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Somos Puentes de Luz que unen la Tierra con el Cielo

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domingo, 6 de enero de 2013

MI REGALO DE REYES... ¿CUÁNTO VALE TU TIEMPO?





Hoy, de un modo u otro, todos nos hemos convertido de nuevo en niños. 

O hemos entregado o recibido algún regalo, quizá ambas cosas… y si no han sido regalos físicos, lo han podido ser de cualquier otro tipo, una caricia, un abrazo, un apretón de manos, una mirada cálida, una sonrisa cómplice, de esas que dicen sin hablar: “estoy contigo”,  alguien que nos dedica amablemente un poco de su tiempo. O cualquier persona conocida o no, que nos ha regalado algún gesto amable cuando íbamos por la calle… 

¡Hay tantas cosas que recibimos continuamente a las que no prestamos atención y damos tan poca importancia!

Y sin embargo, suelen ser las más significativas, las que aparentemente no nos dan nada, pero que llenan nuestra alma.

Hoy me he encontrado de nuevo con esta historia que me ha vuelto a conmover, seguro que ya la habéis leído, de hecho recuerdo haberla compartido con anterioridad, probablemente esté en la sección de “Cuentos con Magia”. Te hace plantearte muchas cosas, la verdad. La historia dice así:

“Con voz tímida y unos ojos llenos de expectativas, el pequeño recibió a su padre cuando regresaba del trabajo y le preguntó:

– Papá, ¿Cuánto ganas por una hora de trabajo?

El Padre con gesto extraño le respondió:

– Hijo esas cosas no se las digo ni a tu madre, así que no me molestes que vengo muy cansado del trabajo.

Pero el niño insistió:

– Pero papá, por favor dime, cuánto ganas por hora.

Para terminar con el asunto el padre respondió:

– Gano aproximadamente cinco dólares por hora.

Sin inmutarse, el niño mirándole fijamente a los ojos le preguntó:

– Papá, ¿Podrías prestarme dos dólares?

El hombre desconcertado por la situación le dijo con brusquedad:

– ¿Por eso querías saber cuánto gano por hora, no?
Vete inmediatamente a la cama, hace rato que deberías estar durmiendo en lugar de estar aquí molestándome.

Al cabo de unos minutos el padre reflexionó sobre lo que había ocurrido, se sentía mal y como faltaban pocos días para Navidad, pensó que quizás su hijo quería el dinero para comprar algún regalo… así que fue hasta el cuarto del pequeño y con una voz muy suave le preguntó:

– ¿Duermes hijo?

– No papá respondió el pequeño.

– Escucha hijo, aquí tienes los dos dólares que me pediste.

– ¡Gracias papá! – dijo el niño y acto seguido metió sus manitas debajo de la almohada y sacó tres dólares más.

Entonces le dijo:

– ¡Papá ahora sí que estoy contento, por fin tengo los cinco dólares que quería!

– ¿Para qué quieres esos cinco dólares? – preguntó el hombre.

– El niño extendió los billetes hacia su padre y le preguntó entusiasmado:

– Papá ¿Podrás ahora dedicarme una hora de tu tiempo?”

Nuestros niños no necesitan tantos regalos, nos necesitan más a nosotros. Decimos que los niños siempre están pidiendo, pero yo me pregunto, ¿no seremos nosotros los que les acostumbramos a pedir, a darles, a comprarles y a que tengan y tengan incluso lo que no necesitan? Tal vez porque nosotros no tuvimos tanto y no queremos que les falte nada, o quizá otros porque sí tuvieron y quieren seguir dando porque es lo que saben hacer…

Pero ¿cuántos de nosotros en lugar de a "tener" les enseñamos a "ser"? ¿Cuántos de nosotros les dedicamos tiempo de calidad si no disponemos de cantidad? ¿Cuántos de nosotros somos conscientes realmente de lo que nuestros niños necesitan para poder dárselo?

Los niños necesitan algo más que regalos o que suplamos sus necesidades económicas y físicas… Necesitan sentir abrazos, cariño, que les prestemos atención, que les dediquemos un poquito de tiempo en el que sólo existan ellos y no estemos haciendo nada más que acompañarlos por unos minutos, riendo con ellos, disfrutando con ellos, jugando con ellos y sintonizando con nuestro propio niño interior. Ellos son unos verdaderos maestros para nosotros, son el bálsamo que nuestra alma necesita para sanar y recuperar el equilibrio, la felicidad perdida en ese mundo de adultos tan austero, tan competitivo, tan de apariencias...

Los niños son la alegría, la ingenuidad, la ilusión, la imaginación, la inocencia, para ellos todo es posible y no hay nada que papá o mamá no puedan lograr o conseguir… Todo lo que muchos de nosotros hemos perdido al hacernos “adultos” y creer que “siendo grandes” debíamos olvidarnos de seguir jugando con la vida, sin darnos cuenta de que la vida no es más que un juego y de lo que se trata precisamente es de no dejar de jugar jamás.

Los niños necesitan más aceptación y menos riñas, más reconocimiento y menos resentimiento, necesitan que les potenciemos aquello en lo que son buenos y que les apoyemos en aquello que lo son menos… si no lo hacemos así, volveremos a crear seres llenos de inseguridades y con falta de autoestima y confianza en sí mismos y yo creo que ya está bien de eso. Pues ya hay bastantes generaciones intentando lidiar con todo esto cuando lo único que necesitaban y no supieron enseñarles, es a aceptarse y amarse a sí mismos.

Comprometámonos a hacerlo de manera distinta con nuestros niños. Enseñémosles lo que somos a través de nuestras acciones, ellos necesitan modelos de vida, modelos masculinos y femeninos para poder desarrollarse de modo adecuado y equilibrado, para que esas dos energías de lo masculino y lo femenino estén presentes en cada uno de ellos al 50%.

Nada ni nadie puede aportar a tus hijos lo que tú puedes darles, si no dispones de mucho tiempo dedícales lo poco que tengas, pero haz que esos minutos que puedas estar con ellos sean de calidad, que sientan que son lo más importante para ti… nada de lo demás que les des será como unos minutos contigo aunque parezca que sí. Las horas de televisión, los juegos, el tiempo que pasan con videojuegos o actividades extraescolares, por muy emocionantes que sean y mucho que les gusten no podrán nunca brindarles el amor que reciben de ti, de un gesto tuyo de aprobación, de una de tus sonrisas que les infunde valor como personas y les hace sentir importantes y amados por ser ellos mismos.

De cara a este nuevo año y como una pequeña aportación a este Día de Reyes, quería dejaros estas reflexiones para los que tenéis hijos, sobrinos y/o nietos, que supongo seréis la gran mayoría.

¿Quién sabe?, quizá esta podría ser la principal de las grandes propuestas que nos hagamos para este Mágico Año que acaba de empezar, hacer sentir a nuestros niños lo importantes que son para nosotros, centrarnos en enfatizar sus virtudes y dones, todo lo positivo que hay en ellos, corregir con amor aquello que sabemos pueden mejorar… y encontrar unos minutos de calidad cada día para poder dedicárselos.

¡Crecen tan deprisa!, que si no lo hacemos ya, podríamos quedarnos sin niños antes de darnos cuenta y después… ya será demasiado tarde… se nos habrán ido de las manos y no sabemos si deberemos pagar a psicólogos o psiquiatras para que intenten arreglar lo que podríamos haber hecho nosotros con un poquito de amor verdadero e incondicional cada día. Y si al menos damos con buenos profesionales, de esos que intentan ayudar de verdad sin dar un pronóstico relámpago y una medicación inmediata, ¡no todo estará perdido!

¡Qué vuestro regalo más importante sea poder amar y cuidar siempre de los pequeños que haya en vuestro hogar! No olvidéis que nunca dejamos de ser niños y que debemos recordar con mucha frecuencia a ese niño interior que todos llevamos dentro y sacarlo a jugar, si hay niños en casa, eso será muy fácil de conseguir si dejamos a un lado la seriedad, las responsabilidades, y todos esos prejuicios que tenemos y nos dejamos fluir con ellos.

Los niños saben, sin lugar a dudas, cuándo son amados y aceptados.

¡Ojalá y los adultos lo tuviéramos tan claro como ellos! Nos ahorraríamos un montón de problemas e inseguridades y estaríamos más sanos. Porque no hay nada como sentirse amado y aceptado para ser FELIZ.

¡FELIZ DÍA DE REYES!


©Ahava Iesu

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