la Ira Antes de que te Controle a Ti

Todos sabemos lo que es la ira, pues todos la hemos sentido en mayor o menor grado. La ira es una emoción humana, completamente normal, pero totalmente insana, especialmente cuando es muy intensa.  Si no se le pone freno aumenta su velocidad, se vuelve destructiva, y acarrea problemas (problemas de salud, problemas en nuestras  relaciones, y en nuestra visión de nosotros mismos).  Controlar la ira no es nada fácil cuando ya hemos explotado, en ese momento estamos atrapados en ella y lo único que podemos esperar es que pierda fuerza y se pase…  Tenemos que actuar antes,  justo antes de que la presión interna aumente.

 Pensemos en una olla a presión… Cuando se calienta y la presión interna aumenta, si  no tiene una válvula de escape puede reventar.  Tenemos que quitarla del fuego y esperar a que se enfríe antes de poder abrirla.  

Nosotros funcionamos igual, si algo nos enciende y no hay válvula de escape, o explotamos o nos retiramos del “fuego” hasta enfriarnos.  En ambos casos la presión interna, es decir, la ira, ha continuado dentro.  Y eso nos daña.

¿Qué podemos hacemos con la ira?
  • expresarla
  • re-direccionarla
  • calmarla
Expresarla: normalmente expresamos la ira con agresividad, y lo positivo sería expresarla asertivamente, es decir comunicándonos con el otro, diciendo qué es lo que pensamos y defendiendo nuestra posición pero sin agredirlo.  Se trata de respetarse a uno mismo pero también al otro.  Esto requiere consciencia y autoconocimiento.

Re-direccionarla: se trata de dirigir su poderosa energía en otra dirección constructiva, por ejemplo mover el cuerpo (saltar, correr, hacer ejercicio), o cantar a pleno pulmón.  Al enfocarnos en otra actividad, especialmente si implica movimiento, dejamos de darle fuerza a la ira.

Calmarla antes de que se dispare: Volviendo al ejemplo de antes, sería como abrir la válvula de la olla antes de que haya presión dentro de ella. 

Esto se consigue expulsando el aire, sacando la presión.  Los detalles los encontrarás en la descripción del ejercicio de respiración.

Importante: no se trata de suprimirla u ocultarla, pues eso significaría guardarla dentro. Ocultarla puede traer efectos secundarios como presión arterial alta, depresión y otros problemas de salud.  En cualquier caso lo que nos interesa es controlar la ira antes de que crezca, es decir, antes de que nos atrape.  Para ello prueba el siguiente ejercicio de respiración. Es muy efectivo.

Ejercicio de respiración para Controlar la Ira.

El concepto fundamental de este ejercicio es “quitar presión”.  

Normalmente el consejo que escuchamos es “respira profundo”, pero respirar profundamente no ayuda.  Hacer una inspiración que llene nuestros pulmones hace que la presión interna aumente.  Imagina a una persona a punto de explotar llenando sus pulmones…

La inhalación aumenta la energía, instintivamente es lo primero que hacemos antes de un esfuerzo, y la exhalación relaja, prepara para el descanso.  

Cuando lo que queremos es controlar la ira, lo que necesitamos es exhalar fuertemente, soltar toda la presión, no aumentarla.

El principio es muy simple: suelta el aire en cuanto sientas que la ira te sobreviene, y hazlo con fuerza vaciando bien tus pulmones.

1.    Tú sabes cuándo comienza a aumentar la presión dentro de ti, sabes cómo comienza el arranque de ira.  En ese preciso momento haz una fuerte y larga expulsión de aire.  Vacía completamente tus pulmones.

2.   No inspires hasta que tu propio cuerpo lo haga.  Es decir, no se trata de hacer una exhalación y después “hacer” una inhalación, sino de hacer voluntariamente la exhalación y después dejar que espontáneamente el cuerpo inhale, cuando lo necesite.

3.   Después de que se haga la inhalación, haz otra exhalación fuerte que vacíe tus pulmones.  Vuelve a esperar a que tu cuerpo inhale espontáneamente.

4.   Repite el proceso algunas veces más exhalando fuertemente y vaciando tus pulmones, hasta que compruebes que la presión ha disminuido y te sientes más tranquilo.

5.   Con esa nueva sensación de calma, recuerda que “las cosas son del color del cristal con que se mira”.  Cuando estamos tranquilos las cosas se ven diferentes.





Hoy he visto este post y me ha parecido interesante, por eso he decidido compartirlo con todos vosotros y vosotras.

Sin embargo yo creo que no se trata tanto de “controlar”, sino más bien de “acompañar” tanto la emoción de la ira como el resto de emociones que, como humanos, sentimos. Como bien dice en el artículo, no es bueno reprimirla y dejarla dentro porque nos podemos enfermar, hay que encontrar un modo de expresarla pero sin ser destructivos ni hacia las cosas, ni hacia otras persona ni hacia nosotros mismos (eso sería cuando transformamos la ira en culpa, hay un prototipo de persona, aquella que debe trabajar con elevar su autoestima, que suele hacerlo).

Las emociones son todas necesarias, lo importante, como ya he dicho en otras ocasiones, es mantenerlas en equilibrio y aprender a acompañarnos sin culpas, sin juicios, sin críticas, mostrando un gran amor y respeto por nosotros mismos. Hemos de tratarnos con cariño y darnos permiso para reír, para llorar, para estar tristes, rabiosos, radiantes de felicidad, emocionados, entusiasmados, llenos de pasión…

La ira está también mostrándonos un exceso de fuego en la persona cuando aparece, es por ello que optar por un baño relajante o una ducha, también sería una buena opción ya que el agua ayuda a calmar las emociones. Cada persona debe aprender a conocerse a sí misma y averiguar qué va bien para ella. Se puede elegir entre ejercicios de respiración y relajación (yoga, tai chi o chi kung, cualquier técnica oriental), realizar alguna actividad o ejercicio físico, una ducha o un baño… Pero también es muy importante conocer realmente qué es lo que nos causa esta ira, si es una persona, una situación… y trabajar con ello hasta conseguir liberarlo. Aclarar las cosas siempre viene bien.

Paqui Sánchez

 ©Ahava Iesu

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